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EDICIÓN | Junio 2016

UCN: sesenta años de compromiso con el norte de Chile

Francisco Correa Schnake, Vicerrector de Sede, Universidad Católica del Norte
UCN: sesenta años de compromiso con el norte de Chile

A partir de lo que hoy somos debemos continuar el camino propuesto por los fundadores de la universidad, que fueron capaces de mirar y comprender la realidad del norte del país.

Este año, la Universidad Católica del Norte cumple sesenta años aportando al desarrollo del norte de nuestro país. Durante este tiempo, su crecimiento y consolidación han sido notables, en los distintos ámbitos del quehacer universitario, expresados en la docencia de pre y postgrado, la investigación básica y aplicada, y la vinculación con la sociedad en la que vive y a la que se debe.

Sesenta años es un tiempo adecuado para detenerse a reflexionar sobre la propia historia, el pasado y el presente, y proyectar los desafíos de futuro.

Nuestra casa de estudios superiores nace en Antofagasta, en 1956, con el nombre de Universidad del Norte. Dos años más tarde, se incorpora a la institución el Museo Arqueológico y Antropológico de San Pedro de Atacama y, en 1968, la universidad inicia sus actividades académicas en la región de Coquimbo.

En la década de 1980, la situación que vive el país obliga a la universidad a cerrar una serie de carreras del área humanista y a volcar sus energías a potenciar las ingenierías y otras carreras tecnológicas. Más adelante, en 1989, y ante la intención de algunos sectores de quitarle la Sede Coquimbo a la universidad para convertirla en un centro de formación técnica, se alzan las voces de la comunidad universitaria y de la comunidad local, que en conjunto con los medios de comunicación regionales, logran impedir que se concrete esta decisión. Esta situación, que se encuentra registrada por la prensa del tiempo, da cuenta de una universidad realmente conectada con la comunidad local, sus problemas y sus desafíos.

En marzo de 1990, la institución vive en Antofagasta y Coquimbo un proceso de discernimiento muy participativo sobre su identidad y su servicio a la comunidad regional, proceso que culmina en una reforma estatutaria que da paso a la actual Universidad Católica del Norte, cuya última actualización de estatutos data de año 2011.

Actualmente, la UCN cuenta con una matrícula de más de doce mil estudiantes, sobre el ochenta por ciento de su planta académica con estudios de postgrado, y una importante productividad científica, que la sitúan dentro de las instituciones de educación superior de avanzada del país.

Este breve recuento de la historia de la universidad, permite reconocer su significativo aporte, fruto del trabajo de todos sus integrantes, al desarrollo regional y nacional. Esta historia, con sus aciertos y desaciertos, nos ha permitido construir sólidos cimientos que explican el reconocimiento de la sociedad y el sistema formal de acreditación (CNA) como una institución de calidad en las distintas áreas que constituyen su quehacer. Una institución que, desde su particularidad, se ha caracterizado por una clara y comprometida identidad de servicio público.

Sin embargo, es muy importante que, como institución, no nos contentemos con los logros alcanzados hasta hoy. A partir de lo que hoy somos debemos continuar el camino propuesto por los fundadores de la universidad, que fueron capaces de mirar y comprender la realidad del norte del país y, desde una visión integral del ser humano, dialogar respetuosamente con las culturas locales para buscar juntos un desarrollo adecuado para todos. Hoy, nuestro gran desafío sigue siendo mejorar cada día la calidad de la docencia de pre y postgrado, para formar a los profesionales que el norte y el país necesitan; profundizar la investigación básica y aplicada que permita a la región un desarrollo sustentable a largo plazo; y potenciar nuestra vinculación con el medio, disponiéndonos cada día al diálogo con las comunidades, las culturas, el medio ambiente, el sistema productivo y el sistema público, entre otros.

La respuesta a estos desafíos supone un compromiso diario y permanente con lo más propio de una universidad: la búsqueda apasionada y sincera de la verdad, sobre la realidad que nos acoge y nos exige una respuesta inclusiva, respetuosa y siempre dialogante con todos.

 

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