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EDICIÓN | Mayo 2016

No se repite, solo se asemeja

Floreal Recabarren Rojas
No se repite, solo se asemeja

La situación actual referente a la seguidilla de despidos en la minería del cobre, no es ajena a la realidad histórica vivida en las viejas provincias de Tarapacá y Antofagasta. Estamos refrendando la situación vivida por el colapsosalitrero de 1930. Es el mismo modelo de exportación basado en commodities.

Aun cuando algunos historiadores asumen la tesis que la historia no se repite y para asegurarlo corean las palabras de filósofos griegos: “no nos bañamos dos veces en la aguas de un mismo río”, por lo menos se asemeja. Así, la situación actual referente a la seguidilla de despidos en la minería del cobre, no es ajena a la realidad histórica vivida en las viejas provincias de Tarapacá y Antofagasta. Estamos refrendando la situación vivida por el colapso salitrero de 1930. Es el mismo modelo de exportación basado en commodities. Nos aferramos a la exportación de un único recurso natural que nos ha proporcionado la naturaleza.

En China estornudó la economía y en Chile nos resfriamos tanto que todavía estamos guardando cama. Se terminó el tiempo de las vacas gordas y ahora estamos sufriendo el periodo de las vacas flacas. La baja en el precio mundial del cobre produjo el derrumbe de los puestos de trabajo. Se calcula la pérdida de ochenta mil colocaciones, considerando el total de las faenas de la minería.

LA HISTORIA SEMEJANTE

Esta historia deviene de tiempos pasados. Cuando el commodite era el salitre y ocurría la misma situación, con la diferencia que, en oportunidades, la baja en el precio del salitre era una situación natural del sistema económico, pero en varias otras, eran los dueños de las empresas puestos en convenio para bajar la producción de tal forma que la demanda del producto fuera superior a la oferta, en consecuencia subía el precio.

La estrategia patronal era conocida como “Combinación Salitrera”. ¿Quiénes pagaban los platos rotos?: en primer lugar, los trabajadores despedidos; además, los que permanecían recibían un salario más bajo. Luego el Estado, cuyo presupuesto de gastos era financiado en cerca del cincuenta por ciento por los ingresos del salitre. Bajando la producción se restaban los ingresos, creando una crisis fiscal. Entre 1884 y 1913, los empresarios organizaron cinco Combinaciones Salitreras, con dimensiones no conocidas hoy: en 1884 despidieron cuatro mil trabajadores. El Estado continuaba pagando: fletó varios barcos para trasladar a los cesantes al sur.

En 1930, gran parte de la población huyó de Antofagasta. ¿Cuál será la realidad actual de nuestra demografía? ¿Cuál ha sido el éxodo de personas? No tenemos cifras, pero indudablemente ha ocurrido.

A pesar de que nadie, ni la historia, se baña dos veces en las aguas de un mismo río, la verdad es que aún no aprendemos. No aprendimos antes cómo sustituir el aporte del salitre, hoy tampoco encontramos cómo sustituir la tragedia del cobre.

 

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