Pecheras, aros, brazaletes, pulseras y anillos forman parte de sus exclusivos diseños y el collar, sin duda, es el protagonista. Para esta artista, cada joya representa un objeto de poder y su propuesta es a atreverse y aprender a apreciar.
Por Verónica Ramos B. / fotografía Patricio Salfate T.
Desde un espacio, casi mágico, en la localidad de El Molle, Andrea diseña, juega, proyecta y crea lo que para ella simboliza el empoderamiento de la mujer. Un trabajo que autodefine como bisutería étnica, donde se mezclan diferentes materiales y en tonos muy llamativos.
Antes de tomar el camino del diseño de joyas, Andrea Sáez estudió dos años pedagogía en Artes Plásticas en la Universidad de Playa Ancha en Valparaíso, pero recalca que su principal escuela de formación fue mientras vivió y compartió una infinidad de conocimientos con el pintor Jorge Basso. “Él era el padre de mi pololo de entonces. A esa casa llegaban muchos artistas y todo lo que aprendí ahí, desde apreciar la pintura, educar mis oídos con la música y conocer el mundo del arte, fue una experiencia maravillosa”.
Dejó la pedagogía y optó por estudiar diseño de vestuario en Viña del Mar. Al poco tiempo se desilusionó de la carrera, pues siempre sintió que su rumbo iba más por ser autodidacta. Sin grandes pretensiones y de manera lúdica, comenzó a pintar con óleo, acrílico y tintas. Los mandalas se convirtieron en su temática favorita.
¿Cuándo llegan las joyas a tu vida?
Desde chica siempre jugué con los alicates y hacía diferentes diseños, pero hace quince años hice un viaje al norte con un grupo de artesanos. Con ellos aprendí la técnica, a manejar las herramientas y me enamoré de esto. Empecé a mezclar diferentes elementos: piedras, fieltro, metal y no me di cuenta de lo que estaba haciendo hasta que en el 2014 me invitaron a hacer clases de bisutería a veinte mujeres en Caldera.
¿Recién ahí tomas conciencia de tu trabajo?
¡Sí! Me dedico al diseño de joyas y hago clases hace mucho tiempo, pero hasta ese momento lo veía como una necesidad y porque me gustaba hacerlo. Cuando hice ese taller en el norte, me di cuenta de lo que soy, una diseñadora de joyas…
¿Muy distinto a ser orfebre?
Sí, porque la orfebrería es solo una parte de lo que hago y tiene mayor relación con el trabajo en metal. Yo incorporo fieltro, lanas, telas, hilos, piedras… o sea, todo es útil en el momento de un diseño y puedo estar hasta tres días trabajando una pieza, como puedo hacerlo en una o dos horas.
¿Por qué eliges el diseño étnico?
Es la línea que me entusiasma más. Lo que busco en un diseño es que una mujer me diga “yo quiero usar ese collar”, porque tengo claro que de treinta mujeres, dos se van a interesar en mi propuesta.
¿No todas se atreven a usar este tipo de diseños?
En nuestra cultura, las mujeres se atreven menos y, en general, se cuidan de no llamar mucho la atención y prefieren andar más parecidas al resto. Lo que yo pienso es que llevar una pechera, un collar o un brazalete es usar un objeto de poder, entonces, creo que esa es la mentalidad y el sentido… hacia allá voy yo.
APRECIACIÓN
La piedra favorita de Andrea es la labradorita, pues afirma que su símbolo es la luz dentro de la oscuridad. Junto a esta va sumando en sus diseños otras piedras con todas las formas y colores posibles, entre ellas, amatistas, ágatas, crisocolas, granates y turquesas. “Siempre uso tonos fuertes, la diferencia es que en el verano siempre los colores son más saturados y en el invierno, uso tonos más tierra”.
¿Has estudiado la relación de las joyas con nuestros ancestros?
Es que hoy es muy fácil inspirarse, a través de la investigación, porque está todo a la mano gracias al Internet. A futuro espero interiorizarme con culturas más específicas, por lo pronto, siento que es un juego.
¿A qué se debe que las pecheras, hoy, estén marcando tendencia?
Las pecheras fueron utilizadas antiguamente por diferentes culturas. Yo siempre digo “la naturaleza no nos dio plumas, pero nos dio collares” y esto tiene relación con nuestra sensualidad… en definitiva, son elementos de seducción.
¿Qué ideas o proyectos tienes en mente?
Me gustaría hacer un desfile de joyas. También, quiero generar una nueva instancia que me permita enseñar a las mujeres a apreciar. El porqué usar un tipo de collar, cuál es la importancia de las piedras y qué valor damos a estas piezas es un tema que quiero abordar en un futuro taller, desde el sentido de la apreciación.
“Yo siempre digo “la naturaleza no nos dio plumas, pero nos dio collares” y esto tiene relación con nuestra sensualidad”.