“Un día, mi padre, con una sonrisa de satisfacción, me anunció: ‘Hijo, has ingresado al mejor Colegio de Antofagasta. Mañana comienzan las clases.’ No entendí, en ese momento, lo que decía mi padre. De su mano, al día siguiente entramos a la antigua casona de Baquedano 361, el “Colegio San Luis”, esos viejos metros de madera que conocimos en 1920, cuando entramos a sus clases, trémulos ante el acaso que se nos caía encima”. Andrés Sabella
Uno de los placeres que la vida reserva a los hombres es la evocación de sus años escolares. Los recuerdos de infancia, indudablemente, nos entibian el alma. Y el primer día de clases es imborrable.
El “San Luis” inició sus clases el 24 de abril de 1916. Andrés amó su colegio. Cada 21 de junio publicaba en su columna “Linterna de Papel” de El Mercurio de Antofagasta, su homenaje. Así, respecto a lo inicios del establecimiento, encontramos:
“Este plantel, fundado en 1916, por la visión progresista de Monseñor Luis Silva Lezaeta y la tenacidad germana de su primer Rector, el R. P. José Florián Blumell, surgió para ofrecer a la ciudad una casa donde la educación se extendiera en los mejores cauces, vigorizada por el espíritu de Cristo, como esencia final de cada uno de sus lecciones”. He aquí un soneto, dedicado a su colegio:
AL COLEGIO “SAN LUIS” DE ANTOFAGASTA
“Arsenal de las sienes, surco fino, taller del corazón, casa madura donde el hombre dialoga con la altura cuya voz es la médula del trino.
En la humildad empieza tu camino, cantaron las semillas tu ventura, nos diste aristocracia de ternura para entender lo humano y lo divino.
La luna de mi infancia vuelve pura, cuando toca mi vieja coyuntura tu puerta de panal y de molino.
Si es tu entraña de fuego y torbellino, de la raíz aprendes rumbo y tino, ¡oh, Padre de solar progenitura!”
Y, por supuesto, no podía faltar el espíritu San Luisino: “¿En qué consiste “el espíritu del San Luis”? Procuramos definirlo. En primer término, ser “San Luisino” fue –y es–una manera de ser hombre comprometido con Cristo, en el servicio de los demás. Es ser hombre nortino en conciencia de Patria y de Paz. Y es, finalmente, ser hombre sin vanagloria, ansioso no por el por ciento, sino por la alegría de la hermandad que fortalecen la cordialidad y el desinterés”.
Hoy, el colegio San Luis cumple cien años ¿qué diría Andrés Sabella, en su homenaje?