Su vida es tan intensa como el color de su pelo y su luminosa sonrisa. Actriz de profesión, nunca ha dudado en explorar distintos campos en el mundo de las comunicaciones, estudiando, perfeccionándose y dándolo todo con el objetivo de lograr un trabajo de excelencia. Este año celebra una década como conductora y productora de televisón de Boulevard, uno de susmúltiples roles a través de las que busca, antes que todo, difundir y potenciar la cultura local.
Por Claudia Zazzali C. / fotografías por Andrés Gutiérrez V.
Las tardes en Tocopilla eran eternas y mágicas. Entre sus estudios en el Colegio Sagrada Familia, la playa, Caleta Boy, la hostería y miles de aventuras, Karla Sepúlveda inició un especial romance que llena su corazón hasta hoy: el teatro. Fue la magia que alguna vez cautivó a Andrés Pérez y también a Jodorowsky, la misma que encantó a Karla, que comenzó a atesorar el sueño de ser actriz profesional.
Y aunque la vida ha dado vuelcos inesperados, su vocación sigue intacta. Es conocida como conductora de uno de los programas de más larga data de la televisión local. El proyecto de Boulevard nació hace diez años, justo cuando Antofagasta Televisión comenzaba a convertirse en una de las propuestas más sólidas entre los medios audiovisuales de la ciudad. Desde entonces, la línea del programa siempre ha estado orientada a difundir y rescatar las iniciativas culturales locales.
Sin embargo, esto no es lo único en lo que se ha desarrollado Karla. Su constante búsqueda de espacios la han llevado a combinar su carrera televisiva con capacitaciones, animación de eventos, clases, asesorías y el servicio público, cumpliendo funciones tanto en el municipio como en el Consejo de la Cultura.
¿Cómo te enamoraste del teatro?
Pasé gran parte de mi niñez y adolescencia en Tocopilla, donde crecí junto a mi abuela. Allá formé parte del Círculo de Artes y Letras, agrupación que debería ser parte del patrimonio nacional por la destacada labor que realizan. De su mano aprendí la disciplina y la emoción que implica estar en los escenarios y a los trece años ya quería ser actriz. Pero como en muchas familias, la exigencia era un “cartón formal” y por eso me vine a Antofagasta a los diecisiete años a estudiar sicología en la Universidad José Santos Ossa. Sorpresivamente quedé embarazada y ahí partí a Iquique, donde estudié tres años de sociología.
¿Y cómo finalmente llegaste a estudiar?
Mientras estaba en la UNAP me puse a hacer teatro. Hicimos una gira por la región y ahí supe que eso era lo mío. Fue tan fuerte el llamado que decidí iniciar los trámites para postular en Santiago. Di las pruebas de selección y quedé. Había ido a escondidas y aunque no fue fácil convencerla, finalmente mi mamá me apoyó. Ya tenía responsabilidades y no podía reprobar ningún ramo porque ese desafío implicaba dejar a mi hija con mi mamá. A pesar de ese dolor de la distancia de mi familia, fueron cuatro años maravillosos, intensos y muy felices.
Como en muchas historias, la familia es el pilar fundamental…
Somos un matriarcado y siempre hemos estado muy unidas a pesar de las distancias o las circunstancias. Mi madre, mi abuelita… mujeres fuertes que han luchado por lossuyos y en ese momento sentía que debía hacer lo mismo. Seguir mi vocación era jugármela por dar un futuro a mi hija.
Una vez que te titulaste ¿cuáles eran tus planes?
Nunca pensé en venirme a Antofagasta. Mi arraigo estaba en Tocopilla y a esas alturas ya estaba haciendo carrera en Santiago en el teatro corporal. Formé parte de una compañía con la que recorrí Chile y eso me cautivó. En paralelo tenía una pareja y nuevamente recibí la noticia de que sería mamá. Me vine al norte y empecé de nuevo.
¿Fue muy difícil la adaptación?
Una de las características que da mi profesión es la capacidad de reinventarse, de ser versátil, así que después de nacida mi hija comencé un nuevo camino. Fui locutora en Canal 95 y profesora de teatro en el LEA. Durante cuatro años enseñé actuación a niños de primero básico a cuarto medio.
¿Cómo comenzaste en televisión?
En ese tiempo era parte del Consorcio y nos convocaron a presentar ideas. El canal estaba recién empezando y había programas inmobiliarios. Hacíamos el Boulevard y después partieron las noticias y el matinal. Hacía de todo, conductora, productora, notera, lo que se necesitara. Fue una gran escuela y pude ir adquiriendo la experiencia que se tiene en los medios de regiones.
HOGAR
Su espíritu inquieto y el proyecto de familia que estaba construyendo llenaron su agenda de múltiples actividades. Estaba criando a sus hijas, formando su primer hogar, haciendo televisión y radio, las clases. “Fue una etapa intensa, pero linda. El padre de mi segunda hija se había venido conmigo y era un tiempo de ‘primeras veces`: el primer juego de ollas, las primeras reuniones de apoderados. Fue una linda historia, con mucho amor, pero tantas actividades nos pasaron la cuenta”, recuerda.
“Es extraño el ir repitiendo los patrones. Yo me crié lejos de mi mamá por temas de trabajo y luego yo me separé de mi hija por las mismas razones. Estar reunidas nuevamente era hermoso, pero no estaba exento de dificultades. Muchas veces se hace cuesta arriba, pero es una realidad que viven muchas mujeres. Sacar adelante a una familia, ser mamá, pareja y profesional es agotador, pero es una realidad muy común en nuestra sociedad y como mujeres debemos asumir ese rol, sin dejar de lado nuestros sueños como seres indivuales”, declara.
¿Intentaste volver a actuar?
Jamás me olvido de mi carrera. Al principio era complejo, sólo estaba consolidada la Compañía de la Universidad de Antofagasta y era un círculo más bien cerrado. Tuve la fortuna de ser muy bien recibida e hice algunos proyectos con ellos. Luego me mantuve trabajando con Teresa Ramos, que es una maestra y con quien estuve en algunos montajes que fueron muy exitosos.
¿Cómo fuiste diversificando tu carrera?
Casi sin querer. Primero aparecieron algunas clases de voz para ingenieros. Ellos necesitan hacer presentaciones y comenzaron mis capacitaciones. ¡Me encantó! Era otra arista de mi profesión y la desarrollé feliz. Luego entré a Radio Madero a iniciar el equipo de Antofagasta. Cumplí el rol de directora, y por ende, me correspondió armar un equipo de trabajo que fue realmente potente. Fue una experiencia inolvidable: armar una radio, un departamento de prensa y, además, la productora. También existía el prejuicio, yo soy actriz y cómo iba a trabajar con periodistas que eran muy reconocidos en el medio.
¿Sentiste la presión?
La responsabilidad de todo esto era terrible. Mujer, actriz y jefa era complicado, pero a la vez muy grato pues cada integrante del equipo sabía perfecto cómo hacer su trabajo y los resultados nos acompañaron. Aprendí de los errores y el trabajo era duro. Tenía que estar atenta a las alarmas que sonaban a las tres de las mañana, hacer negocios que a veces eran muy buenos y otras muy malos. Decidí, entonces, que era momento de volver a la televisión y retomar el Boulevard. Era como un hijo y no me importaba el costo, yo quería seguir adelante con ese proyecto tan importante para mí. Aprendí a buscar auspiciadores y hacer convenios, logrando fortalecer la idea hasta que la hice mía a través de una productora, Factor Geek, en la que trabajo con Luis Ocaranza, con la que saco adelante diversas iniciativas, entre las que siempre está nuestro programa.
¿En qué momento llegaste al servicio público?
En ese entonces recibí el llamado de Marcela Hernando, que estaba en su último año de administración. Luego trabajé en el municipio con Jaime Araya y el primer periodo de Karen Rojo ¡Tres alcaldes en tan poco tiempo! Nuevamente el aprendizaje fue enorme. Comencé a estudiar y a indagar en esa área, donde hay que estar disponible 24/7, otro escenario.
Pero nunca olvidaste el teatro…
El año pasado volví a escena. Hicimos la obra Destellos de una ciudad que mira al mar, un montaje de carácter patrimonial, con la que tuvimos ocho funciones y se espera que se presente más adelante. Trabajé con Esteban Pinto y junto a él seguimos pensando en proyectos, ahora de teatro físico, que es como volver a mis orígenes.
¿En qué estapa estás hoy en día?
Tengo treinta y nueve años, mi hija menor tiene once, la mayor tiene veinte y tengo una nieta, la encantadora Florencia. Todo ha sido vertiginoso pero en cada momento he buscado mi esencia. Una de las cosas que he aprendido es a hacerme tiempo para mí. Me criaron mujeres fuertes, trabajólicas, pero quizás no por opción, sino porque simplemente no les quedó otra. Entonces ese es mi modelo: yo aprendí a trabajar, no fui nunca dueña de casa y hoy en día me doy el tiempo para mi gente porque aprendí que la base es la familia. Siempre quise ser la mejor y hoy entiendo que esa postura, aunque no está equivocada, no puede ser tan inflexible.
¿Qué sientes hoy?
Estoy contenta, aunque muchas veces me cuestiono. Pucha que perdí tiempo buscando un éxito externo cuando en realidad, lo importante es estar satisfecho con uno mismo. Uno mira para atrás y entiende que la fortaleza está dentro de uno mismo. Busqué un camino más espiritual y sigo trabajando en ello. Espero seguir creciendo, aprendiendo a perdonar y perdonarme, mirando la vida con más calma. Quizás la vida me ha enseñado a mirarla de una manera distinta.
"Pasé gran parte de mi niñez y adolescencia en Tocopilla, donde crecí junto a mi abuela. Allá formé parte del Círculo de Artes y Letras, agrupación que debería ser parte del patrimonio nacional por la destacada labor que realizan. De su mano aprendí la disciplina y la emoción que implica estar en los escenarios y a los trece años ya quería ser actriz”.