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Entrevistas

EDICIÓN | Julio 2016

Mentes brillantes

Agustín Squella abogado
Mentes brillantes

Hay personas y personajes. Agustín Squella es más lo segundo que lo primero. Dueño de un agudo intelecto, sus opiniones punzantes y visión crítica de las cosas se manifiestan no solo en los libros que ha publicado. También en editoriales, mesas de conversación y programas televisivos, en los que desmenuza la contingencia e invita a mirar más allá de lo evidente, “sin caer en la histeria, la paranoia y el cinismo que dominan buena parte de nuestros debates públicos”.

Por Macarena Ríos R. / fotografía Teresa Lamas G.

Era inevitable juntarnos en uno de sus lugares sagrados, a los que ha dicho que va para escuchar sus voces internas. No tiene caballos, tampoco cábalas, pero no se pierde las carreras en el Valparaíso Sporting Club cada miércoles. “Me gusta el espectáculo de las carreras, de cada carrera, ese tropel de caballos y las chaquetillas de colores de los jinetes abalanzándose sobre la meta para excitación de los apostadores”.

¿Y apuesta con conocimiento de causa o es más por corazonada?
Una mezcla de ambas.

No esquiva ningún tema y para todos tiene opiniones tan categóricas como certeras. “Voy a cumplir cincuenta años dando clases en la universidad y he ido desarrollando un cansancio y un fastidio sobre la rutina en la que se ha transformado el movimiento estudiantil: toma, paro, protestas, marchas. Muchas veces los paros universitarios y las tomas terminan con petitorios internos tan banales como rebajas de exigencias curriculares, asistencia libre, eliminación de materia para los exámenes, es decir, formación de bajas calorías”, ha dicho desde diversos frentes.

Como profesor universitario, ¿cuáles son las grandes fortalezas y debilidades de las nuevas generaciones?
Como fortalezas, destaco su espíritu abierto, libre, tolerante, y el rechazo a tutores que se consideren guías infalibles. En cuanto a las debilidades, la pobreza del lenguaje oral y escrito. En un poco tiempo más, los únicos sustantivos utilizados serán “weón” y “weá”.

Sus intervenciones en el auditorio de la Universidad de Valparaíso tienen un gran poder de convocatoria, ¿a qué lo atribuye?
Nunca tanto.

¿Qué significa la docencia para usted?
Dando clases he tenido algunas de las alegrías más intensas de mi vida, y no porque las haga bien, sino porque permiten una comunicación espontánea y reflexiva que me acomoda mucho.

¿Qué pasa con los estudiantes que llegan tarde a sus clases?
Prefiero mil veces eso a que no lleguen. Lo que me cuesta entender es a aquellos estudiantes que ni siquiera se molestan en ir a clases y que creen que no tiene ninguna importancia para su proceso de formación.

¿Los alumnos que dejaron huella?
Muchos, y pocas cosas me resultan más reconfortantes que cuando alguno de ellos se detiene en la calle o en algún café para decirme una palabra acerca de lo que recuerda cuando trabajamos juntos. Valparaíso ha sido llamada Ciudad Universitaria,

¿Cómo frenar la fuga de talentos?
La ciudad de Valparaíso, con cuatro universidades tradicionales, forma profesionales que lo primero en que piensan, luego de obtener sus títulos, es buscar trabajo en Santiago o en otras regiones del país. ¿Pero qué van a hacer si el trabajo, siempre un bien escaso, lo es todavía más en Valparaíso ciudad y en Valparaíso región? Viña tampoco anda bien y tiene un deterioro muy visible, a pesar de que los encargados del marketing de la ciudad nos cambiaron de “Ciudad Jardín” a “Ciudad Bella”. Claro, como Viña ha ido perdiendo prácticamente todos sus jardines y antejardines, estos últimos invadidos por mesas y sillas de cuanto local de comida rápida se instala en la ciudad, dejamos de ser Ciudad Jardín, aunque lo de Ciudad Bella, ¿no le parece un abuso?

¿Cuáles serían sus primeras medidas si fuera alcalde de Viña?
Erradicar los campamentos.

¿Y si fuera edil de Valparaíso?
Lo mismo.

¿Pediría trasladar el desfile del 21 de mayo a Santiago para evitar desmanes?
El desfile no, pero sí la ceremonia en la que el Presidente de la República rinde cuenta del estado del país. El desfile del 21 de mayo es típicamente porteño y tiene la virtud de hacer bajar los cerros al plan de la ciudad. El mensaje, importante y todo, de porteño no tiene nada, como tampoco lo tiene la horrible construcción en que habita aquí el Congreso Nacional.

¿Está de acuerdo con el aumento de parlamentarios?
Si ese era el precio para terminar con el sistema binominal para elegir senadores y diputados, estoy de acuerdo.

UN LIBERAL DE IZQUIERDA

Agustín Squella Narducci tiene sangre italiana y menorquí. “Que no es lo mismo que española”, se apura en decir. “Mis antepasados más inmediatos, por el lado Squella, están en Menorca, y aunque no me interesa particularmente la genealogía, he averiguado que existen Narducci en Florencia, lo cual es muy bonito que sea ahí y no en Sicilia”. Y ríe, divertido.

La vida de este abogado, escritor, exrector de la Universidad de Valparaíso y fundador de su editorial, Premio Nacional de Humanidades y un largo etcétera, se reparte entre Santiago y Viña del Mar. Tiene tres hijas, siete nietos y un celular pasado de moda “que solo sirve para hacer y recibir llamadas”. Al día siguiente de las primarias, Agustín comentó en su círculo cercano: Tengo la impresión que nuestros políticos siguen perdidos y comportándose infantilmente.

¿Qué lectura hace acerca de la alta votación de Dj Méndez?
Se trata de una expresión de hastío hacia los llamados “políticos tradicionales”. No es un acto “pro”, sino un acto “contra”. No expresa una preferencia, sino un rechazo.

Pareciera que la palabra “independiente” atrae votantes… ¿qué tan independientes pueden ser con un partido avalándolos detrás?
Decir “independiente”, lo mismo que decir “soy de centro”, suele ser una manera de atraer votantes que están molestos con los partidos y que no quieren saber nada ni con la derecha ni con la izquierda. Nunca he militado en un partido político, pero yo no soy independiente y menos de centro.

Dice ser “un liberal de izquierda”, ¿qué significa?
Significa ser un liberal igualitario, es decir, alguien que valora la libertad y que, a la vez, considera que ella no basta para tener una sociedad decente. Se necesita también de la igualdad, no solo jurídica y política, sino en las condiciones de vida de las personas. Una igualdad no de todos en todo, sino de todos en algo. ¿En qué? En lo necesario para poder llevar una existencia digna, con la posibilidad real de trazar planes de vida y llevarlos a cabo. Si una persona vive permanentemente en situación de pobreza, ¿qué sentido pueden tener para ella las libertades de conciencia, de pensamiento, de expresión, de movimiento, de asociación, de emprendimiento? Una igualdad básica permite que las libertades sean algo más que unas palabras escritas en los textos constitucionales.

Pepe Mujica ha dicho que “la izquierda admira la pobreza, pero la pobreza ajena, porque de pobres no tienen nada”…
Eso no es cierto. A mí me encanta Mujica, pero dice muchos disparates. Hay muchos izquierdistas pobres.

¿Qué nota le pone al gobierno de Michelle Bachelet?
Una menor a la que quisiera ponerle, pero será mejor a esperar a que termine para hacer una evaluación más global y con algo más de distancia.

¿Aceptaría un cargo en un futuro gobierno?
No, y asumo también que cualquier futuro gobernante tendrá el criterio suficiente para no llamar a un profesor universitario de provincia que tiene ya setenta y dos años y al que solo le gusta leer, escribir, dar clases. E ir a la hípica y al estadio, desde luego.

VALPARAÍSO

Para Agustín, Valparaíso es una ciudad loca, loquísima, disparatada. “Lo de ciudad mágica es un invento de las agencias de turismo. Valparaíso es simplemente loco”.

¿Qué significa para usted ser Ciudadano Ilustre de Valparaíso?
Un honor que me duele un poco, porque me habría gustado ser Hijo Ilustre de Valparaíso. Todavía no me explico que viviendo acá, mi madre haya decidido tenerme en Santiago.

¿Sus sitios favoritos?
La preciosa avenida Altamirano, inexplicablemente casi siempre vacía de porteños, el estadio Elías Figueroa Brander, un par de restaurantes del cerro Concepción y otros dos del Alegre, la mirada sobre la ciudad y el mar que otorga cualquiera de sus ascensores a medida que suben o bajan y, desde luego, el edificio de la Escuela de Derecho de la Universidad de Valparaíso, donde entré a los diecisiete años y permanezco hasta ahora en una oficina a cuyas ventanas suelen llegar las gaviotas los días en que el tiempo va a descomponerse.

¿En qué mesas de trabajo está participando actualmente?
Solo en la mía, en casa y en la universidad, casi siempre en solitario, leyendo y escribiendo, y con pocas ganas de socializar, aunque puedo ser bastante sociable, pero no busco muchas oportunidades de estar con otros, salvo selectivamente, se entiende. Siento que las conversaciones sociales, o simplemente casuales, sobre todo si se prolongan demasiado, me sacan de mí mismo y del necesario ensimismamiento en que creo que debo vivir. Charles Bukovsky, el notable escritor norteamericano, decía que lo que podía darle una patada en el culo eran las reuniones sociales, aunque los cocteles fueran gratis.

¿Pero hacer clases no es también una forma de sociabilizar?
Sí, pero en una sala de clases no se hablan cosas banales ni se da rienda suelta a la insinceridad.

Posa, obediente, ante el lente. Obediente y con paciencia de santo, debo agregar. “Hay personas a quienes no les gustan las fotos”, le comento, en plena sesión. “Bueno, a mí no me hace precisamente feliz”, contesta, ya entregado.

¿Y qué lo hace feliz?
Muchas cosas. Venir aquí, por ejemplo. Lo peor que me puede ocurrir es tener un compromiso un día miércoles fuera de Viña, como hoy.

LOS AÑOS DORADOS

¿Cuál es su aporte en Alerta Temprana?
No lo sé, aunque lo que trato allí es de ver la contingencia desde una perspectiva más general y de no caer en la histeria, la paranoia y el cinismo que dominan buena parte de nuestros debates públicos

¿Qué lo convenció para participar en él?
La calidad de los otros panelistas, Cony Stipicic, Pato Fernández y Luis Larraín. Pensé que me sentiría bien en su compañía, y así ha sido. Independiente de las discusiones que a veces se producen, hemos desarrollado una relación humana muy buena entre los cuatro.

¿No se siente expuesto?
Un poco, sí. Aunque lo paso bien y me gusta el grupo, después de cada programa me quedo con una sensación de incomodidad, de haberme expuesto.

¿Cómo en esta entrevista?
Esta entrevista también expone, pero uno puede reflexionar, en consecuencia, sin dejar de ser espontáneo, es más uno mismo. En cambio en la televisión, la espontaneidad te puede hacer decir algo exagerado. Yo veo mi cara en los programas y me doy cuenta de que como jugador de póker me iría pésimo.

¿Tenemos capacidad de análisis los chilenos?
Poca, pero no se trata solo de una carencia nuestra. Analizar es, sobre todo, distinguir y lo que solemos hacer es meter todo en un mismo saco, ahorrándonos así el esfuerzo de pensar.

¿Ha perdido la capacidad de asombro?
En absoluto. Si usted es hípico y además hincha de Santiago Wanderers, nunca perderá la capacidad de asombro, ni para bien ni para mal.

Ha publicado varios libros, ¿hay alguno en proceso?
Sí, a mediados de este mes aparecerá Hermano, no tardes en salir, una crónica que entrelaza la historia de un jinete y de un hermano. Y antes de fin de año lo hará Libertad. En 2014 publiqué Igualdad y ahora viene Libertad. En este momento trabajo en Fraternidad, con miras a que se publique en 2017. Como usted ve, soy un grafómano. Si escribir puede ser un talento, como también un oficio, en mi caso es simplemente una enfermedad.

¿Cuáles son sus libros de cabecera?
Casi no tengo, pero me doy cuenta, gracias a su pregunta, que siempre anda cerca El libro del desasosiego, de Fernando Pessoa, que recomiendo leer en pequeñas dosis, tal como deben tomarse los licores que tienen una muy alta gradación.

¿En qué cree Agustín Squella?
En que la democracia es la mejor forma de gobierno, en los derechos fundamentales de los individuos, en la conversación como la única vía para reflexionar críticamente y en conjunto, en las segundas y hasta en las terceras oportunidades, en la amistad, en la compasión, y en la eficacia sanadora del sentido del humor, sobre todo cuando se lo practica a costa de uno mismo y no de los demás.

¿Un defecto?, ¿una virtud?
¿Míos? Irritabilidad y perseverancia.

¿Cuáles han sido sus mejores años?
Los actuales son bastante buenos.

¿A quién admira?
Descontados amigos y familiares, porque en esto llevan siempre las de ganar, admiro a algunos futbolistas, a algunos jinetes especialmente talentosos, a no pocos escritores, a un par o poco más de actuales directores de cine. Pero déjeme agregar lo siguiente: quizás por la edad que he alcanzado, me doy cuenta de que siento una admiración incondicional por mis nietos. Uno de ellos ni siquiera habla, pero igual lo admiro.

 

"Quizás por la edad que he alcanzado, me doy cuenta de que siento una admiración incondicional por mis nietos. Uno de ellos ni siquiera habla, pero igual lo admiro”.

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