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EDICIÓN | Junio 2016

Una melodía para CORFÚ

Inspirados en el Jónico

Se dice que hace miles de años, Poseidón, el dios del mar, llegó a Corfú (antigua Córcira) buscando un lugar deshabitado para esconderse junto a una hermosa princesa a quien había raptado en un arrebato de amor. Con su nombre bautizó a la más grande de las islas jónicas y la segunda más habitada del país que, a pesar de estar a tan sólo dos kilómetros del continente griego, conserva silenciosos rincones ideales para el descanso de quienes tienen la fortuna de encontrarlos y eligen sus playas para “desaparecer”, al menos por unos días, de la rutina.

Texto y fotografía Constanza Fernández C. conifernandez@gmail.com

Si el dios del mar hubiese escuchado las voces de Angélika y Markus, seguramente no habría tenido que robarse a la princesa para vivir a su lado; la música de esta pareja habría sido la pócima perfecta para conquistarla. Ellos son Mirabai Ceiba, un dúo que nació entre tablas y cuerdas cuando hace catorce años se atrevieron a vivir en el mundo para quebrar la distancia de sus lejanos países nativos.

Gitanos y aventureros que se conocieron en las calles de Escocia durante el Edinburgh Fringe Festival, un festival de teatro que todos los veranos reúne a miles de personas. Ella había llegado desde México cargando su arpa con la ilusión de cantar y tocar en esos movidos días de fiesta, ideales para los shows callejeros; él en cambio, era un famoso actor que sería cautivado por la belleza de aquella joven latina que rondaba por el lugar. Así como Afrodita —la diosa del amor que emergió entre las olas del mar deslumbrando a todos los habitantes del pueblo que llenaban las costas para admirar su hermosura— Angélika sobresalió entre la multitud encantando al joven alemán que, amablemente, cargaría su arpa. Siguieron encontrándose y como volver a casa significaba alejarse, decidieron que “el mundo” sería su hogar; escribiendo y componiendo unieron sus voces bajo el nombre de Mirabai Ceiba.

Mirabai fue una poeta y santa india que libremente cantaba y bailaba los poemas que ella misma le escribía a Krishna. Su devoción revolucionó a la India en una época en que las mujeres no participaban de la espiritualidad. Quinientos años después ellos, eligieron su nombre para honrar el valor de expresarse sin miedo y lo unieron a la ceiba, un árbol indio de gran altura y profundas raíces cuya imagen les recuerda que sin una base sólida en la tierra es difícil crecer y abrirse al universo. La de ellos es una historia que transcurre entre aeropuertos, trenes y barcos; un arte que no tiene fronteras y así como la copa de la ceiba se expande verde y frondosa hacia el cielo, su música se escucha alrededor del mundo.

Inspirados en los sonidos de la tierra, crean y musicalizan mantras, versos sagrados milenarios que cantan frente a públicos diversos y, aunque lo hacen en varios idiomas, el gurmukhi es el punto que une a todas esas culturas. Una lengua sagrada de la India que nace de una simplificación del viejo sánscrito, cuya vibración, según los antiguos yoguis, genera estados de plenitud, relajación y paz sin tener que entender sus letras porque lo que realmente requiere es un corazón abierto y ese todos podemos llegar a tenerlo.

Hace algunos años sintieron la necesidad de compartir de forma más íntima con las personas que llegaban a sus conciertos, así nacieron los retiros, encuentros que, además, enriquecen las experiencias de sus giras y los mantienen aterrizados. Durante esos días se explora la voz, el cuerpo y la respiración de forma terapéutica para mover las emociones que pueden estar estancadas. Un proceso de limpieza que entre bailes, risas, ejercicios, cantos y meditaciones va sacado la basura; se liberan penas, miedos o frustraciones que, por diversos motivos, han quedado ocultos en algún lugar de nuestro ser.

Ocean Samadhi fue el último de estos encuentros y ocurrió en Corfú durante el verano europeo. Allí se formó un entretenido grupo de personas que hizo una pausa en su vida para observarla desde lejos, en una tierra especial; lugar de dioses donde hace miles de años Ulises, perdido y exhausto, hizo su última parada antes de regresar a su amada Ítaca.

RETIRADOS

Kravia, Gineka y Sikia son tres islotes que se observan desde la tranquila Arilla, un sitio cargado de mitología que aparece en una de las tantas hazañas narradas en la Odisea. Se dice que allí naufragó Ulises y que los restos de su barco corresponden a esos tres serenos pedazos de tierra que se aprecian mejor subiendo por las verdes colinas que rodean el balneario. La panorámica desde la altura es sobrecogedora y desde el Buddha Hall, lugar elegido para el retiro, cada tarde nos sentábamos a contemplarla y, aunque muchos desconocíamos lo ocurrido, podíamos sentir la fuerza de la historia de sus aguas cada vez que el sol se escondía detrás de ellos.

A diario nos reuníamos al interior de un lugar circular formado únicamente por grandes ventanales, los músicos solían sentarse justo al centro. La luz entraba libre durante las distintas horas del día y esa tarde iluminaba los oscuros cabellos de Angélika, que caían unidos en una larga trenza por uno de sus hombros; sus ojos estaban  cerrados mientras la cálida madera de un arpa descansaba en su otro hombro. Luego de algunos acordes ella abrió sus ojos volteando la mirada hacia Markus y comenzó la aventura.

Los padres de Angélika la criaron libre, dice plácidamente sentada bajo un árbol donde conversamos una mañana, no fue rebelde ni tuvo que romper reglas o costumbres y la creatividad fue protagonista en su infancia. Durante la hora de viaje rumbo a la escuela su madre aprovechaba de cantar y ella con sus hermanas jugaban a hacer distintas voces, entonces nunca se aburría porque le enseñaron a ocupar el tiempo.

Hoy intenta traspasar la espontaneidad que aprendió en casa a sus dos hijas, a quienes ella misma decidió educar siguiendo un programa Waldorf y el estudio de los libros de su fundador Rudolf Steiner, filósofo y educador austríaco creador de la ciencia espiritual antroposófica. Así las niñas son parte de lo que hacen sus padres, una pareja que se arriesgó con este modelo de educación libre para poder llevarlas con ellos a todos lados y, si bien no fue una decisión fácil, hoy ven los resultados en la sociabilidad de sus hijas que comparten sin problema con culturas muy diferentes y en varios idiomas. Pasan mucho tiempo en la naturaleza, aprenden las ciencias en los bosques o bañándose en un río; tienen el regalo de experimentar la escuela en vivo tocando y oliendo lo que muchos tuvimos que imaginar.

Una pareja que atravesó el miedo a ser diferente y hoy cantan por la paz mundial e interior. Su música inspira y abre el corazón de muchos que con ella han podido entrar en contacto con su ser profundo y han comenzado a trabajar traumas, penas y experiencias que los habían cerrado. Están convencidos de la necesidad de hacer esfuerzos conscientes para que las emociones se expresen, lo ven como una forma de adelantarse al destino y prepararse para enfrentar los desafíos que nos pone la vida.

LA CIUDAD DE LOS CASTILLOS

Afionas es otro de los atractivos naturales de la isla por sus originales formaciones rocosas entre las que se crean tranquilos golfos de aguas esmeralda, color característico del mar jónico. Se puede llegar en pequeñas embarcaciones apreciando la inmensidad de la roca o a pie, en una sencilla caminata que goza de imponentes vistas. Quizás es este uno de los paisajes más sublimes de Corfú; una isla cálida también en las ciudades, especialmente en Kastrópolis, una capital viva y despierta, declarada Patrimonio de la Unesco hace ya casi una década.

Es la ciudad medieval más grande de Grecia cuya plaza principal también es la más grande del país y, dicen, de Europa. La Spiana es enorme y se extiende entre la ciudad antigua y la Fortaleza Veneciana reuniendo a numerosos visitantes que llegan atraídos por el Liston, un elegante edificio que aloja exclusivas tiendas y cafés bajo sus viejos arcos.

Mientras subía por el sendero amurallado hacia la cima del Palaio Phrourio, en pleno centro del casco antiguo, me entretuve con las panorámicas y me perdí en el azul del mar pensando en cómo habría sido la vida de la princesa Córcira al lado de Poseidón y me di cuenta de que incluso hoy podemos robarnos la libertad entre hombres y mujeres. Entonces los vi a ellos, Angélika y Markus, libres, juntos pero libres, en una relación donde cada uno deja que el otro sea, para que desde ese espacio individual de crecimiento puedan crear el amor como si fuera un tercer espíritu o ser. Y es que la vida de a dos puede llegar a ser el yoga más difícil; un desafío donde se enfrentan los egos, se prueba la confianza en uno mismo y se desarrolla la humildad para hacerse UNO.

Revisa todas las actividades de Mirabai Ceiba en: www.mirabaiceiba.com
*Chile el 3 de noviembre - concierto en el Teatro Caupolicán
 En Grecia, Buddha Hall: www.corfubuddhahall.com

 

"Nuestras hijas pasan mucho tiempo en la naturaleza, aprenden las ciencias en los bosques o bañándose en un río; tienen el regalo de experimentar la escuela en vivo tocando y oliendo lo que muchos tuvimos que imaginar.

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