En su segundo año de vida, este innovador proyecto no solo está cambiando el destino de la ropa en desuso y prolongando su vida útil, a través del upcycling. El impacto de su fórmula ha llevado a sus cofundadores, Felipe Cortés y Sebastián Alday, a ser reconocidos, en tres ocasiones, como uno de los diez mejores emprendimientos sociales a nivel nacional y, el año pasado, entre los 100 Líderes Jóvenes del Año.
Por Verónica Ramos B. / fotografía Patricio Salfate T.
Desde sus propias experiencias, Felipe y Sebastián se dieron cuenta de que en nuestro país, no existían mayores alternativas para reciclar la ropa que dejaban de utilizar. Recalcan que es común ver puntos limpios para vidrios, papeles o metales, sin embargo, los espacios de acopio para dejar la ropa en desuso, simplemente escasean. Lo que sí está claro y es un hecho recurrente de nuestra sociedad, es que cada vez que debemos enfrentar una situación de catástrofe, la ayuda solidaria para los afectados, se traduce principalmente en altos volúmenes de ropa, muchas veces con artículos innecesarios y no siempre en buen estado.
Precisamente fue esta realidad la que llevó a Felipe Cortés, diseñador gráfico, y a Sebastián Alday, ingeniero comercial, a aterrizar una idea que se venía forjando hace más de tres años. “En abril del 2014, cuando ocurre el incendio de Valparaíso, sucede un hecho puntual y que tiene relación con que la gente siempre se deshace de la ropa que no utiliza, para ayudar a los damnificados. Analizamos esta situación y nos dimos cuenta de que claramente no había en esto un acto de altruismo, sino una instancia idónea para limpiar o desocupar el clóset. A partir de esto, creamos la Fundación Arropa Chile”, señala Felipe.
Decididos a generar un emprendimiento que estuviese relacionado con lo social, los cofundadores de esta iniciativa fueron descubriendo en el camino, que sí era posible aunar sus áreas profesionales, generando un aporte a la comunidad y al medioambiente. “Si nosotros no hubiésemos tenido la veta social, no habríamos enganchado fácilmente con este proyecto”, recalca el diseñador gráfico de la Universidad Santo Tomás.
El primer paso fue detectar el problema y hacerse cargo
La forma de donar la ropa en desuso a los beneficiarios, no siempre es digna. Los damnificados reciben cosas que no necesitan; por ejemplo, para el incendio de Valparaíso, hubo familias en situación de catástrofe que recibieron vestidos de novias. Vimos además que se generó un problema de gestión residual del textil, pues en este caso treinta toneladas de ropa se usaron para relleno sanitario en Valparaíso, lo que significa un impacto medioambiental tremendamente nocivo. Cuando entramos en la raíz del problema nos dimos cuenta de que nadie se hace cargo. Aquí surge una oportunidad para nosotros y decidimos lanzar el proyecto.
¿Qué hacen específicamente con la ropa?
Creamos una fórmula de trabajo que tiene tres etapas: la primera es recopilar la ropa de manera abierta y ciudadana. Creamos distintos puntos limpios en sectores acomodados de la ciudad y hasta estos lugares la gente llegaba a donar la ropa en desuso. Hicimos un piloto en la ciudad con la ayuda del municipio serenense, pero a muy baja escala para no saturarnos con el material. Con la Corporación Municipal hicimos otra gestión y actualmente contamos con un banco de ropa que funciona en el colegio José Gaspar Marín en La Antena. Aquí, recibimos la ropa de lunes a viernes, desde las 8:30 y 16:00 hrs. En esta primera campaña logramos recopilar más de dos toneladas de ropa.
¿Y la reciben en buen y mal estado?
¡Sí!, y ese es nuestro elemento diferenciador. Tenemos un decálogo y en base a esto le contamos a la gente cuál es el destino de la ropa, entregamos volantes y en las redes sociales transparentamos el proceso, a través de videos. Luego de clasificar, sanitizar y ordenar la ropa viene una segunda etapa. La que está en buen estado es donada en sectores vulnerables, rurales o zonas afectadas por catástrofes, a través de tiendas móviles o itinerantes. Aquí, las personas adquieren su ropa de manera digna y limpia. Se la pueden probar, elegir y llevar sin costo, de acuerdo a lo que necesiten.
¿Cuentan con su propio equipo de trabajo?
Trabajamos con voluntarios. Ellos nos ayudan a clasificar la ropa, van a terreno y atienden a las personas en las tiendas móviles. Hacemos cuatro campañas anuales de este tipo. La primera vez la hicimos, en el 2014, en la Villa El Esfuerzo, en La Serena, luego en Lambert y, en el 2015, estuvimos en dos campañas de catástrofes: la primera fue en Paipote, zona afectada por el aluvión en la Región de Atacama y, en septiembre, fuimos a Tongoy, luego del tsunami.
¿Cómo reaccionan las personas frente a este beneficio?
Todas nuestras campañas han sido muy positivas. La gente necesita una forma diferente de ayuda social y con esto generamos un vínculo más allá del beneficio material. Conversamos con ellos y se crea una instancia de distención, en especial, cuando es una situación de catástrofe y donde las personas están muy afectadas porque han perdido todo. En general la gente nos recibe muy contenta y agradecida.
EL ARTE DEL UPCYCLING
La tercera etapa de este proceso consiste en prolongar la vida útil de la ropa que está en mal estado y que no sirve para segunda mano. A través del upcycling o supra reciclaje, Arropa Chile ha dado vida a esta tendencia, transformando un desecho o residuo en un producto nuevo. “Trabajamos con jefas de hogar de sectores vulnerables, específicamente, con un grupo de diez beneficiarias del pueblo de Lambert. Les llevamos el material, que es la ropa en desuso y nuestra diseñadora de vestuario, Lisette Araya, les enseña a elaborar productos nuevos con las telas recicladas, entre ellos, estuches, noteros, bolsas de compra ecológicas, posavasos, portacelulares, individuales, tomadores de tazas, etc.
¿Y cómo se financia Arropa Chile?
El proyecto lo iniciamos con fondos propios y lo invertimos en la formación de los talleres modulares, en función de las diferentes líneas de productos. Compramos todos los insumos necesarios para el taller: máquinas de coser, tijeras, huinchas de medir, descosedores, hilos, etc y las beneficiarias realizan el trabajo de manufactura, a quienes pagamos un precio justo, lo que equivale al cuarenta por ciento de las ventas. Con el resto, costeamos todo el proceso de gestión y logística de Arropa. Además, obtuvimos unos fondos de financiamiento CORFO y ganamos tres premios a nivel nacional, lo que nos ha permitido solventar ciertos gastos.
Con dos años de vida, ya cuentan con varios reconocimientos
En el 2014, postulamos al Fondo de Innovación Jump Chile. Obtuvimos el primer lugar, a nivel nacional e internacional, entre mil seiscientos postulantes. Eso nos significó recibir cinco millones de pesos y optimizar nuestros procesos e invertir en capital humano. En el 2015, recibimos el Premio Acción Joven que es parte de una red internacional de emprendedores sociales y es entregado por la Universidad Andrés Bello. Fuimos elegidos entre los diez mejores emprendimientos sociales de Chile, obteniendo un fondo de dos millones de pesos. Arropa Chile forma parte también, de los diez emprendimientos del programa “Colab Alto Impacto” de la Escuela de Innovación Social de la Pontificia Universidad Católica. Gracias a este programa, recibimos un beneficio de nueve millones de pesos. Y en diciembre del año pasado, Revista Sábado de El Mercurio y la Universidad Adolfo Ibáñez nos reconoció entre los 100 Líderes Jóvenes del Año.
¿Qué han significado para ustedes estos reconocimientos?
Sin duda que valida todo el trabajo que hemos realizado. Nos da la satisfacción de ser un aporte y eso es lo que nos motiva. Generamos un impacto positivo en el medioambiente, contribuimos en la generación de empleo de sectores vulnerables y nos hacemos cargo del consumo responsable… aquí está el valor original de nuestro proyecto.
REGALOS CORPORATIVOS
Este año, Arropa Chile inició una nueva línea de negocio. Se trata de los regalos con sentido, con un significado y un valor especial. “Tenemos un catálogo de productos exclusivos a los que incorporamos el logo o marca de la empresa, los cuales son obsequiados a sus clientes o proveedores. En estos momentos, estamos en la fase de producción con las beneficiarias de los talleres”, comenta Felipe.
De los canales de venta, las redes sociales son el fuerte de esta fundación. Su tienda virtual está en Facebook Arropa Chile y en www.arropa.org. Para este año, Felipe y Sebastián tienen contemplado abrir puntos de venta físicos en esta zona y en Santiago. En definitiva, continuar creciendo con nuevas ideas.
¿Ha sido rentable para ustedes, esta apuesta?
El emprendimiento social es bien novel y tiene cierta resistencia en el mercado, porque está asociado a la caridad. Nosotros entendemos que el paradigma es otro, que este tipo de emprendimiento es un negocio, cuando está bien hecho y bien pensado. Es difícil sobrellevarlo, pero a la larga sí da créditos y muy efectivos, porque se genera un equilibrio que no ocurre con los emprendimientos tradicionales. Tenemos claro que es rentable, pero a largo plazo. Asumimos el riesgo, porque, sin duda, ganamos en otros aspectos.
"La forma de donar la ropa en desuso a los benefi ciarios, no siempre es digna. Los damnifi cados reciben cosas que no necesitan, por ejemplo, para el incendio de Valparaíso, hubo familias en situación de catástrofe que recibieron vestidos de novias”.