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EDICIÓN | Mayo 2016

Talento de exportación

María Jesús Ponce Granic
Talento de exportación

Casi sin darse cuenta pasó de ser una recién titulada diseñadora de vestuario a una de las estrellas invitadas a uno de los eventos de moda más importantes del circuito. Con su encantadora personalidad logró hacer notar su trabajo y así, su marca, Saint Jesus Clothing, estuvo presente en las grandes ligas de la moda mundial.

Por Claudia Zazzali C. / Fotografías por Andrés Gutiérrez V. / Agradecimientos Balmaceda Arte Joven

Tiene apenas veinticuatro años y los últimos meses han sido de un vértigo intenso. María Jesús Ponce vivió una escena de película cuando pasó de ser la voluntaria simpática y colaboradora en busca de experiencia a una de las diseñadoras invitadas a las pasarelas del Vancouver Fashion Week, uno de los eventos más importantes en cuanto a vitrina y posicionamiento. Su gato se llama Hermes, lo que será un guiño de estilo para cualquier lector que sea fans de la moda y la elegancia. Y aunque durante un tiempo se sintió un poco decepcionada de las posibilidades que le ofrecía su profesión, sus padres, Juan Hugo Ponce y Jacqueline Granic, no la dejaron decaer y la impulsaron a confiar en su talento.

¿Cuándo decidiste estudiar diseño de vestuario?
Desde que tengo memoria, nada me entretenía más que dibujar y siempre supe que iba a estudiar algo relacionado con el diseño. Ya más grande me empezó a interesar de a poco la moda y, sobre todo, las ilustraciones, así que en primero medio decidí que iba a estudiar diseño de vestuario. En ese tiempo no era una carrera común y hubo gente que cuestionó mi decisión, diciéndome que podría estudiar algo mejor como arquitectura. Finalmente me matriculé en Diseño de Vestuario y Textiles en la Universidad del Pacífico en Santiago.

¿Tuviste muchos miedos al egresar?
A lo largo de la carrera me rendí varias veces por distintas razones y una de ellas fue cuando me di cuenta del poco campo laboral que efectivamente tenía mi profesión. Cuando salí no quería abrir una marca porque sentía que no estaba lista y sabía que no era fácil. Por otra parte, quería estudiar más, pero no en Chile; quería irme a trabajar como pasante de alguna marca extranjera y estudiar al mismo tiempo.

¿Qué buscabas al perfeccionarte?
Creo que es muy importante aprender siempre cosas nuevas y en universidades en el extranjero las oportunidades son distintas que acá, por la proximidad que existe entre grandes casas de moda y universidades o institutos, como Saint Martin’s School o Parsons.

¿Cómo te vinculaste con el Fashion Week?
Estaba viviendo en Canadá con mis papás, con el objetivo de perfeccionar el inglés. Vi un afiche en mi instituto en el que pedían voluntarios para backstage y no perdía nada intentándolo así que envíe un email. Al día siguiente me respondieron que fuera a una entrevista. Ese sábado fui y había cerca de sesenta personas postulando a este trabajo ad honorem que significaba hacer de todo un poco, es decir, ser asistente del asistente, vestir modelos, traducir comunicados y reseñas, ordenar, actualizar la cuenta de Instagram, hacer ilustraciones y escribir pases.

¿Qué sentiste cuándo comenzaste a relacionarte con las grandes ligas de la moda y las publicaciones más prestigiosas del circuito?
Desde el principio hice de todo y cada vez me pedían más cosas porque podían confiar en mí. Llegar a traducir comunicados y hacer ilustraciones fue lo mejor que me podría haber pasado; ya a esa altura estaba fascinada con todo lo que estaba realizando y disfruté al máximo esta experiencia.

¿Cómo era el vértigo de los preparativos de una de las semanas de la moda más famosas del mundo?
Creo que el primer día fue intimidante, pero después de eso disfruté cada momento haciendo cosas distintas, conociendo gente de todo el mundo y aprendiendo. Me volví a enamorar del mundo de la moda.

¿Cuáles son tus conclusiones de ese primer acercamiento al mundo de las pasarelas profesionales?
Creo que tuve mucha suerte al trabajar con gente tan talentosa, pero también pude comprobar que es un mundo muy competitivo, pero que sí se puede. Yo tenía los mismos conocimientos que algunos de los diseñadores que estaban ahí, tal vez no la experiencia pero la teoría sí. Eso me hizo caer en cuenta que podía hacer lo mismo que ellos.

¿Y cómo llegaste del backstage a la pasarela principal?
Trabajando en distintas cosas conocí a Jamal Abdourahman, dueño del Vancouver Fashion Week, una persona seria pero muy simpática. Él era de muy buen trato con todos y creo que jamás pensé que le había agradado tanto; siempre me veía trabajando y mi jefa le hablaba bien de mí y de mis ilustraciones. Un día me pidió ver algunos de mis trabajos; no tenía tantas fotos porque había cambiado el celular así que le mostré fotos de mis ilustraciones. Después de terminado el VFW pasaron alrededor de tres semanas y me llamó, diciendo que quería hablar sobre un trabajo. Lo primero que pensé fue que me ofrecería algo parecido a lo que había hecho, pero ya más formal y no de voluntaria, pero cuando llegué a la reunión mi sorpresa fue máxima.

¿Qué te dijo?
Que creía que era una diseñadora con mucho talento y tenía la disciplina para llegar lejos y que me ofrecía un cupo para el VFW de marzo 2016. Me parece que lo primero que dije fue: “are you kidding right?”… pero después entendí que debía creer en mi potencial y que tenía lo necesario para ser una gran diseñadora si me lo proponía. Al principio me emocioné, lloré, le dije lo difícil que era para mí creer que una persona con años de experiencia y tanta relevancia como él le diera una oportunidad tan grande a alguien que vio un par de veces. En Chile no pasan cosas así.

¡Apuesto que casi te desmayaste!
Estaba un poco ansiosa. Luego empecé a pensar en todos los “peros”, que en tres meses era casi imposible hacer todo lo que tenía que hacer, pero recordé que si lo había hecho en la universidad, sin dormir muchas veces, por qué no lo podría hacer ahora, en la oportunidad de mi vida, así que acepté. Tenía tres meses para abrir una marca, diseñar una colección, confeccionarla y presentarla en marzo.

LA COLECCIÓN

Escogió el nombre Saint Jesus Clothing para su marca, porque quería algo que jugara con su nombre pero que a la vez fuera muy versátil y le permitiera tener dos líneas, una más exclusiva y otra más urbana.

La colección que presentó se llamó “Knoted”, un juego en la palabra knotted (amarrado), pero suena como noted (destacado), la que fue resaltada por la prensa especializada, como la versión del Reino Unido de la revista Vogue y la revista canadiense Loulou Magazine, que la escogió como una de las diez mejores de la Semana de la Moda de Vancouver.

¿Cómo fue el proceso creativo?
Como tenía tan poco tiempo, lo dividí en dos partes. Para la parte creativa me tomé un mes en crear la colección, buscar inspiraciones en mi banco de imágenes y algunas telas de las piezas principales, las paletas de colores y todo lo del nombre de la marca, logotipo y tipografía. Los siguientes dos meses comencé con las decisiones finales del logo y la compra de algunas telas que me faltaban. Comencé la confección y me vi acorralada por la cantidad de trabajo. Necesitaba hacer veintiocho prendas para la colección de doce looks. En ese punto decidí que necesitaba ayuda de alguna costurera, pero como era época de vacaciones la mayoría se encontraba fuera de Santiago.

¿Qué hiciste?
Acudí a todas mis redes de apoyo. Por suerte, una amiga me ayudó con cuatro faldas, una costurera de Antofagasta también me ayudó en tres piezas y al final mi mamá, que tiene un don increíble para coser, llegó desde Antofagasta para ayudarme. Casi no paramos, pero junto a mi mamá terminamos la colección una semana antes de irnos a Vancouver y los últimos detalles un día antes de partir.

¿Hay huellas del norte en tus diseños?
De todas maneras. Varias fotos en mi banco de imágenes son de terrenos eriazos, cerros, grietas y noches estrelladas. Todo lo simple y oscuro me encanta y eso lo relaciono con la imagen que tengo del desierto. Convertir esas figuras del paisaje en formas geométricas es parte de mi trabajo. Cerros y grietas pasan a ser triángulos, las constelaciones infinitas de nuestros cielos son representadas por ojetillos que filtran la luz, como se ve en diferentes piezas de la colección.

¿Qué concepto hay detrás de Knoted?
Quería una colección simple y fluida, algo que me representara y también mostrara parte de lo que había hecho en la universidad, así que tomé mis inspiraciones y les di un enfoque donde mezclé mis mejores trabajos con un poco de mi historia personal y mi estilo.

¿Cómo fue el proceso de aunar con peinados y maquillajes?
Buscamos para las modelos un look serio, un poco monacal que juega con la marca y las líneas limpias de los diseños. Como los outfits ya contaban con nudos y detalles quería mantener el peinado y maquillaje más simples, sobrios, urbanos y la actitud fue lo que más les quise transmitir a las modelos.

¿Cuáles son tus proyecciones?
He estado trabajando en la nueva colección más urbana para vender a través de mi página y mi Instagram (@saintjesusclothing). También estoy haciendo pedidos de piezas personalizadas para eventos más específicos. Por lo pronto, me dedicaré a dar a conocer mi marca. Pronto volveré a Antofagasta donde voy a preparar nuevas colecciones para participar en marzo del próximo año en el VFW, donde estoy nuevamente invitada, y en Sao Paulo Fashion Week, donde planeo estar contra viento y marea.

 

"Todo lo simple y oscuro me encanta y eso lo relaciono con la imagen que tengo del desierto. Convertir esas figuras del paisaje en formas geométricas es parte de mi trabajo”.

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