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EDICIÓN | Julio 2016
Mezzo e Mezzo Maksim Mrvica

La carrera del pianista croata Maksim Mrvica tuvo su punto de inflexión en París, en 2001, cuando fue descubierto por Tonci Huljic. Aunque la idea de acercar la música clásica a las grandes audiencias rondaba la mente de Mrvica (como la de casi todos los pianistas contemporáneos), lo cierto es que no todos tienen la suerte de ser contactados con Mel Bush, una suerte de Midas de la distribución musical.

Su primer álbum The Piano Player (2003) lo catapultó a la fama y le abrió los oídos de audiencias multitudinarias como las de Asia y especialmente las de China, donde, sólo el año pasado, Mrvica efectuó diez tours clásicos y quince conciertos crossover. En ellos, resultan infaltables sus ejecuciones de la Rapsodia Croata, el Vuelo del Moscardón, y Éxodo, todo, acompañado de una puesta en escena efectista que no descuida ni iluminación, ni vestuario, ni acompañamiento instrumental electrónico. Mezzo e Mezzo es un álbum que no se aparta demasiado de la probada fórmula que Mrvica lleva ensayando ya varios años: composiciones modernas (Huljic) y clásicas (esta vez, Kachaturian, Mussorgsky, Satie). La ejecución es siempre correcta, Mrvica es un profesional, y los años de oficio están a la vista; pero, a veces, resulta demasiado estudiada, como si la pasión necesaria para sentarse al piano y tocar se esfumara por completo y nos quedáramos oyendo una sucesión perfecta de notas vacías, algo así como tocar a Chopin tras ganar el Kino; o, como penosamente sucede en este álbum… tener la imaginación perdida en los Cuadros de una Exposición, de Mussorgsky. No pasa siempre con Mrvica por supuesto… pero sucede: aunque soterrada, casi subliminalmente, se detecta esa desconexión emocional que distingue a un simple pianista de un maestro del piano.

Hoy Maksim Mrvica es popular porque entrega a las masas lo que estas desean oír y me atrevería a decir también de la manera en que lo desean oír; sin embargo, la interrogante vital es otra y muy distinta: si Mrvica vibra con lo que hace y si verdaderamente desea que su arte perdure más allá del voluble y dudoso gusto de las muchedumbres. Quizá podamos responder esta interrogante cuando dispongamos de su más reciente álbum Croatian Rhapsody, en el ínterin, el misterio continúa.

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