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EDICIÓN | Julio 2016

La casa propia no es un sueño

La Rotunda
La casa propia no es un sueño

Desde Casablanca fabrican reputados quesos y venden la producción de sus viñas desde hace un cuarto de siglo. Pero lo que hace realmente distinta a La Rotunda es el trato con sus trabajadores: si alguien quiere una vivienda, ellos se ponen. ¿Qué resulta de esa transacción? La camiseta de la empresa es como un tatuaje.

Por Bernardo Devia fotografía Teresa Lamas G.

Fernando Viollier Velasco (82) se sintió desilusionado. Corría 1970 y en Casablanca tenía una comunidad con su madre y hermanos. Cuando fue dividida, le correspondió un terreno urbano. La idea, cuenta, era lotear y vender. Reunió a la gente que laboraba con él, también a los trabajadores del resto de su familia, y les regaló un sitio de 10.800 metros para que construyeran sus propias casas. La idea no prosperó. “Nunca se pusieron de acuerdo. Al final unos pocos tomaron el mando e hicieron una división entre los que en ese momento se interesaron. Legalmente nunca he sabido cómo se las arreglaron. Pero ahí me quedó una sensación de frustración”. Hoy, Fernando es el presidente de la Sociedad Agrícola La Rotunda Ltda., en el valle famoso por sus vinos. Y aunque tienen viñedos, su producto estrella son los quesos. Le acompañan su hijo y su nieto como gerentes, herederos además de su nombre, plana directiva a la que se suma Pablo Riesco Viollier.

Los quesos son reputados en la zona central —se venden en el Área Metropolitana y las regiones de Valparaíso y O’Higgins—, pero tan llamativo como la calidad del producto es el hecho que La Rotunda proporciona facilidades a sus operarios para concretar la adquisición de una casa propia. Esa espina del fundador de hace cuarenta y seis años, hoy se ha convertido en una villa.

“No hay nadie que lleve más de dos años trabajando con nosotros que no tenga, por los menos, asignado un sitio y esté postulando al subsidio”, explica Fernando Viollier (59) hijo. “Ese terreno se los aporta el fundo. Luego les hacemos un aporte en dinero como para la primera parte del ahorro, y el resto es del trabajador”.

Fernando padre detalla que el primer grupo organizado incluyó a quince funcionarios a mediados de los ochenta. Redactó un contrato en el que se comprometían a ahorrar veinticinco unidades de fomento y el resto corría por cuenta de la firma. “Fui al SERVIU, les presenté el proyecto, postularon al subsidio, se lo ganaron. Vino el SERVIU a inaugurar la cuestión, mucha alharaca, y de ahí salieron esas primeras quince casas. Después fuimos haciendo grupitos a medida que iba entrando gente a la empresa. Hemos seguido con ese sistema”.

¿Cuántas viviendas tienen?
Fernando hijo: Aquí hay cincuenta y una, en Santiago seis en un campo, y otras seis que hicimos en otro terreno.

¿Qué le decían sus pares empresarios ante esta iniciativa?
Fernando padre: Uno siguió las aguas, ninguno más. Lo que si me dolió fue que mandé esto, la copia del contrato con una carta mía de lo que estábamos haciendo, a la Sociedad Nacional de Agricultura. Yo pensaba que podía haber muchos miembros que estaban en condiciones de regalar un terreno.

¿Y qué respondieron?
Nulo, nada. No hubo respuesta, desgraciadamente.

¿Cuál es el beneficio que más resalta de aplicar esta medida?
Fernando padre: Mire, yo creo que la mayoría tiene la camiseta debajo del cuero. Ese es el beneficio.

Ganan en compromiso entonces.
Son parte de la empresa. No solo son trabajadores.3

AUNQUE TIEMBLE

Otro detalle en La Rotunda, así lo destacan en su página web, tiene que ver con la paga. Subrayan contar con “sueldos justos y oportunos”, junto con aseverar que la “remuneración (...) se sitúa muy por encima del nivel nacional para posiciones laborales similares”. El motivo de esa política radica en la calidad de trabajadores a la que acceden. “En el fondo queremos optar a la mejor gente que, tal como dice mi papá, tenga la camiseta debajo de la piel. Esta es una compañía que funciona con el tema de la lechería siete días a la semana y los 365 días del año”, explica Fernando hijo. “Día y noche”, puntualiza el nieto, con un sistema de turnos porque las vacas, cuya vida productiva es de medio lustro, son ordeñadas tres veces al día. El sistema les permitió, por ejemplo, operar antes de la hora tras el 27F.

“El terremoto fue a las tres y cuarto de la mañana, y nosotros a las cuatro estábamos ordeñando. Los trabajadores llegaron y vamos andando. Saben lo que nos estamos jugando todos”, cuenta el tercero de los Fernandos, de treinta y siete años.

¿Estaban alterados los animales?
Fernando nieto: Estaban asustadísimos, pero después se les quitó. Fernando hijo: Ese compromiso lo logras con estos beneficios, el tema de la casa, un sueldo que no sé si es a nivel de Chile, pero al menos a nivel local mejor, con un buen trato y mayor respeto. Y el día que hay que trabajar, hay que trabajar no más. No digo que eso no implique pagar las horas extras y ese tipo de cosas, pero nadie discute si hay que venir.

¿Qué les comentan en el gremio ante esta política de pagar más?
Fernando hijo: No sé, yo creo que tal vez nos usan un poco de medida. La gente entre sus pares puede decir ‘bueno, yo soy ordeñador de La Rotunda y gano diez, yo quiero que usted me pague los mismos diez’. Quizás así les sirve para presionar a otros campos que tengan una remuneración similar.

AHÍ ESTÁ EL QUESO

Originalmente, La Rotunda era una lechería. El padre del abuelo Viollier compró el campo en 1946 y seis años después su hijo tomó el mando. Derivaron a los quesos porque “había que buscarle una alternativa a lo que estábamos haciendo, tratar de dar un paso más dentro de la escala de valor de tu materia prima”, sintetiza Fernando hijo. Su padre interviene para lanzar una máxima: “Los empresarios nos caracterizamos por hacer cosas, no por ganar plata. No es tan importante”.

¿Cómo se asesoran?
Fernando hijo: Hay un experto de todo el tema vitivinícola, y en la lechería tenemos un asesor de ascendencia mexicana y estadounidense que cada dos meses viaja desde Estados Unidos a ver el tema de la comida de las vacas.

¿Por qué un especialista desde tan lejos?
Fernando hijo: Porque hay que tratar de buscar la innovación. O sea, aquí en Chile hay, así importantes, tres personas que se dedican a este tema.

¿Y estaban ocupados?
Fernando hijo: Ya los conocíamos a los tres. Fernando hijo: No digo que no sean ni malos ni buenos, pero a este hombre lo conocimos, venía con un criterio distinto, nos pareció interesante y ese criterio hoy se está aplicando en otras lecherías por estos mismos tres personajes que no lo ocupaban. Fernando padre: La tecnología avanza y hay más gente estudiando en el mundo que en Chile.

¿Estamos atrasados como país en esta área?
Fernando padre: No andan arriba de la ola, sino que en la ola.

MÁQUINA VERSUS HOMBRE

En La Rotunda trabajan noventa y una personas. En periodos de cosecha se suman otras cuarenta y cinco. La mecanización y factores laborales han disminuido drásticamente el número de temporeros. Según Viollier hijo, “hubo un par de gobiernos que se dedicaron a ensuciar esa pega, como que era lo último de la escala. Yo creo que los temporeros llegaron a ser peor que los basureros, nadie quería ese trabajo. Y esa gente se quedó en su casa cesante. Eso nos obligó a reconvertir en cosecha mecánica”.

¿Y la opción de contratar trabajadores extranjeros?
Fernando hijo: Sí, pero hoy día ya lo reconvertimos. En Casablanca se cosechaba ciento por ciento a mano y hoy se debe cosechar un veinte por ciento y el resto es pura máquina. Fernando nieto: Una máquina cosecha cinco veces más de lo que cosecha un grupo de treinta personas en un día. Fernando padre: Y es más económico. Fernando hijo: Y no reclaman. No se sindicalizan... Fernando nieto: A lo sumo, la máquina queda en pana. Fernando hijo: El problema no es el sindicalista, sino la Inspección del trabajo, cada uno llega con una idea distinta. Y como son amos y señores, entonces te sacan multas por si tienes el baño cerca o lejos. Al final es un desagrado.

¿Hay sindicato en La Rotunda?
Fernando hijo: Aquí no.

¿Cómo definirían la calidad de sus quesos?
Fernando hijo: Diría que la principal característica de nuestros quesos es que son suaves. Y eso le gusta a la gente. Cada vez que hemos tratado de ir a sabores más fuertes, el público que nos consume nos empieza a reclamar. El resto es preocuparse de que esté hecho con buena leche, un proceso bien hecho y limpio.

 

"Los empresarios nos caracterizamos por hacer cosas, no por ganar plata. No es tan importante”.

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