Germán Merino y Elisabeth von Brand son los artífices de un proyecto innovador y único a nivel mundial. Este matrimonio de profesionales y académicos de la UCN, integraron la acuicultura y la hidroponía para dar vida a truchas, verduras y hortalizas, mediante la recirculación del agua y bajo el virtuoso concepto de la acuiponía.
Por Verónica Ramos B. / Fotografías: Patricio Salfate T.
Hace diez años, Germán y Elisabeth compraron un terreno en Diaguitas. Las acciones de agua eran mínimas y la sequía comenzaba a dar sus primeras señales en la zona. Crearon su propio estanque de acopio y un sistema de riego por goteo, sin embargo, no fue suficiente para enfrentar las inclemencias de la aridez. El ingeniero en acuicultura y doctor en sistemas biológicos, aplicó sus conocimientos y formuló una idea que cambiaría radicalmente el destino de este lugar y el de su familia.
“En una oportunidad, conocimos a una profesional del INIA, que trabajaba en cultivos hidropónicos. Nos habló sobre soluciones nutritivas y de sus componentes. Como soy especialista en sistema de recirculación de agua para peces, pude identificar que esos nutrientes significan contaminación.
Esto me llevó a crear un sistema de tratamiento para eliminar ese problema ambiental y sobre ese escenario se generó la posibilidad de integrar la acuicultura con la hidroponía”, señala Germán Merino, y agrega con fundamento académico que, hasta hoy, su idea es pionera en el mundo.
Decidido en dar a conocer su proyecto, el ingeniero acuícola se acercó a la Fundación para la Innovación Agraria (FIA) y la respuesta fue que debía postular la iniciativa y competir con otros proyectos, para obtener un cofinanciamiento. Finalmente, desde el 2012 hasta fines del año pasado, la FIA creyó en la potencialidad de este innovador sistema y les adjudicó el sesenta por ciento de los recursos.
Desde entonces y dado el éxito de este sistema de acuiponía, Germán y Elisabeth han recibido —en lo que ellos bautizaron como Granja Agroacuícola Diaguitas— a una serie de especialistas chilenos y extranjeros, estudiantes universitarios y alumnos en práctica, interesados en conocer y aprender sobre este proyecto de biointegración.
EQUILIBRIO NATURAL
Cuando se adjudicaron el proyecto, comenta la bióloga Elisabeth von Brand, importaron los equipamientos técnicos e instalaron ocho estanques, los biofiltros y un invernadero.
Hacemos un recorrido por la granja y nos encontramos con un estanque que acumula el agua de riego, proveniente del río Elqui. Este provee del líquido a los estanques donde se cultivan los peces, pues aquí no existe ningún tipo de tratamiento, ya que su calidad está asegurada con análisis permanentes. Es en esta etapa donde se inicia un círculo virtuoso.
“Los peces reciben su alimento y cuando eliminan su excremento y orina transforman el oxígeno en CO2 y esos son desechos metabólicos. Si estos no los retiramos contaminan el agua y los peces se intoxican. Lo novedoso es que nuestros estanques tienen dos salidas, una superficial que lleva el agua hacia los biofiltros y otra, que es un tubo que va hacia el fondo del estanque y donde se acumula el material particulado o los desechos. Esto va a otro estanque, para acumular las aguas servidas. Esa agua nos sirve para regar las plantas que están en tierra. El agua de la salida superficial que viene con amonio de los peces entra a una pequeña piscina que está llena de tapas de botellas”, explica Elisabeth.
¿Y para qué sirven estas tapas plásticas?
Esto siempre genera curiosidad en las personas, porque es un elemento común y corriente. Las tapitas dan un sustrato o asiento físico a las bacterias naturales que están en el agua y transforman el amonio en nitrato y este es un fertilizante para las plantas. De este biofiltro, el agua pasa al invernadero, es decir, las plantas reciben el agua transformada…
¿Y con nutrientes?
Exacto. Este es nuestro segundo biofiltro, porque las plantas sacan todos los nitratos del agua y esta vuelve limpia a los peces.
¿En el invernadero la acuiponía sigue siendo el protagonista?
Así es, los nutrientes vienen de los peces, de manera que estos no son químicos. En los cultivos hidropónicos utilizan nutrientes químicos, por lo tanto, deben eliminar el agua, en cambio con este sistema de acuiponía nunca la votamos.
¿Qué cultivas en este invernadero?
Perejil rizado, cilantro, albahaca limón, de hoja fina, verde y morada, tomillo, orégano, cebollines, hierbabuena, menta, apio, ciboulette y distintos tipos de lechugas, entre ellas, ondulada, cherokee y ballerina. También estamos trabajando para hacer plantas de corte, es decir, sin las raíces y siempre estamos incorporando nuevos productos. Si te das cuenta, todas las plantas que cultivamos tienen muy acentuado su aroma, mucho más que los cultivos en tierra. Creo que es porque los nitratos están en su justa medida y no hay desequilibrio.
¿Y a quiénes proveen de estas verduras y hierbas frescas?
Entregamos directamente a los chef. Tenemos pedidos semanales y la persona que está a cargo de los despachos los entrega en La Serena, Vicuña y Pisco Elqui.
TRUCHAS FELICES
Mientras Elisabeth va relatando con orgullo la virtuosa idea de su marido, Germán no deja de hacer las innumerables tareas que tiene en la granja. Ambos son académicos de la UCN y solo disponen del fin de semana para dedicarse a su emprendimiento. Sus tres hijos también participan de los quehaceres y con la camiseta puesta ayudan a atender a los clientes y acompañan a sus padres a eventos y exposiciones. Germán y don Jorge, su ayudante, quien vive en Diaguitas y fue capacitado para hacerse cargo del proceso, alimentan a las truchas y mientras saltan decididas por su pellet, logramos observarlas. En medio del chapoteo que producen los miles de peces, Elisabeth afirma: “todo lo que hacemos con este sistema es sacar el máximo provecho al agua, porque con la misma agua cultivamos truchas, verduras, hortalizas y mantenemos las abejas”.
¿Qué características tienen las truchas que ustedes cultivan?
Son truchas felices, porque cultivamos a muy baja densidad y no se estresan. No usamos antibióticos y ningún tipo de medicamento, porque además no se enferman. No se mastican entre ellas. Cuando las densidades son muy altas, como en los cultivos del sur, suelen hacerse daño porque son carnívoras.
¿Cuál es el destino de esta producción?
Nosotros compramos los alevines de diez gramos en Río Blanco y los engordamos. Las primeras que salen a la venta son las truchas que pesan entre trescientos cincuenta y quinientos gramos. En los restaurantes le llaman trucha tamaño plato. También tenemos más grandes, de dos a tres kilos, que de preferencia las compran las familias. En La Serena hay dos restaurantes que son nuestros clientes y que incluyen en sus cartas platos preparados con truchas. También las entregamos al Jumbo y a particulares. El fin último de todo este proceso es el rubro comestible.
¿La reproducción de las truchas, está en los planes?
Somos un centro de engorda. No estamos autorizados para reproducirlas, sin embargo, no lo descartamos como una idea para hacer a futuro. Ahora las truchas no se reproducen en cautiverio, hay que obtener los huevitos, los espermios y hacer la fecundación.
¿Y hasta ahora el negocio ha sido rentable?
Hemos logrado etapas donde la empresa se ha autosustentado. Eso significa pagar las rentas, sueldos y luz eléctrica que es bastante cara porque las bombas funcionan todos los días, por esta razón instalamos paneles solares. Además, el año pasado con el temporal perdimos todo…
¿Qué consecuencias les trajo?
Fue terrible porque teníamos una cantidad significativa de peces que iban a ser cosechados para Semana Santa. Estaba sacando cuentas felices y vino este temporal que hizo colapsar el invernadero. Como hubo corte de luz durante cinco días, las bombas no funcionaron y un ochenta por ciento de los peces murieron, ni siquiera pudimos hacer una cosecha de emergencia… en ese momento pensé en cerrar la empresa, en cambio, Germán sentía lo contrario.
¿Qué te hizo cambiar de idea y continuar?
Estábamos a poco tiempo de terminar el proceso de cofinanciamiento con el FIA y como ellos consideran que este proyecto ha resultado ser emblemático, consiguieron unos fondos de reconstrucción. A principios de abril del año pasado, nos adjudicaron los recursos, pero los recibimos en octubre. Eso nos afectó, pero finalmente logramos reponernos…
Y reinventarse
Sí, lo importante es mantener un sistema estable de cultivo, mejorar las ventas y los canales de distribución. Estamos enseñando a las personas a cocinar las truchas y hemos realizado varias degustaciones. En lo personal, me gustaría tener una sala de transformación de alimentos y generar un valor agregado, por ejemplo, con pastas envasadas, mermeladas y distintas preparaciones. Lo otro, es hacer un quincho gourmet, donde las personas puedan degustar, cocinar sus propios platos y comprar nuestros productos. Es un sueño… con esto se cerraría todo el proceso.
"Las plantas que cultivamos tienen muy acentuado su aroma, mucho más que los cultivos en tierra. Creo que es porque los nitratos están en su justa medida y no hay desequilibrio”