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EDICIÓN | Junio 2016

El rol de la validación

Consuelo Varela sicóloga clínica
El rol de la validación

Se especializó en trastornos de personalidad y suicidio, adoptando como tratamiento para sus pacientes la Técnica Conductual Dialéctica, basada en el zen. A través de un taller de habilidades, esta sicóloga busca validar las emociones de aquellas personas que no son capaces de reconocerlas o de controlarlas y actúan atentando contra sus vidas. Una realidad que en nuestro país cuenta con cifras alarmantes y que requiere con urgencia una efectiva red de prevención.

Por Verónica Ramos B. Fotografía Patricio Salfate T.

El solo mencionar la palabra suicidio, ya provoca escozor. En nuestra idiosincrasia, no estamos preparados para la muerte, menos aún para aceptar que alguien por voluntad propia decida dar fin a su vida. Sin duda, es un tema tabú y, mediáticamente, no se conversa por temor a que este flagelo se propague. Pese a esto, no podemos ignorar las últimas mediciones de la OCDE, en el cual Chile figura como uno de los países con la tasa más alta de suicidios.

“Diariamente mueren dieciocho personas por esta causa en nuestro país y eso ¡es muy alarmante! Son 11,3 suicidios por cada cien mil habitantes y el peak fue entre los años 2011 y 2013 con una tasa de 13,9. Esto hizo que el Ministerio de Salud buscara disminuir esta cifra, como uno de los objetivos sanitarios 2020”, afirma la sicóloga clínica Consuelo Varela.

En la imperiosa necesidad de contribuir a que esta realidad no siga cobrando más víctimas, Consuelo se hizo cargo de un camino complejo, lleno de inquietudes, pero que tras un largo proceso de formación y estudios pudo lograr su objetivo. Se tituló como sicóloga en la Universidad Francisco de Aguirre, en La Serena. Trabajó ocho años en un consultorio público de Coquimbo y, mientras tanto, se formó como terapeuta sistémico de familias y de parejas en el Instituto Chileno de Terapia Familiar, en Santiago. En el intertanto se casó y tuvo tres hijos.“Pedro (11), Gaspar (10) y Amparo (6) han estado muy presentes en todo mi desarrollo profesional y crecieron con una madre inquieta. Estas son las cosas lindas que dejan los estudios cuando se relacionan con la familia. Tienen un valor especial, porque requieren de mayor esfuerzo”, destaca.

Inquieta, como ella afirma, aún sentía que le f altaban m uchas i nterrogantes por r esponder. “Necesitaba avanzar en materia de personalidad y eso me llevó a realizar un magíster en la Universidad del Desarrollo sobre sicología clínica, con especialidad en trastornos de personalidad y suicidio. Fueron tres años más de estudio, pero llegué al núcleo de lo que quería”.

¿Cómo identificamos el trastorno de personalidad?
Existe un tipo de trastorno de personalidad límite, que prefiero llamarlo desregulación emocional y esto se da en personas en las cuales sus emociones estallan y no son bien manejadas dentro de la cotidianidad. Atraviesan por polos muy marcados, que pueden oscilar desde la idealización a la devaluación. Dentro del trastorno de personalidad límite aparece de manera muy alta, el riesgo al suicidio.

¿A qué edad se puede diagnosticar un trastorno de personalidad?
Después de los dieciocho años. Antes de esto, puedes constatar una tendencia, pero no hacer un diagnóstico. En ese caso, es importante tomar medidas, hacer pesquisas y trabajar desde la regulación emocional, no desde el trastorno de personalidad.

¿Y a qué se debe esta desregulación?
Hice mi tesis de postgrado en el Hospital Sótero del Río donde evaluamos el riesgo suicida con una muestra de alrededor de ciento cincuenta personas. Mi hipótesis era que detrás de las personas que cometen riesgo suicida, existen ciertos estilos vinculares maternos y paternos que dejan a la persona más sensible a cometer este acto.

¿Vínculos relacionados con la genética?
Tiene que ver con la relación parental de la persona, es decir, qué tan influyente es ese vínculo con la madre y el padre para desencadenar un suicidio. Con esta medición logramos observar que efectivamente existen ciertos vínculos que son más proclives.

¿Y que surgen desde la niñez?
Cuando el niño crece en un ambiente que se torna invalidante, es decir, donde sus creencias, deseos, sensaciones no son validadas, finalmente aprende que esa emoción, como la pena, el miedo o la rabia, no la puede sentir, conocer o entender. Esto, más un antecedente constitucional en la familia es, sin duda, una bomba de tiempo. Existen también, factores traumáticos vividos en la infancia que lo van agravando, por ejemplo, abuso sexual, maltrato, abandono, victimización. Todo esto contribuye a desarrollar un trastorno de personalidad.

El rol parental es clave dentro de la validación de las emociones Absolutamente. Es en ese espacio donde muchas veces los componentes no se dan y eso provoca un descontrol emocional importante, porque terminan actuándolas, es decir, auto flagelándose, cayendo en adicciones o atentando contra sus vidas.

REARMARSE

Durante el magíster, Consuelo aprendió tres tipos de terapias enfocadas en este trastorno, pero afirma que es la Terapia Conductual Dialéctica (TCD), basada en el zen y en la terapia conductual, lo que la llevó a profundizar sus conocimientos con un diplomado en la Universidad de Chile.

“Es una terapia maravillosamente linda y efectiva, porque cambia la vida de las personas y aprenden a construir una forma de vida distinta. Esto no parte desde el trauma, es decir, recibo a la persona y la empiezo a armar. Es una terapia de habilidades y eso es lo que les enseño, igual como si fuese un niño, les entrego las herramientas para comprender, reconocer, entender y adecuar sus emociones”.

¿A qué se debe su efectividad?
La terapia conductual dialéctica se puede aplicar desde los quince años en adelante y está centrada en la evidencia científica, eso es lo que más me llamó la atención. Al paciente se le realiza un scanner, donde se puede constatar que en la amígdala, situada en el cerebro, existen ciertos daños. Después de la terapia, esto disminuye. Es lo último de la nueva generación y con los mayores beneficios para aminorar el riesgo suicida.

¿De qué depende el resultado de este tratamiento?
Lo que asegura su éxito es el trabajo en equipo, esto significa estar en constantes reuniones y consultorías con el equipo de profesionales que atienden al paciente. En lo que respecta a la TCD estamos formando un taller de habilidades para incorporarlo en el área privada y ya está funcionando en el sector público, en este caso, en el Hospital de Coquimbo.

¿Cuál ha sido el resultado de este programa?
Paulatino, pero con logros importantes. La TCD brinda una prestación que es el llamado telefónico. El paciente en riesgo suicida tiene la facultad de llamar a su terapeuta a cualquier hora. Aquí no hago sicoterapia con el paciente, sino que lo ayudo a salir de ese momento en el cual está agobiado. Esta herramienta es muy importante para rescatar al paciente.

ESTAR ATENTOS

En nuestro país no existen mayores estudios respecto a la suicidalidad, pero de lo que sí podemos estar seguros es que es una realidad que atraviesa todos los segmentos socioeconómicos y espacios geográficos. “No solo en los sectores vulnerables vemos un mayor riesgo de suicidio, también se da en los sectores de alto nivel y el riesgo es peor o igual, porque existe una invalidación constante, por ejemplo, saturar a un hijo por todo, exigirle y hacerlo competitivo. Nosotros hicimos un estudio de investigación en Santiago, desde San Carlos de Apoquindo hasta Puente Alto, y en cuatro niveles socioeconómicos ocurre lo mismo”, aclara la sicóloga.

¿Cuál es tu opinión respecto a que el suicidio sea un tema prohibido?
Siento que la sociedad chilena no está bien empoderada respecto a abordar factores protectores que contribuyan para que esto no se desborde. Debieran existir sensores para ir detectando factores de riesgo en la familia, en el colegio, en el barrio, en la macro zona… este un tema tan tabú que nadie se quema las manos y ahí queda. Por esta razón es que me motivé a seguir estudiando esta materia, porque es necesario abordarlo.

¿Como familia, en qué debemos poner atención?
Ninguna amenaza que atente contra la vida se puede subestimar. Ninguna conducta que tenga relación con la autoagresión se puede desconocer, entendiendo esto como un corte o atentado mayor. La angustia es tan grande que el dolor físico lo supera, por lo tanto, cualquier conducta de autodaño requiere de inmediato de una atención profesional.

¿Es una patología crónica?
En cualquier momento puede gatillar, pero si el paciente aprende a monitorear su personalidad, no puede caer en riesgo. El zen cumple una labor importante, del estar presente, atento a las emociones, de tomar conciencia plena de cómo te sientes.

No se debe perder la esperanza…
Cuando veo a mi paciente que está construyendo una vida, que puede tener una relación afectiva, que puede durar en el trabajo, que logra ser más eficaz en pedir algo y que puede vivir más plenamente, todo eso me llena de alegría y me produce una profunda satisfacción.

 

"Diariamente mueren dieciocho personas por suicidio en nuestro país y eso ¡es muy alarmante!”.

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