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EDICIÓN | Junio 2016

El comandante

Mario Salas Saieg, director técnico.
El comandante

Viñamarino, exseleccionado nacional de fútbol y de rugby, el actual entrenador de Universidad Católica tuvo una vasta trayectoria como futbolista antes de convertirse en el gran artífice de la obtención de la undécima estrella cruzada. “Este título se lo dedico a mi hijo Raimundo”.

Por Jorge Aldunate I. / fotografía Andrea Barceló A. y gentileza CDUC.

Mediodía del martes 3 de mayo en San Carlos de Apoquindo y Mario Alfredo Salas Saieg, de cuarenta y ocho años, luce radiante. Era que no, pues hace menos de setenta y dos horas que Universidad Católica se consagró campeón del fútbol chileno a su mando, dejando atrás seis años de frustraciones.

Desde muy temprana edad, “El Comandante”, como lo apodan por su identificación con Ernesto “Che” Guevara, deslumbraba a sus compañeros del colegio Mackay de Reñaca con el balón a sus pies.

PASIÓN POR LA OVALADA

Además de destacar en el fútbol, en su etapa escolar fue un alumno íntegro, al punto de ser elegido Head Boy, es decir, el líder de su generación en 1985. También era un excelente rugbista y representó a Chile en el Campeonato Juvenil de Rugby de 1986 en Mendoza, Argentina. Pero a pesar de su habilidad con la ovalada, primó el fútbol.

¿Qué recuerdos tienes de tu época de rugbista?
Yo jugaba de scrum-half. Por Old Mack’s jugué dos partidos y siempre recuerdo una anécdota: contra COBS en Santiago me pegaron un combo que me dejó knock-out. El día anterior había jugado por las inferiores de Everton contra Unión La Calera y como las camisetas de ambos equipos eran rojas, cuando intento reincorporarme les pregunto a mis compañeros por qué estábamos jugando otra vez contra Calera. No entendía nada. Después, tengo una laguna de uno o dos días y lo único que me acuerdo es que desperté en casa de mi amigo Pablo Escobar con un TEC. Esa fue una de las pocas anécdotas que tuve como rugbista, dado que ya estaba dando mis primeros pasos en el fútbol profesional.

¿Fue muy difícil optar por el fútbol?
Me costó mucho decidirme, porque desde chico jugaba rugby con mis amigos de colegio y lo pasaba súper bien. Sin embargo, opté por el fútbol porque me permitía proyectarme a nivel profesional.

¿Qué valores del rugby traspasaste a tu etapa como futbolista profesional y después como entrenador?
El tema de la cohesión de los equipos e ir siempre un paso adelante. El hecho de estar todos unidos en pos de un objetivo colectivo es fundamental, donde cada centímetro hay que ganarlo y lucharlo con la mentalidad de avanzar.

¿Qué significó haber sido elegido Head Boy?
Me marcó mucho. Sobre todo porque en ese entonces las autoridades determinaban una terna y los compañeros votaban. Si bien es una figura simbólica, el hecho de sentirte que eres la persona encargada de liderar una generación es una responsabilidad muy grande.

EL SUEÑO DE NIÑO

Mario Salas se inició tarde en el fútbol competitivo. En ese entonces tenía dieciocho años y vivía con sus padres, Mario y Elizabeth, y su hermana, Luz María, en el complejo “Los Ositos” de 10 Norte. El destino quiso que fuera vecino de René Orlando Meléndez, jugador insigne de Everton de Viña del Mar. Desde el balcón de su departamento, Meléndez veía como Mario despuntaba entre sus vecinos jugando en una cancha de baby fútbol y no dudó en invitarlo a probarse a las inferiores del cuadro oro y cielo, donde se desempeñaba como entrenador. “Yo me fui a probar a Everton el año 1986 a una edad tarde para el fútbol, cuando lo ideal es ingresar a los doce o trece años, pero tuve la suerte de que me fuera bien, porque es muy difícil llegar a esa edad a un club y que te den la posibilidad de jugar a nivel profesional”.

En las inferiores de la escuadra viñamarina fue adquiriendo experiencia, hasta que, en noviembre de 1987, Gustavo Cortés lo hizo debutar en el primer equipo. “Todavía recuerdo ese día: jugamos contra Deportes Concepción en Sausalito e igualamos 1-1. Significó mucho para mí porque fue el comienzo de mi carrera profesional”.

Tras seis temporadas defendiendo la casaquilla ruletera como volante central, donde llegó a ser capitán a los veintidós años, en 1993 recaló en Unión Española. En la tienda hispana ganó la Copa Chile 1993 y fue dirigido por Nelson Acosta, el mismo entrenador que en septiembre de ese año lo nominó por primera vez a la selección chilena para disputar un partido amistoso frente a España en Alicante. Luego de dos años en Unión, en 1995 fichó por otro cuadro de colonia: Palestino.

¿Fue un sueño cumplido llegar a la selección chilena?
Ser parte de la selección es el máximo objetivo de cualquier deportista y yo tuve la posibilidad de serlo tanto en el rugby como en el fútbol. No hay nada más hermoso que cantar el himno nacional en un partido.

Una buena campaña con los árabes le significó, a inicios de 1996, ser transferido a Colo-Colo. A Macul llegó a un equipo plagado de estrellas. Comandados por el guaraní Gustavo Benítez, ese año los albos se titularon campeones de la Copa Chile y del Campeonato Nacional. Además, internacionalmente alcanzaron las semifinales de la Supercopa. En 1997 ganaron el Torneo de Clausura chileno, repitieron la semifinal alcanzada en la Supercopa e hicieron lo propio en la Copa Libertadores, cayendo dramáticamente en penales ante Cruzeiro, a la postre ganador del certamen.

¿Qué significó llegar a Colo-Colo?
Yo me tracé dos metas cuando inicié mi carrera profesional en el fútbol: llegar a la selección y jugar en un club grande. Y los dos objetivos los cumplí. Esa época en Colo-Colo fue un período notable. Tuvimos muy buenos resultados a nivel nacional e internacional, lo que significó poder seguir proyectándome en mi carrera.

EL RETIRO

Tras perder continuidad en Colo-Colo producto de una lesión a la rodilla, posteriormente Mario Salas militó por varios clubes nacionales y tuvo una breve estadía en el fútbol chino. Finalmente, en 2001 retornó a sus orígenes y se retiró a los treinta y cuatro años en Everton, poniendo fin a quince temporadas de una ardua y exitosa carrera profesional.

Si uno le pregunta al hincha del fútbol por Mario Salas, en general te califican como un jugador sacrificado y aguerrido ¿Compartes esa visión?
Sí, así era yo. Un tipo muy comprometido por las causas colectivas y con los objetivos que se trazaban los equipos en los que jugué. Y sí, era un jugador muy aguerrido. No tenía problemas en jugar en ningún puesto.

¿Cuál fue el jugador que más te costó marcar a lo largo de tu carrera?
Siempre enfrenté a grandes jugadores. Pero el que más recuerdo fue Gerardo “La Vieja” Reinoso. El otro sumamente difícil de marcar era Alberto Acosta. Internacionalmente, Álvaro Recoba y Mario Turdó, un puntero izquierdo argentino de Independiente que me hizo papilla.

¿Alguna anécdota adentro de la cancha?
Tuve varias. La pelea que tuvimos con la gente de Cruzeiro por la Copa Libertadores en el estadio Monumental fue memorable, a tal punto que después tuvieron que instalar una reja divisora en el túnel de ingreso a la cancha.

BUZO TÉCNICO

Una vez consolidado su retiro como futbolista, Mario Salas se integró al staff de The Mackay School como profesor de deportes. Paralelamente, el 2003 ingresó al Instituto Nacional del Fútbol (INAF) para estudiar la carrera de Director Técnico, donde se graduó con honores en 2006. Tras varios años desempeñándose como monitor, ayudante técnico y otros cargos administrativos, finalmente en 2011 asume como entrenador de Barnechea, club con el que se consagra campeón de la Tercera División y logra ascender al fútbol profesional.

¿Qué significó pasar por todos los procesos formativos antes de llegar a ser técnico de Barnechea?
Como todas las cosas en el fútbol, para ser técnico hay que vivir etapas y yo las viví todas: dirigí en divisiones menores, colegios, universidades, fui ayudante técnico, preparador físico y coordinador. He vivido muchas experiencias que me han ayudado a desarrollarme y a fortalecerme como técnico. Todo ha sido bien metódico y estructurado, fiel a esta progresión en cuanto a ir quemando etapas.

Después de su periplo en Barnechea, en 2013 arribó a la selección chilena Sub-20, donde junto a sus pupilos clasificaron y disputaron el mundial de la categoría en Turquía, cayendo en cuartos de final 4-3 ante Ghana en el último minuto del alargue.

¿Qué técnico te marcó en tu carrera y con cuál te identificas a nivel internacional?
En mi época de jugador, Gustavo Benítez y Nelson Acosta. A nivel internacional me gusta mucho el trabajo que hace Arsène Wenger en el Arsenal.

CABALLERO CRUZADO

Una buena campaña en 2014 con Huachipato llamó la atención de Universidad Católica, elenco que en diciembre de ese año lo presenta como su nuevo entrenador.

¿Cómo calificas tu arribo a la UC?
Llegar a dirigir uno de los grandes de Chile es un sueño cumplido. Estar aquí para cualquier técnico es estar en un lugar de alto nivel y de alta exigencia.

¿Qué destacas de Universidad Católica como institución?
Es un club serio, organizado. Una entidad que tiene ambiciones, objetivos superiores y de alguna forma es coherente al pasarte todas herramientas para alcanzar el éxito. Además, es una institución bien humana, con excelentes relaciones entre sus estamentos.

¿Qué significó salir campeón al mando de los cruzados?
Lo máximo, pero con mucha tensión. Estuvimos dos minutos en la cancha esperando que terminara el partido de O’Higgins. Cuando nos enteramos que éramos campeones fue la máxima expresión de alegría y felicidad que he tenido profesionalmente. El título de ahora es llegar a la cúspide de algo que te has propuesto siempre. Significa el premio al trabajo y esfuerzo realizado. Pero también es un toque de alerta para no dormirse, para buscar y trazar nuevas responsabilidades. El ser humano cumple sueños, pero a la vez cuando los cumple tiene este tema de ambicionar nuevas cosas. Y en eso estamos ahora en la Católica.

¿Cómo se logró levantar a un plantel que en la penúltima fecha perdió con San Luis y tuvo que afrontar un final de campeonato sabiendo que dependían de otro resultado para gritar campeón?
Había un mensaje, que era pelear el campeonato hasta el final. Hubo mucha convicción del cuerpo técnico y de los líderes del equipo para que todos estuviésemos en una misma sintonía. Eso nos permitió lograr el objetivo. Uno nunca tiene que rendirse, hay que saber levantarse, ser optimista y estar plenamente convencido de lo que estás haciendo.

De los jugadores que lograron el título, ¿a quién destacas?
Aunque sea una frase cliché, yo rescato al equipo, al plantel. Nosotros fuimos un equipo en el que jugaron casi todos. Destaco la cohesión, el compromiso, el sacrificio colectivo para lograr un objetivo importante.

Tienes contrato vigente con la UC. ¿Cuál es tu objetivo en el corto y mediano plazo?
Lo primero es trazarnos objetivos en forma coordinada con la institución para seguir obteniendo logros. Todos los campeonatos se presentan como un desafío y nosotros somos muy exigentes en eso. Hay que seguir trabajando.

¿Es tu sueño llegar a dirigir en Europa y a La Roja?
Sí, me gustaría.

¿Cuál es tu mensaje?
Uno tiene que jugársela a concho por lo que cree, por perseguir los sueños. Y para eso hay comprometerse. Al hincha de Católica me gustaría decirle que siga creyendo en este equipo. Que siga apoyándonos como hasta ahora y que sepa que hay un cuerpo técnico y un plantel que va a seguir queriendo cosechar éxitos para el club.

¿A quién le dedicas este título?
A mi hijo Raimundo (20). Tengo una muy buena relación con él y siempre ha estado conmigo de forma permanente, al igual que toda mi familia. Lo amo mucho.

 

"Era un tipo muy comprometido por las causas colectivas y con los objetivos que se trazaban los equipos en los que jugué. Y sí, era un jugador muy aguerrido. No tenía problemas en jugar en ningún puesto”.

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