En una época en que se dan a conocer los proyectos culturales beneficiados con fondos públicos, surgen las interrogantes sobre cómo, por qué y quiénes logran llevar a buen puerto sus iniciativas.
Muchas veces ocurre que nombres de personas y organizaciones se repiten año a año dentro de los seleccionados. Y es que, como en todo, la práctica hace al maestro y, definitivamente, quienes nos tomamos en serio nuestro oficio también asumimos con seriedad el proceso de cómo convertir nuestras ideas en proyectos con objetivos, fundamentos y presupuestos, resultados medibles y nociones que, de alguna u otra forma, revelen el impacto que tendrá la obra en el público, ya sea generando debate, reflexión, disfrute, consolidando identidad o aportando al crecimiento del espíritu.
Detrás de cada idea artística o propuesta cultural debe existir disciplina y rigor, lo que incluye una correcta ejecución y una posterior transparencia de cuentas y balances de cualquier proyecto.
Por ello es fundamental continuar con la labor iniciada hace un par de décadas por los Fondos de Cultura que potenciaron el buen desarrollo de ideas, logrando que artistas y gestores fuéramos capaces de formar alianzas y apoyarnos con expertos a la hora de armar presupuestos y establecer plazos. Esto no solo es positivo en cuanto a una mejor distribución de los aportes, sino además para ampliar los conocimientos y competencias de quienes vivimos de este oficio que es el arte.