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EDICIÓN | Junio 2016

Mírame a los ojos

Psicóloga
Mírame a los ojos

El mirarnos a los ojos tiene que ver con la necesidad de descubrirnos y de descubrir al otro a través de la mirada. Requiere de valentía y coraje permitir que el otro me mire a los ojos y pueda descubrir lo que pasa dentro de mí sin máscaras. Devolver la mirada y permitir que el otro me mire es un acto pequeño pero importante para volver a recuperar las confianzas y, sobre todo, darnos el espacio de confiar en el mundo interior del ser humano.

Esta columna comienza a raíz de una conversación bastante intensa con mi marido, que se produce con la televisión prendida y en medio de la discusión logro apreciar que ambos nos “arrancábamos” de mirarnos a los ojos y nos “metíamos” en la televisión para no enfrentar la comunicación de tipo más directo.

Después empiezo a observar a la gente en los restaurantes, donde muchos, para no decir casi todos, revisaban sus celulares cada cierto tiempo y la dificultad para mirarse a los ojos era notoria y repetitiva.

Estamos en momentos de gran desconfianza en distintos niveles y el no mirarnos a los ojos disminuye la capacidad de establecer un contacto íntimo y confiable con los otros. Comentario aparte es lo que pasa con los niños a los cuales estamos educando sin ninguna capacidad de mirarse a los ojos, donde de verdad la tecnología les estaría impidiendo, o por lo menos dificultando, la expresión emocional y el desarrollo de algo que me parece fundamental: la intuición.

El mirarnos a los ojos tiene que ver con la necesidad de descubrirnos y de descubrir al otro a través de la mirada. Requiere de valentía y coraje permitir que el otro me mire a los ojos y pueda descubrir lo que pasa dentro de mí sin máscaras.

Revela honestidad, trasparencia y cierto desafío el encontrarse con el otro a través de la mirada, lo que permite al cuerpo desarrollar la intuición, esa que me informa si puedo confiar o no en la persona que tengo al frente.

Entre los anteojos y la tecnología perdemos, cada vez con mayor frecuencia, el contacto con el otro. Debiéramos ejercer la voluntad de apagar las pantallas para conversar y entrenar a nuestros hijos en el hábito de mirar a los ojos desde pequeños.

El mirar a los ojos genera confianza, credibilidad y desarrolla de mejor forma la conexión con el mundo interno y la capacidad de intuición.

Quiero invitarlos a preguntarse primero cuánto se están mirando a los ojos dentro de su familia y cuánto lo hacen dentro de su trabajo. ¿Cuánto le cuesta permitir que alguien lo mire a los ojos? ¿Le da nervios? ¿Lo incomoda?

Dicen que la mirada es el reflejo del alma, creo de verdad que si la mostráramos más, podríamos ser capaces de darnos cuenta de la bondad que hay en los otros y de la que yo también soy capaz.

Después de observar cuánto nos miramos a los ojos, los invito a hacer el ejercicio de hacerlo voluntariamente, tanto para permitir que lo haga el otro, como para facilitar el acto de que lo hagan con ustedes. A lo mejor descubrimos cosas de nosotros y también de las personas que tenemos al lado. Devolver la mirada y permitir que el otro me mire es un acto pequeño pero importante para volver a recuperar las confianzas y, sobre todo, para darnos el espacio de confiar en el mundo interior del ser humano.

 

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