La seguridad. Ese es el negocio de esta empresa. Cómo garantizar controles cada vez más rápidos y discretos en aeropuertos, fronteras o empresas. Estar a la vanguardia en nuevas tecnologías y trabajar sin descanso son las claves en una industria llena de desafíos.
Por María Jesús Sáinz N. / fotografía Andrea Barceló A.
Cuando dos explosiones fueron detonadas por terroristas suicidas en el principal aeropuerto de Bélgica, el pasado mes de marzo, y dejaron treinta y cinco personas muertas y más de trescientos heridos, los chilenos nos preguntamos acerca de la seguridad de nuestras propias terminales aéreas. Un ejercicio que parece reiterarse, desde la caída de las Torres Gemelas hasta nuestros días, cada vez que un hecho sangriento nos recuerda que hay terrorismo en el mundo.
En esas ocasiones, Mathias Pairoa, quien lleva casi dos décadas a cargo de Aerotech, empresa cuyos escáneres, rayos X y sistemas de control están en todos los aeropuertos de Chile, sale a explicar por la prensa cómo son, para qué sirven y cuál es la efectividad de cada uno de sus productos. También debe hablar de las nuevas tecnologías y posibilidades que se abren a futuro, porque este negocio, el de la seguridad, está en constante movimiento.
Hijo de René Pairoa, quien fuera piloto de LAN y uno de los fundadores de LADECO, no era tan difícil sospechar que su vida laboral como ingeniero comercial estaría ligada a la aviación. Lo que nunca imaginó es que el tema de la seguridad —no del vuelo, sino de las amenazas terroristas— pasaría a ser tan importante.
“DÉJAME INTENTARLO”
Era fines de los noventa cuando, recién egresado de su carrera, decidió incorporarse a la empresa de su padre que, por entonces, pasaba por su peor crisis. “Déjame intentarlo”, recuerda haberle dicho, sin imaginar que tres años después su padre moriría y él quedaría a la cabeza del desafío.
Por ese entonces importaban equipamiento aeroportuario, como luces para las pistas o cintas de equipaje, pero el negocio no iba bien. Sin embargo, Mathias, quien debió vender la oficina y trasladarse a su propio departamento con lo que quedaba de la empresa, consiguió que una marca alemana (que hoy se llama Smiths Detection) le enviara un escáner para poder mostrarlo a sus posibles clientes. “Vino un técnico canadiense que me hizo un curso rápido y me dejaron la máquina de rayos X que pesaba cuatrocientos kilos”, recuerda.
¿Y qué hiciste con ella?
Como no tenía dónde dejarla la llevé al aeropuerto y le dije a los clientes que les quería hacer una demostración. Entonces la dejaba dos semanas en una parte, dos en otra y así hasta que la logré vender.
¿Costó mucho?
No, la verdad es que no pasó mucho tiempo, pero hasta que lo conseguí tenía que empujarla yo mismo por el aeropuerto. Solo. Era pesadísima. Cuando llegaba al lugar tenía que cambiarme. Imagínate. Pero gracias a eso sé cuánto pesa, cuánto cuesta embalarla, subirla y cargarla. He estado en todas.
¿Y valió la pena?
Funcionó. Esa máquina hoy es como el Yaris de la industria. Es la máquina más vendida. Finalmente resultó ser un buen producto. De tener cero participación, en algún minuto llegamos a tener casi el noventa por ciento del mercado, y de no tener ninguna máquina en el aeropuerto de Santiago, hoy día tenemos el ciento por ciento. Y no son pocas.
LAS TORRES GEMELAS
El negocio de la seguridad en los aeropuertos, que para fines de los noventa tenía “dos o tres empresas muy competitivas”, según recuerda Mathias, debería enfrentarse a un enorme desafío.
El 11 de septiembre de 2001 el mundo entero vería, en directo y por televisión, cuan frágiles podían ser los controles que estaban implementados hasta ese momento en los terminales, incluso en los más modernos y seguros del mundo. Lo que había a disposición fue altamente demandado y la industria completa comenzó a pensar y generar nuevas alternativas.
¿Ese tiempo, post 11S, lo recuerdas como un boom?
No fue algo inmediato, sino más bien un trabajo constante de estar ahí, de cumplirles a los clientes, de no fallar y de tener buenos productos.
¿Ha variado mucho con respecto a lo que se ofrece hoy en seguridad?
Hoy contamos con máquinas, esencialmente sistemas de rayos X, como entonces, pero siempre en la búsqueda de reducir los tiempos de inspección. Además ofrecemos, tanto en venta como en arriendo, equipos pensados especialmente para cada caso y lugar.
¿Cómo han hecho para diferenciarse del resto?
Cuando partí, antes de vender mi primera máquina, perdí una licitación y fue ahí cuando me di cuenta de que algún día iba a tener que conseguir una oficina, un showroom, repuestos y un laboratorio electrónico. Hoy tenemos eso y más, y somos en nuestro rubro la empresa mejor equipada y que damos el mejor soporte técnico.
¿Cuál ha sido la clave del éxito?
En palabras, cumplirles tanto a los proveedores como a los clientes. En hechos, dormir en la oficina.
AIRE Y TIERRA
Además de los soportes de seguridad, Aerotech entrega al aeropuerto de Santiago todo el equipamiento que uno utiliza, casi sin darse cuenta, a la hora de tomar un vuelo. Por ejemplo, los carritos para llevar las maletas, las pantallas para buscar el vuelo, los mostradores, las cintas de equipaje, las mangas para entrar y salir del avión o las ayudas visuales en la pista de aterrizaje. Pero con el tiempo comenzaron a notar que mucho más allá de los aeropuertos había un enorme mercado que atender. Vieron que en el exterior, e incluso en Chile, personas de la industria de los alimentos comenzaron a llegar con cajas a las máquinas de rayos X de los aeropuertos para pedir que por favor los dejaran inspeccionarlas.
“Venían, por ejemplo, de una fábrica lechera porque tenían una línea de producción, se les había caído un latón del techo y les faltaban cuatro pernos. ¡Cómo iban a perder toda la partida!”, explica. Y así fue como se dieron cuenta de que las mismas máquinas servían para eso y además eran capaces de inspeccionar cientos de productos en un minuto.
¿Y surgió así una nueva línea de negocios?
Sí. Y nos ha ido muy bien, estamos liderando el mercado y hemos desarrollado mucho la línea de control de calidad, y además de control de mermas, que es una preocupación importante hoy en la industria. Cada vez nos piden más equipos para controlar robos en las fábricas. Hay excelentes herramientas, muy efectivas e incluso nos han pedido tecnología de alta sensibilidad para controlar robos difíciles de detectar.
¿Cómo se ha ido resolviendo el dilema entre la seguridad y la privacidad, al que muchas veces nos enfrentan algunos de estos controles?
Si bien han salido tecnologías que son sumamente invasivas, he notado que al final del día, salvo contadas excepciones, la gente termina sometiéndose a los sistemas. Sobre todo en los aeropuertos, donde creo que todos entendemos que es por nuestro propio bien.
¿Y en las empresas?
Ahí contamos con soluciones que te permiten no invadir la privacidad de las personas, básicamente con la utilización de dispositivos que se pueden controlar remotamente y que impiden que el operador que ve el cuerpo vea la cara.
Mathias Pairoa, quien por estos días impulsa la internacionalización de la firma, cree que es fundamental el hecho de que en Chile hay una regulación clara, pues eso permite que tanto ellos como las empresas u organismos públicos se adecúen a la ley. Parte de sus equipos sirven para detectar explosivos, drogas o potenciales amenazas. Y no solo en personas, también en contenedores completos que examinan con grandes equipos que tienen en las fronteras.
¿Llegará esta tecnología a colegios, casas o condominios?
Sin duda esto que partió solamente en los aeropuertos y que ya va en las empresas, se va a ir ampliando. Van a salir nuevos desarrollos y nosotros vamos a tener que adaptarnos, porque las tecnologías van quedando obsoletas.
¿Hacia dónde va?
Vamos a tender a la automatización. En los aeropuertos vamos a molestar menos a los pasajeros y tratar de hacer más rápidos los procesos, pero sobre todo creo que los controles se van a hacer cada vez más recurrentes. Será visto como algo natural.
"Si bien han salido tecnologías que son sumamente invasivas, he notado que al final del día, salvo contadas excepciones, la gente termina sometiéndose a los sistemas. Sobre todo en los aeropuertos”.