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EDICIÓN | Mayo 2016

Nuevos aires

Tendencia Full Design

De la mano de tres prestigiosos arquitectos, hicimos un barrido de lo último en materia de planeación y diseño, y nos detuvimos en el momento actual de la arquitectura chilena, con aquellas hermosas edificaciones que tanto están dando que hablar fuera de Chile y que visten nuestra costa y los lagos del sur. La mirada de Felipe Assadi, Leo Carreño y Nicolás Loi.

Por Carolina Vodanovic G. / Fotografía gentileza de Marcos Mendizábal y Fernando Alda

Si en algo estamos todos de acuerdo es que la arquitectura nacional atraviesa por un muy buen momento. Pero claro, no ha sido magia; este resultado —con Alejandro Aravena y su Pritzker como punto más alto— no es sino consecuencia del concienzudo trabajo que se ha venido desarrollando en Chile durante las dos últimas décadas. Últimos años en los cuales hemos visto, a nivel usuario, un explosivo crecimiento en las construcciones y reconstrucciones de viviendas de gran nivel y diseño, no solo en Santiago, sino a lo largo de toda la costa chilena.

“Se ha generado un círculo virtuoso que de forma acumulativa ha hecho progresar a la disciplina. Por un lado, la condición geográfica de cercanía de Santiago y otras ciudades importantes con la costa, sumado al desarrollo económico del país, ha permitido a las personas de ciertos recursos construirse segundas viviendas. Dado que estas viviendas de veraneo son siempre menos estructuradas, ofrecen al arquitecto mayor libertad de diseño, lo cual genera obras de gran calidad arquitectónica. Esta buena arquitectura de viviendas en la costa brinda un catálogo de obras que se visibiliza a través de los medios y esto produce una conexión y motiva a los clientes a contratar buenos arquitectos para sus proyectos”, explica Nicolás Loi, arquitecto de la Universidad de Chile y máster en Arquitectura de la Universidad de Harvard.

Para Felipe Assadi, magíster en Arquitectura de la PUC y Decano de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad Finis Terrae, el buen momento de la arquitectura nacional, y el renombre que está alcanzando fuera, pasa porque “hemos ido consolidando un modo de hacer bien las cosas, sin fuegos artificiales, ni mucho ruido. Hemos madurado mucho en las dos últimas décadas. Antiguamente nos creábamos historias, anécdotas que justificasen nuestras habilidades para resolver un problema inexistente que terminaba siendo un hecho formal. Ahora, en cambio, las mismas condiciones de geografía, clima, población, economía y política nos han cambiado el lente. A la enseñanza de la arquitectura también”.

Nicolás Loi, quien lleva más de una década compatibilizando su actividad profesional con la docencia, afirma que la enseñanza de la arquitectura ha ido enfocándose hacia la sustentabilidad de los proyectos, “proyectos inteligentes, lógicos, sencillos, donde prime una actitud muy racional en el sentido de buscar las soluciones apropiadas y sustentables para cada desafío de diseño, sin incurrir en nada adicional respecto a lo necesario”.

Ese modo de hacer bien las cosas que alude Assadi, sumado a esta actitud de diseño de los arquitectos nacionales, que tiene que ver con utilizar muy bien los recursos y generar valor agregado y calidad, gastando lo menos posible, hacen que hoy en día la lupa apunte a este pequeño país del sur del mundo.

“Antes de los noventa, la arquitectura chilena casi no se publicaba a nivel internacional, salvo algo de la Católica de Valparaíso, con uno que otro proyecto en Ritoque. Ahora hay muchas publicaciones españolas de casas y ahí las obras chilenas se dan a conocer, porque son de buena calidad, con buenos arquitectos, clientes con recursos y espectaculares paisajes”, asegura Leo Carreño, arquitecto PUC y máster en Arquitectura de la Universidad de Florencia.

Y si de casas de gran calidad y buenos arquitectos se trata, basta con mirar algunas de las propuestas que nuestros entrevistados, todos de la generación de los noventa, destacan, sobre todo en las afueras de la ciudad, playas, lagos y campos.

LEO CARREÑO

Carreño ha desarrollado muchos proyectos de viviendas unifamiliar fuera de Santiago y, en particular, las casas a orillas de los lagos sureños llaman mucho su atención. “Ahí hay muchos temas para integrar; además de la vista al volcán y el borde del agua, hay que ver de dónde vienen los vientos predominantes para proyectar terrazas protegidas, además de lugares techados para almacenar la leña, autos y botes, quinchos para días con lluvia, ventanales para días oscuros… En el lago Rupanco planteamos, junto a mi socio José Manuel Barros, una casa con las alas a punto de levantar vuelo hacia el paisaje, justo en el borde de una loma mirando el brillo del agua; el volcán Puntiagudo, por un lado, y el sol del atardecer, por el otro”.

¿A tu juicio, qué elementos no pueden faltar a la hora de concebir una casa en la costa, en los lagos o en la montaña?
Son indispensables los aleros amplios, las terrazas bien orientadas y protegidas, cocinas americanas para compartir en familia y también preocuparse por el tema de la seguridad en el mismo diseño, como tener accesos visibles y en altura.

“Tratamos de usar materiales de la zona, como madera, piedra y arena, aparte de la mano de obra calificada del sector. Hay que proyectar casas con buen asoleamiento y materiales aislantes, no tan desplegadas y más compactas. Los elefantes blancos son lo menos ecológico del planeta”.

¿Cómo se relaciona tu propuesta arquitectónica con el paisaje y el territorio?
Mi obra se vincula con el territorio a través de la orientación, la estética, los materiales y el respeto. En general, siempre busco la liviandad; esto no significa que sea un palafito, sino pensar en la horizontalidad de los trazos y el desfase de elementos como muros, ventanas y pilares, que den la sensación de movimiento y no de pesadez.

NICOLÁS LOI

Distinguido en diversos bienales de arquitectura tanto en Chile, como en Argentina y Ecuador, Nicolás Loi plantea su trabajo desde la sutileza, con obras elegantes y sobrias, pero a la vez cálidas y amigables con el entorno.

“Combino diseños contemporáneos y sobrios con materiales más rústicos como madera, piedra, albañilería u hormigón a la vista. Me interesa que el resultado final de diseño de una obra sea el resultado de la obra constructiva que utilicé. De este modo intento que la arquitectura elimine más que agregue, siendo una técnica de reducción más que de adición y así la técnica constructiva será la protagonista del resultado formal”.

A su juicio, la sustentabilidad juega un rol importante a la hora de planear y diseñar una casa. “El diseño sustentable en arquitectura no es ninguna fórmula científica ni algoritmo complicado: es simplemente sentido común, como orientar adecuadamente una vivienda, generar ventilaciones naturales, evitar con técnicas de diseño asoleamientos excesivos en verano o pérdidas de calor en invierno y generar aislaciones adecuadas. Es simplemente diseño inteligente”.

¿Cómo se vincula tu trabajo con el entorno?
Me gusta la idea de que el proyecto se integre a la naturaleza, utilizando en los materiales de construcción los mismos colores y texturas del lugar. Ahora estamos haciendo un par de casas en el lago Ranco y en Matanzas, y cada lugar es diferente y presenta oportunidades y desafíos distintos. Creo que los proyectos deben intervenir lo menos el entorno natural. Me gusta jugar con la geometría del lugar. Loi asegura que en estas casas el cliente busca una experiencia de vida diferente a la vivienda en la ciudad. “El diseño está mucho más enfocado a un tipo de estancia más informal y casual, al compartir en familia y con amigos y al estar en un estado más de relajo. Hay un enfoque de mayor continuidad y flexibilidad de los espacios: cocinas abiertas y áreas exteriores muy integradas y relacionadas a los interiores”.

¿Qué elementos no pueden faltar a la hora de concebir una casa en la playa o en un lago?
No puede faltar el “espacio intermedio”, aquel que no es ni interior ni completamente exterior: me refiero a las terrazas, quinchos, parrones y todos estos espacios que finalmente son casi los más importantes en una casa de veraneo.

FELIPE ASSADI

Autor de cuatro monografías, tanto en Chile como el exterior, e invitado permanente a exposiciones y proyectos en Latinoamérica y EE.UU., ha construido muchas y variadas casas en la costa chilena. “Para mí cada casa ha sido diferente, aunque a ojos expertos se encuentren coincidencias. La primera se construyó en la pendiente a través de una caja inclinada, monolítica y mono material que no busca otra cosa que acostarse en el terreno a orillas del mar (ver foto superior). La otra, en cambio, es una propuesta de casa modular prefabricada de bajo costo, para demostrarle al mercado que tener una casa en la playa no es sólo para ricos y que tampoco construyo casas impagables”.

Si de infaltables se trata, para Assadi las vistas en la costa y en los lagos son, lejos, lo más importante. “Si haces una casa en el mar y no te la juegas en las vistas, la orientación y el emplazamiento, simplemente eres un pésimo arquitecto”.

Respecto a la oferta actual de segundas viviendas, asegura que “se ven buenas casas, amparadas bajo el alero de una arquitectura que se pasa de vuelta de contemporánea. Gusta, se vende bien y ya se incorporó en el imaginario local y cuesta poco trabajo hacerlas. Son buenas casas, correctas, tranquilas, sin mucho error, pero sin riesgo tampoco”.

Assadi es uno de los sesenta y cuatro prestigiosos arquitectos participantes del proyecto Ochoalcubo, una propuesta pionera para la arquitectura nacional que fue definida como un “proyecto armónico”, donde en grupo de ocho arquitectos y en ocho etapas, crearán ocho conjuntos de ocho casas.

“Logré un acuerdo conmigo mismo, sin pelearme a muerte con mi otro yo, cosa que me suele pasar en todos y cada uno de los proyectos en los que participo. Quedé en paz con la propuesta, siento que esa es la importancia de este proyecto, no por estar al lado de uno u otro galardonado. Esa casa, al igual que la de Bahía Azul, el Pabellón 4 Usos, y otras obras recientes aún no publicadas, es una síntesis de una complejidad que mezcla este contexto de muchas casas muy cerca una de la otra, de acercarse al mar en un paisaje alucinante, y de querer desaparecer del contexto inmediato, casi como si fuese nada más que una vereda hacia el mar”.

 

"Si haces una casa en el mar y no te la juegas en las vistas, la orientación y el emplazamiento, simplemente eres un pésimo arquitecto”, Felipe Assadi.

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