Literalmente su nombre puede ser traducido como “leer el bosque”. ¿Casualidad o causalidad? Lo cierto es que Read Forrest, aprendió desde pequeño no solo a comunicarse con el mundo vegetal. También a conocer sus propiedades medicinales ancestrales, descubrir sus aplicaciones terapéuticas y aplicar su conocimiento para sanar el cuerpo y el alma.
Por Iván Fredes G. / fotografía Patricio Salfate T.
En una arbolada parcela de El Molle, en pleno Valle del Elqui, la espigada figura de Read Forrest (43) emerge entre los arbustos de un huerto de aromáticas plantas medicinales. Sus luminosos ojos celestes buscan y seleccionan las hierbas sanadoras. Boldos, hinojos, rudas, maticos, mentas y un sinfín de hojas milagrosas van llenando un morral que cruza a modo de bandolera en su pecho.
Ahí, en medio del paisaje elquino, cuenta que hace más de veinte años trabaja en fitoterapia, tanto en investigación como en aplicación de sus diversas técnicas. Y también comenta que sigue profundizando en el conocimiento y en la interacción con personas portadoras de tradiciones ancestrales, como el caso de machis en la cultura mapuche. También cuenta que ha hecho lo mismo con indígenas de las culturas Maya, Hopi, Haudenoshaunee, Havasupai, Guaraní, Kichwa, Aymara, entre otras.
Nació y creció en medio de verdes paisajes en Boston, Estados Unidos. De padre estadunidense y madre chilena, ambos le enseñaron acerca de las plantas, de los árboles y de sus usos medicinales. “En los últimos diez años me he formado en Medicina Tradicional China (MTC), Sicología Védica (Atma Vidya) y he completado la formación como profesor de Yoga”, agrega Read.
CULTURAS CHINA Y MAPUCHE
Read trabaja actualmente en un programa de Medicina Tradicional China (MTC), en el hospital siquiátrico de Valparaíso. Cuenta con una consulta en esta ciudad, en El Molle y en Limache y, periódicamente, dicta talleres y cursos de fitoterapia en diferentes lugares, incluso, en Argentina. Además, participa en grupos de discusión que buscan complementar la medicina alternativa con la tradicional.
“Lo que he ido aprendiendo durante mi vida lo he incorporado a la MTC, haciendo un trabajo de homologación de plantas medicinales y fórmulas, aplicando los principios de esta ciencia milenaria a la utilización de las plantas locales. En este sentido, he encontrado que muchas de las típicas plantas de la tradición mapuche también se usan en la MTC, incluyendo una cantidad considerable de las que están incluidas en el listado del Ministerio de Salud para su uso en instituciones públicas. Para esto me he documentado con textos oficiales de la formación médica en fitoterapia de facultades de medicina en Estados Unidos e Inglaterra, así como textos de Fitoterapia China, Ayurveda y Fitoterapia Antroposófica”, recalca.
¿En qué consiste la fitoterapia?
Es el uso de las plantas medicinales para tratamientos de sanación medicinal. Es un concepto que engloba el uso de las hierbas para tratamientos complementarios de salud. Tiene aplicación de acuerdo a diversas tradiciones, algunas de las cuales son milenarias, como el caso de la tradición china, hindú, mapuche, entre otras. Esta técnica trata a la persona como un ser integral y con una activa participación del paciente porque no solo ve el aspecto físico, sino también emocional, sicológico, energético.
¿Y cómo se percibe o diagnóstica la enfermedad?
Cuando entrevisto a una persona, observo, escucho y, a través de la conversación, voy percibiendo indicios de su estado de salud, incluyendo los órganos internos. Lo revelan sus ojos, el rostro, el tono de voz. Luego hay distintas técnicas, como tomar el pulso en varios puntos, examinar la lengua y, fundamentalmente, su propio relato. Y la experiencia es clave para arribar a una conclusión. Debo ser muy respetuoso en este proceso. Hay que aproximarse con sutileza, al igual como uno trata a las plantas. Son técnicas que uno tiene que ir desarrollando porque inciden en la efectividad de los tratamientos.
¿Y en que consiste el tratamiento?
En mi caso propongo un tratamiento integral de una sesión semanal durante un par de meses. Voy evaluando el progreso y doy recomendaciones a las personas en el sentido que asuman más protagonismo en su propio proceso de autocuidado. En las sesiones trabajo con técncas de masaje tuina, acompañado por moxibustión, y en algunos casos ventosas, acupuntura o auriculoterapia. Habitualmente doy fórmulas de fitoterapia que preparo para cada caso y consejos de alimentación con un sentido terapéutico. Cuando es posible, recomiendo asistencia a clases de Yoga o Qi Gong.
¿Cuál es efectividad del tratamiento?
Por lo general, se percibe de forma inmediata en la mayoría de los casos. Por ejemplo, el otro día a una persona con dolor lumbar, le di una botella con un preparado de fitoterapia. Cuando terminó la sesión, ya se sentía mejor. Hay resultados muy rápidos y una sensación general de bienestar. En otros casos, toma más tiempo.
“CHATEAR CON UNO MISMO”
Incorporar otras técnicas a este proceso de sanación es fundamental para Read. Entre ellas, destaca el yoga, el hathayoga, el chikún, la acupuntura, la reflexología, la aromoterapia, la musicoterapia y el tai chi. “Básicamente, uno va adquiriendo una serie de herramientas sanadoras. Según la experiencia, voy conociendo a la persona y veo cuales de esos elementos serán más efectivos y los aplico en cada caso particular. Hay personas que me piden apoyo en el aspecto de sicoterapia porque necesitan trabajar ciertas cosas. Para poner un caso, el otro el otro día atendí a una persona usando diversas técnicas y lo único que lo pudo relajar fueron los cuencos de cuarzo”, relata.
¿Lo que aplicas excluye la medicina occidental?
Considero que pueden ser totalmente complementarias. Cada enfoque, tradición o técnica tiene ventajas y aportes. En mi caso, el enfoque es ver a la persona como un todo, como un ser integral. Por mi trabajo en el hospital siquiátrico, y como parte de un equipo multidisciplinario, estoy retroalimentándome con siquiatras, sicólogos, enfermeras y técnicos. La idea es aplicar diversos enfoques y técnicas.
¿Cuáles son las enfermedades más comunes que tratas?
Lo que más está afectando a las personas es la falta de espiritualidad.
La mayoría de las enfermedades tienen que ver con eso. Las personas se distancian de su propio ser y eso produce desequilibrios en la salud. Las personas siempre están huyendo de sí. Buscan afuera la satisfacción, la felicidad. Hay mucho egoísmo, envidia, ambición, lo que lleva a una desconexión de uno mismo con la naturaleza. Desconectarse de la naturaleza afecta al ser humano porque establece un vínculo que es dañino y esto es lo que está provocando enfermedades. Las estadísticas en economías industrializadas lo señalan con altos índices de cáncer y otras enfermedades.
¿Cuántas variedades de hierbas ocupas en tus tratamientos?
Entre cuarenta y cincuenta tipos, pero especialmente trabajo con un grupo más pequeño que tiene ciertas características comunes. En el hospital tenemos una huerta medicinal alternativa con romero, salvia, mentas y otras que están incluidas en una guía de plantas medicinales del Ministerio de Salud. También trabajo en un proyecto para el Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (SENDA). Las mismas personas en rehabilitación cultivan las plantas. Es un proceso extenso y terapéutico. Desde mover la carretilla con tierra hasta la cosecha de cada una de las distintas especies.
¿Por qué las personas acuden a la medicina alternativa?
La gente cree en esto porque es efectiva. Les proporciona un bienestar integral, corporal, espiritual, emocional. Y va en aumento porque las personas requieren reestablecer sus equilibrios emocionales, sicológicos. En las ciencias sociales se habla de que estamos en una crisis civilizatoria. Ni siquiera sabemos si vamos a seguir existiendo como humanidad. Eso lleva a cuestionamientos bien profundos. Puede llevar a la desesperanza o a un cambio de mirada. Finalmente, se busca reestablecer los equilibrios del cuerpo, del espíritu. Hay mucha angustia, mucha convulsión. Hoy, las personas están hiperconectadas con el mundo exterior, con el mundo virtual y cada vez se alejan de ellos mismos, del entorno. Creo que la tecnología hay que usarla en beneficio de las personas, no en su contra. Hay que chatear con uno mismo.
"Desconectarse de la naturaleza afecta al ser humano porque establece un vínculo que es dañino y esto es lo que está provocando enfermedades”.