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EDICIÓN | Julio 2016

Al calor de un oficio

Curaumilla

En la punta de Laguna Verde y casi sobre el mar, existe un lugar prácticamente virgen, a tan solo quince kilómetros de Valparaíso, y se llama Centro de Arte Curaumilla. Desde una posición estratégica, rodeado de litres, molles, quillayes y apoyado por la energía del Pacífico, este laboratorio artístico impulsa el vínculo entre el ser humano y la naturaleza, para que allí, justo al borde del acantilado, el hombre se haga uno con su oficio.

Foto y texto Constanza Fernández C. conifernandez@gmail.com

Aunque acceder es difícil, esa soleada mañana de otoño, después de pasar la localidad de Laguna Verde, entrar en un solitario bosque cubierto de barro y manejar por una resbalosa ruta, atenta a los kilómetros escritos entre los árboles, llegué al siete y medio, mi destino en dirección al Faro, comprobando que el esfuerzo valía la pena.

Andrés Honorato, uno de los fundadores del lugar, sale a recibirme. “Bienvenida a este laboratorio de intercambio artístico, un sitio sólo para exploradores”, sonríe, mientras la libertad de sus desordenados cabellos invita a relajarme. Aunque el día es gris, la inmensidad del océano cautiva; es que en menos de media hora —partiendo de Valparaíso— había quedado aislada del mundo: sin electricidad, pavimento ni agua. De pronto todo se había vuelto natural y la tarea de la iluminación básica la cumplía el sol —apoyado por un generador—, la del agua potable el mar —previa desalinización— y el viento complementaba el aporte energético hacia la autosustentabilidad.

“Existimos hace una década, después de que la Pelu, Marilú Rosenthal, mi mujer, regresara de una residencia artística de seis años en el Anderson Ranch Arts Center, un prestigioso centro norteamericano”. Allí, entre las montañas de El Colorado, ella fue más allá de la cerámica,su oficio, para aprender un modelo  de gestión basado en el desarrollo integral del ser humano, algo que replicó en Chile con el Centro de Arte Curaumilla (CAC). Innovadora propuesta que incluye workshop, programas de residencia, mesas de trabajo, campamentos o safaris creativos de verano y las Quemas de Leña.

QUEMANDO LA LEÑA COMO ANTES

Ayer se encendió el horno y ceramistas de distintas partes de la Región de Valparaíso le entregaron sus piezas. Durante tres días y dos noches se encargarán, por turnos, de cargarlo con leña para llegar a 1.300ºC. El Noborigama, según una clasificación japonesa, es un horno que cuenta con dos cámaras de quemado de un metro cúbico cada una y es único en Chile porque acá, la cerámica gres, se suele trabajar en hornos eléctricos, entonces se pierde la magia del oficio y el trabajo en equipo.

“¡Quemar juntos es emocionante!”, dice María José, viñamarina que viene por segunda vez para volver a sentir el fuego, le gusta esperar y ver cómo el material pasa de ser una pasta blanda a una pasta que se solidifica y termina siendo un objeto de arte para toda la vida. Realmente lo que aquí ocurre es un rescate del quehacer comunitario en todas sus dimensiones porque así como el sol, el mar y el aire se unen para que el lugar funcione; los artistas trabajan juntos por un taller.

“Estamos en presencia de la magia y la sorpresa de la creación”, dice Andrea Lallana, profesora y directora de la Escuela de Ceramistas de Reñaca, “porque aunque todos trabajamos con el mismo material cada uno desarrolla un lenguaje y, hasta ahí, podemos decir que tenemos el control, pero cuando nos enfrentamos al horno hay que soltar la obra y dejar que el fuego termine el proceso”.

El calor es intenso y genera cenizas que vuelan adentro del horno y se van depositando sobre las piezas, de distintas formas y en diferentes proporciones hasta que la ceniza se quema, funde y transforma en un esmalte. “La sorpresa llega cuando se abre el horno y descubres el regalo del fuego, esa sí que es una fiesta”, dice Andrea con una amplia sonrisa, “es que si yo no amo lo que hago difícilmente podré lograr que los estudiantes se encanten”.

Muchos de los que están aquí usan hornos eléctricos y recién descubren la alquimia de la transformación de los materiales, algo bien primario que los conecta con la incertidumbre de los viejos tiempos. “Fluir con lo que tenemos”, dice la Pelu, con la vista fija en el horno; “estas jornadas nos hacen flexibles para que aprendamos a tomar decisiones en el camino, a cambiar de ruta si es necesario; porque de eso se trata también un poco la vida”.

MAESTROS Y DISCÍPULOS

El CAC es un espacio de alto estándar a nivel mundial en la creación e investigación en cerámica, en la línea de formación utilitaria y escultórica, donde se pueden realizar, de forma cómoda y segura, cada una de las etapas del proceso creativo. Norteamericanos, japoneses, coreanos y brasileños han visitado el taller junto con estudiantes del Museo de Arte Contemporáneo de Valdivia, de la Fundación Altiplano de Arica y del teatro el Lago de Frutillar, gracias a las importantes redes que se han gestionado en Chile y el mundo. Son quinientos metros cuadrados donde ocurren encuentros multiculturales que se expanden desde la cerámica hacia otros oficios, porque en estos años de trabajo la Pelu, su gestora, se dio cuenta de que los materiales ponen al artista en una relación constante con el entorno; para el ceramista es la arcilla que lo vincula con la tierra y el origen haciendo del arte un vehículo para la exploración y el desarrollo humano.

“Madera, cobre, acero y vidrio, queremos incluirlos a todos”, dice Andrés cuando le pregunto cómo se imagina el lugar a futuro, “quisiera que fuera para la comunidad y ampliarnos a otras técnicas, para comunicarnos con el alma del ser humano desde la música, la filosofía, la literatura, la pintura, a través de conversatorios y mesas de encuentros donde rescatemos la sabiduría de grandes maestros chilenos que estén en sus últimos años para traspasarla, en vida, a las nuevas generaciones”. Lo escucho e imagino a esos viejos maestros indios de barba blanca que bajo la sombra de robustos árboles compartían sus enseñanzas con cientos de discípulos, allí en plena naturaleza y pienso que aquí, en Curaumilla, la fuerza de la roca y la pureza del aire son ideales para que el sueño de Andrés se manifieste y ocurra un importante rescate oral del patrimonio.

“Porque uno es UNO en todas sus dimensiones: la creativa, la trabajadora, en la casa, con los amigos, entonces cuando trabajas en o con algo de ti eso afecta todas tus partes, incluso al entorno y, así como el calor del fuego va moldeando la pieza de arte, todas las partes de uno afloran en el proceso creativo para formar un tipo de persona”, reflexiona la Pelu, sentada en una amplia terraza de concreto, justo al borde de la quebrada. “Queríamos estar cerca del horizonte”, agrega Andrés, “para que esa línea que ves al frente nos invite a ser exploradores de nosotros mismos a través del arte, porque finalmente todos somos libres de quedarnos a este lado o traspasar el borde”.

www.centrodeartecuraumilla.cl

 

"Estas jornadas nos hacen flexibles para que aprendamos a tomar decisiones en el camino, a cambiar de ruta si es necesario; porque de eso se trata también un poco la vida”, dice Marilú Rosenthal.

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