En medio de una zona industrial, en la comuna de Quilicura, se abren paso doce mil metros cuadrados de árboles, jardines y del único museo de autos antiguos que hay en Santiago. Su fundador es un apasionado por las tuercas y un entusiasta amante de la historia
Por María Jesús Sáinz N. / fotografías Andrea Barceló A.
Lo primero que ven los niños que acuden a este museo es un automóvil partido por la mitad. Una de sus partes está deteriorada, tal como llegó, y la otra completamente remodelada. Gabriel Lira, creador del museo y de la fundación que lleva su nombre y que ha permitido a más de veintitrés mil niños en riesgo social visitar el lugar, dice que en ese vehículo se resume todo.
“Lo que yo quiero enseñarle a los niños es que los autos llegan en muy mal estado y pueden quedar regio, porque eso les permite aprender que pueden reparar cualquier cosa: una bicicleta, una guitarra o un mueble”, explica.“Si el niño tiene sesos, ganas e impulso, lo va a poder arreglar”, dice enfático, enumerando aquellas características que son fáciles de reconocer en él mismo. Porque inteligencia, ganas e impulso para realizar sueños, parecen sobrarle.
De otro modo no se explicaría que haya sido capaz de crear un museo, único de sus características en Chile, con más trescientosautomóviles antiguos que pertenecieron a familias chilenas, algunos desde los inicios del siglo pasado, en perfectas condiciones, además de fotografías, revistas especializadas, vestuario y una muestra de vehículos blindados del Ejército.
“La idea es que estos autos perduren en el tiempo, que se rescate la historia y que muchos niños que no tienen la posibilidad de acudir a museos de este tipo, puedan conocerlo”, explica.
¿Y por qué cree que no había nada similar?
Porque Chile no es un país de gente aficionada a los fierros. En países desarrollados como Estados Unidos, autos como estos, de colección, hasta el año 1950, hay doce millones y medio. Más de cuatro millones de personas viven de esto y hay más de cien revistas mensuales sobre el tema.
¿Y en Chile?
Piensa que mientras en Europa hay 800 millones 700 mil autos antiguos y en Argentina hay 900 mil, en Chile solo hay doce mil. Y de esos solo dos mil caminan.
¿Por qué?
Porque el concepto de ‘terremoto y picota’, la idea de que hay que deshacerse de todo, es muy fuerte en nuestra cultura. Además, nunca hubo autos caros, buenos en Chile. ¡Nunca, nunca! En el año 1900 un auto valía una casa. Hoy en día no hay ningún auto que valga tanto.
SOÑAR EN CUATRO RUEDAS
Creció en Malihue, una localidad que está frente al pueblo de Los Lagos, en una casa que recuerda como un verdadero palacio y que tenía una gran terraza donde pasaba las horas jugando con su hermano. Un día, una vecina inglesa que solía visitarlos a menudo, se apareció con un auto a pedales de regalo. “Yo nombré a mi hermano chofer oficial y tomé el puesto del acompañante que miraba hacia atrás”, recuerda.
¿Así nace su afición?
Supongo que ahí nació mi amor por los autos. Te queda en el chip. Luego, en mi juventud, uno de los deportes con mis amigos era sentarnos a mirar autos. A dos cuadras venían y adivinábamos la marca, al modelo, quién era el dueño y hasta con quién venía.
Hasta que pudo comprarse su propio auto….
La afición te queda y siempre dices bueno, cuando tenga plata me voy a comprar un auto viejo. Y un día te lo compras. Luego piensas, cuando tenga más plata, me compraré otro.
Y así fue como llegó a una cantidad enorme. “Treinta, cincuenta…. No me acuerdo”, dice sin darle importancia al número. Sí recuerda, a propósito de la muerte de un amigo coleccionista, que se dio cuenta de que sus automóviles podían desaparecer algún día si no hacía nada para preservarlos.
En unos terrenos que había comprado en Quilicura, construyó galpones de madera y comenzó a recuperar, reparar y exhibir sus autos. El año 2000 comenzó la construcción del edificio actual y para el 2010 lo inauguró como un homenaje propio al bicentenario de la patria. Hoy es el más grande, completo y variado museo de automóviles de Chile.
MARCAS Y AÑOS
Pasear a su lado por la muestra es toda una experiencia que muchas veces ofrece a los niños que acuden al museo gracias a la Fundación Gabriel Lira.
“Este es el auto más antiguo que tenemos, tiene motor de explosión, motor Otto. Fíjate que no tiene puertas. Es de 1908”, dice, mientras recorre el inmenso galpón y por sus parlantes se escucha música de los cincuenta. Luego se distrae con un auto que, sin estar remodelado, luce como nuevo. “Tiene apenas treinta mil kilómetros. Era de un señor de Viña y está muy bien conservado”.
A unos pasos, se detiene. “¿A qué te recuerda este modelo?”, dice apuntando un Mercedes 130 H de inconfundible parecido al escarabajo. Cuenta que fue diseñado seis años antes del popular automóvil por Ferdinand Porsche, quien trabajó para Mercedes Benz y que luego, bajo petición de Hitler, haría el reconocido modelo para Volkswagen.
También nos muestra un Armstrong Siddeley, vehículo inglés, de 1936, de motor y carrocería de aluminio con un preselector de marchas. Se trata de un convertible de dos puertas que en el capó tiene la figura de una esfinge.
Un poco más allá, un cabriolet de cuatro puertas, de impecable blanco. Es el Nash de 1928 que perteneció al presidente Arturo Alessandri. Curiosidades de un sitio repleto de modelos para todos los gustos.
Antes de partir es imposible dejar de hacerle la pregunta que todo el mundo le formula:
¿Cuál es su auto favorito?
Y para él es imposible dejar de contestar lo que siempre responde: “El que voy a comprar mañana”.
"La idea es que estos autos perduren en el tiempo, que se rescate la historia y que muchos niños que no tienen la posibilidad de acudir a museos de este tipo, puedan conocerlo”.