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EDICIÓN | Mayo 2016

Con vista al mar

Andrés Letelier arquitecto urbanista
Con vista al mar

Subdirector ejecutivo de Creo Antofagasta, desde su conocimiento y experiencia apuesta por la creación de espacios públicos aprovechando el amplio borde costero de las ciudades del norte, cuyas características las hacen únicas, tanto por la extensión de sus playas como por su posibilidadintrínseca de mejorar la calidad de vida de sus habitantes

Por Claudia Zazzali C. / Fotografías Andrés Gutiérrez V.

El mar está presente en distintos momentos de la vida de Andrés Letelier, arquitecto urbanista hoy instalado en el norte gracias a su trabajo como sub director de CreoAntofagasta. Desde ese rol, es testigo privilegiado de cómo quienes aquí vivimos estamos cambiando la mirada y asumiendo que el futuro es nuestra responsabilidad y que debemos tomar decisiones ahora, para mejorar nuestra calidad de vida mañana.

Magíster en Diseño Urbano y Planificación de la Pontificia Universidad Católica de Chile, desde hace cuatro años vive en la ciudad compartiendo su fascinación por el borde costero con su esposa Paulina y sus hijos Martina de catorce años y Cristóbal de ocho, junto a quienes aprovecha al máximo este paisaje que entrega momentos maravillosos, que mejoran nuestra calidad de vida ¡y son gratis!.

Considerando las características del Norte de Chile ¿qué nota del uno al diez nos sacamos en el ítem "buen uso" de nuestro entorno?
En el norte tenemos casos notables, especialmente de jóvenes, los grupos de bodyboard, surfistas, buzos y vecinos, que nos están mostrando la riqueza enorme que tenemos por descubrir en nuestro mar y que parece que gran parte de las personas no vemos ni aprovechamos. A ellos les pongo un diez. Día a día usan, valoran y protegen el borde costero, porque ahí está su pasión, su espacio de liberación, su objeto de estudio o su fuente de ingresos. En segundo lugar, en términos de planificación urbana y territorial de los bordes costeros, todavía nos falta mucho por avanzar para tener planes y normativas más integrales y finas que permitan ofrecer mejores condiciones para un buen uso, valoración y cuidado de nuestras costas.

¿Cómo podemos los ciudadanos potenciar o exigir el uso de espacios en el borde costero?
Es muy importante que todos: vecinos, usuarios, organizaciones de la sociedad civil, autoridades, empresas, comunidad científica, podamos ir generando comunidades cada vez más activas para promover el uso sustentable de nuestras costas. Y al hablar de sustentabilidad es referido al mejor balance entre las actividades productivas, comerciales, recreativas, deportivas y culturales, con la protección y cuidado de la biodiversidad y el resguardo del derecho de las personas al acceso y goce de nuestras costas.

“Para esto es muy importante que se propicien instancias de diálogo más tempranas, permanentes y articuladas con la ciudadanía, especialmente con las comunidades de borde costero y donde se pueda participar de manera activa e informada en las toma de decisiones, y no solamente de forma reactiva, solo para enfrentar crisis o cuando se nos invita a “validar” hechos y proyectos consumados. Tenemos muchos ejemplos de este tipo de participación en nuestro país”.

Pero ¿existe ese nivel de compromiso en los ciudadanos?
En Antofagasta, destaco el esfuerzo de muchas organizaciones y personas de instituciones interesadas y ligadas al mar en participar en los talleres usuarios del borde costero, organizadas por Creo Antofagasta en conjunto con el Gobierno Regional y la Municipalidad, convocados para sentar las bases de un plan maestro global para el borde y propiciar un ejercicio de microzonificación para verificar el grado de compatibilidad y fricción entre las distintos usos y actividades existentes y proyectados, tanto en el territorio marítimo con en el terrestre. Efectivamente, una de las debilidades de los bordes costeros es que se regulan “a brocha gorda” con normativas muy amplias y ambiguas, de escala intercomunal que parecen no orientar de buena forma la toma de decisiones.

“No puedo dejar de destacar que, por la extensión del borde y la dificultad que conlleva mantenerlo y fiscalizarlo, es muy importante también que como ciudadanos nos comprometamos y podamos contribuir con nuestras acciones a su conservación y limpieza. Cada vez son más los vecinos y entidades deportivas que se organizan espontáneamente para la limpieza de playas y pozas”.

¿Cómo describirías el borde costero antofagastino y cómo se puede potenciar?
Varios sectores del borde costero están llenos de gente, pero en situaciones y espacios poco consolidados. ¿Qué significa esto? Que no existen espacios bien habilitados para usar el borde costero de modo sustentable y eso es contraproducente. La necesidad de organizar, no implica transformar los espacios en algo completamente duro y nuevo, sino que también es valorizando las características naturales cada lugar ofrece.

“Aquí en Antofagasta tenemos el borde costero más largo de Chile. Entre Coloso y La Portada hay casi treinta y seis kilómetros, es decir, diez kilómetros más largo que el borde entre Las Torpederas en Valparaíso y el extremo norte de Concón. Y eso implica un espacio enorme que habilitar, considerando que solo un diez por ciento de esa longitud cuenta con lugares utilizables con buenos espacios públicos".

¿Cuáles son los principales atractivos de este extenso borde costero?
La diversidad que nos ofrece, los acantilados de La Portada, las playas protegidas que permitan lugares seguros de esparcimiento para toda la familia, las pozas y roqueríos. La ciudad cuenta con lugares donde se pueden generar espacios protegidos y con acceso a las personas, con un enfoque educativo, como lo que se logró en La Portada. Se puede integrar la biodiversidad en circuitos que incorporen las rocas, las clásicas pozas. Tener este entorno contribuye de manera notable a mejorar la calidad de vida porque favorece la práctica de deportes, la vida en familia, la observación de aves o simplemente el relajo, al disfrutar de la brisa y el paisaje.

Es decir, aprovechar el espacio no sólo a través de grandes proyectos que puedan desarrollarse, sino que disfrutar desde experiencias más sencillas a las que todos podemos acceder…
Ya hay una cantidad importante de gente que aprovecha el agua como espacio público. Por ejemplo, mi hija, a las ocho de la mañana, me pide que la lleve a surfear. Para ella es tan importante, que muchas veces me dice que no sabe si podría vivir en una ciudad sin mar. Esa reflexión y los momentos que vivimos en torno a la vida en la playa son ejemplos de lo incorporado que tenemos al mar en nuestra cotidianeidad.

¿Qué te imaginas cuando hablamos de aprovechar espacios?
En el sector norte tenemos más de doscientas hectáreas para desarrollar un parque de primer nivel, aprovechando humedales y formaciones rocosas. También podría potenciarse lugares como la Isla Guamán que es maravillosa, es como el Valle de la Luna en el medio del mar. O la playa La Chimba, que se caracteriza por tener aguas muy tranquilas y que se pierde un poco por su accesibilidad.

Y si hay lugares tan atractivos ¿por qué es tan complicado recuperar el borde costero?
Uno de los grandes desafíos es la administración del borde costero y ahí tenemos mucho que avanzar a nivel país. Desarrollar el borde costero implica tener buenas regulaciones, un buen modelo de gestión y administración de los espacios. Es bastante difícil mantener obras a la orilla del mar y por esto es importante que las inversiones consideren los costos de operaciones y mantención que eviten que esos espacios públicos se deterioren con el tiempo.

CICLOVÍAS

Antofagasta en Bicicleta ya se está tomando la ciudad, y muchos ya se están sumando a esta iniciativa que busca fomentar la cultura ciclística y así potenciar el uso de este medio de transporte y diversión, en ciudades pensadas principalmente para autos y camiones, aunque la gran mayoría de la población no tiene vehículo propio.

¿Cómo se distribuye el espacio vial actualmente en Antofagasta?
En Antofagasta, más o menos un treinta y cinco por ciento de la población anda en auto, otro treinta y cinco anda en transporte y el treinta restante camina, a pesar de que nuestro espacio público no es muy amable para el peatón. Imagínate si se potenciaran esos espacios, si hubiera estacionamientos para bicicletas, si las vías para peatones fueran más anchas y cómodas.

¿Crees que hay una gran deuda en torno a la generación de espacios para peatones y ciclistas?
Hoy vemos que los programas de mejoramiento de vialidad son principalmente para calzadas para los vehículos particulares, incluso en aquellos barrios que la gente camina u ocupa transporte público, como en el sector norteoriente donde apenas un doce por cientro de los habitantes tiene auto. Ese es un enfoque equivocado porque por un lado se incita a la vida sana y el deporte, pero por otra parte cuesta caminar: las veredas son estrechas y de muy mala calidad, las ciclovías en algunos sectores apenas se puede circular, y sus tramos están desconectados unos con otros.

Las tendencias en el mundo privilegian el transporte público y las ciclovías, para que los niños puedan jugar de forma segura en las calles y plazas. Si tenemos ciudades más amigables para las personas, con buenos espacios públicos, también mejorarán las condiciones para el desarrollo económico de la ciudad, para atraer capital humano y retenerlo, entregando un buen lugar para vivir y visitar.

 

"Aquí en Antofagasta tenemos el borde costero más largo de Chile, con casi treinta y seis kilómetros. Y eso implica un espacio enorme que habilitar, considerando que solo un diez por ciento de esa longitud cuenta con lugares utilizables con buenos espacios públicos”.

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