Pocos saben que detrás de esta marca de sábanas y plumones delicados y femeninos está el trabajo de una mujer chilena. Diseñadora por vocación, mamá de nueve hijos entre los tuyos, los míos y los nuestros, Nina Herrera conquistó un espacio en el mercado textil chileno con mucho trabajo, calidad a toda prueba y una familia completa como su gran apoyo.
Por Mónica Stipicic H. / fotografía Andrea Barceló A.
La tienda de Nina Herrera en Nueva Costanera es como una gran casa. Como la casa de los sueños de cualquier mujer. Camas vestidas de forma sobria y elegante, detalles en cojines, toallas y pieseras.
Entre medio del blanco, los bordados y el broderie aparece Nina. Acogedora y cálida, como sus propios diseños, rememora la historia de una marca que ya lleva veinticinco años en el mercado local. Todo partió cuando quedó embarazada de su novena guagua. Casada en segundas nupcias con Mauricio Riesco, viudo y con seis hijos, ella aportó con dos propios. Los tuyos y los míos recibieron a la pequeña Trinidad, la única hija en común.
“Ese embarazo coincidió con el matrimonio de la hija mayor de mi marido. Para las dos ocasiones empecé a buscar ropa de cama bonita y no tan cara. Y me di cuenta de que no existía nada en un rango medio de precios. O comprabas sábanas baratas o saltabas de golpe a las monjitas bordadoras que eran carísimas. Entre los treinta y los ciento cincuenta mil pesos había un vacío inmenso”, recuerda.
El tema textil y el diseño no le eran ajenos. Junto a su marido tenían una tienda de decoración en Providencia, donde además de muebles vendían cortinas y géneros, diseñados por la propia Nina, que también distribuían a través de Almacenes Paris, que en esos años era la única tienda por departamentos en la zona oriente de la capital. Por lo mismo, cuando se cercioró de que nadie vendía lo que ella necesitaba compró sus propias telas, consiguió varios metros de broderie y fabricó sus propios juegos de sábanas y cobertores.
¿Qué era exactamente lo que buscabas?
Quería algo lindo… y blanco. La gente pensaba que estaba loca, que cómo iba a tener todo blanco con tanto niño, pero siempre he creído que es lo más práctico, porque finalmente el blanco se puede volver a blanquear las veces que sea necesario.
¿Cuándo te diste cuenta de que esto podía ser un buen negocio?
Cuando empezamos a notar la reacción de la gente frente a lo que yo misma había hecho. Nos dimos cuenta de que existía un nicho completamente desatendido: el de la gente normal que quiere una buena sábana de uso diario.
La aventura partió comprando los géneros y bordados que existían en el mercado. De a poco, las grandes textiles comenzaron a fabricar líneas exclusivas para ellos. Se instalaron primero en la misma tienda del barrio Lyon, a poco andar debieron instalar una fábrica en Huechuraba y, cuando esta les quedó chica, una planta en Cerrillos. El nombre fue idea de Mauricio, quien desde el primer minuto se hizo cargo del área comercial: “le pareció que mi nombre podía ser atractivo y de fácil recordación, porque mezclaba dos marcas muy potentes en esa época: Nina Ricci y Carolina Herrera”.
EXPLOSIÓN DE DISEÑO
Aprovechando los vínculos comerciales que ya tenían con una tienda por departamentos, partieron colocando allí sus productos. El primer pedido fue desconfiado: sólo una docena de cada cosa. Una semana después estaban pidiendo reposición. Las otras dos grandes tiendas llegaron solas, definiendo al poco tiempo el modelo de negocios.
Pero la idea de la tienda propia seguía rondando. A pesar de que eran una de las pocas marcas que estaban presentes en las tres cadenas más importantes, la competencia era dura y, muchas veces, estaba dada por las marcas propias de cada una de las cadenas. Finalmente, hace ocho años se inauguró la tienda en el exclusivo sector de Nueva Costanera y que hoy vende mensualmente más que cualquier tienda del retail por sí sola. Pero detrás de tanto éxito hay un trabajo exhaustivo. Y la mano siempre presente de Nina Herrera. “Todos los productos que salen tienen mi pauta de diseño. Ya no estoy dibujando constantemente como antes, pero sí superviso personalmente a los diseñadores y sé perfectamente lo que quiero”. En estos veinticinco años han debido sobrellevar, entre otras cosas, la muerte de la industria textil en Chile y el boom de los productos chinos.
¿Cuál es la fórmula?
Tuvimos que salir a conseguirnos buenos proveedores en el extranjero, pero sólo para las telas. Todo lo demás queremos hacerlo con manos locales. Es cierto que ha habido tiempos más malos, pero sobre todo en esos momentos tenemos que pelear con la idea de masificarnos y disminuir la calidad. Nos hemos resistido a la tentación. Y felizmente hemos logrado seguir adelante con nuestra idea de no competir por precio, sino que por calidad y diseño. Con nosotros trabajan ciento cuarenta personas, y eso incluye talleres externos, centros de madres y familias que, a estas alturas, se han convertido en verdaderas Pymes. Nos da mucho gusto saber que hay padres que han podido educar a sus hijos gracias a su trabajo con nosotros.
¿Ha sido difícil hacerse un nombre en el mundo del diseño sin ser diseñadora?
No soy diseñadora, pero soy muy matea… mi marido siempre me dice que yo no leo las revistas, las estudio. Trato de estar lo más al día posible, mucho ensayo y error. He hecho algunos talleres, pero la clave está en que no me relaciono con mi equipo de trabajo desde una posición de divismo.
Todo lo conversamos, nunca me he sentido amenazada y siempre ha existido confianza para proponer nuevas ideas.
Muchos pueden creer que en la ropa blanca no existe la moda…
Claro que hay moda en esto, pero nosotros nos hemos negado siempre a hacer Fast Moda. Pero sí nos damos cuenta de que el diseño avanza muy en sintonía con el tiempo, los clientes cada vez son más cultos, ya saben de hilos, algodones, terminaciones y planchados. Es un desafío constante, porque cada día llegan nuevas marcas internacionales y hay que estar a la altura para poder competir.
EL RETIRO
“Nos consideramos una marca aspiracional y sabemos que para el segmento más alto somos el ‘desde’, es decir, el básico. Y nos gusta que sea así, porque eso significa que la gente se ha acostumbrado a dormir bien, con todo lo que significa. Antes el dormitorio no se veía, hoy nos gusta mucho más lucirlo y se hace mucho más vida ahí adentro”.
¿No está en sus planes internacionalizarse?
Sí, pero siempre hemos topado en el nivel de producción que eso nos exige. Quizás si hubiéramos sido más agresivos hoy estaríamos instaladísimos afuera, pero hemos sido bastante cautos. Pero la verdad es que hoy veo la necesidad de estar en más lugares. Lo que sí tenemos claro es que si salimos de Chile lo vamos a hacer a través de tiendas propias, no por retail. La idea es lograr ese objetivo de aquí a diez años.
¿Está a la vista el retiro?
Por supuesto. Mi marido ya ha ido dejando su puesto y hoy la gerencia general está en manos de mi hijo Pablo. Yo estoy tratando de formar mi reemplazo en el área del diseño, para empezar a entregar la posta también.
¿Cómo ha sido compatibilizar una empresa de este tamaño con una familia tan grande, donde además muchos trabajan juntos?
La verdad es que han sido dos empresas. Para ambas ha sido muy importante que Mauricio y yo nos mantuviéramos siempre juntos, como un pilar, un cimiento muy firme. El confía absolutamente en lo que yo hago en la casa y el trabajo. Y yo lo mismo. Es posible separar las cosas, pero la verdad es que esto nos gusta tanto que siempre terminamos hablando y ya es parte de nuestra vida. Lo que sí es que siempre hemos sido respetuosos de lo que han querido hacer cada uno de nuestros hijos y hoy sólo dos trabajan con nosotros.
"Tenemos que pelear con la idea de masificarnos y disminuir la calidad. Nos hemos resistido a la tentación. Y felizmente hemos logrado seguir adelante con nuestra idea de no competir por precio, sino que por calidad y diseño”.