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EDICIÓN | Mayo 2016

EN LIMA AUSENCIA

EN LIMA AUSENCIA

FICHA TÉCNICA: Arquitectos: Sandra Barclay & Jean Pierre Crousse (www.barclaycrousse.com) / Colaboradores: Paulo Shimabukuro, Carlos Fernandez, Rosa Aguirre, Mauricio Sialer / Ingeniero: Raúl Ríos / Construcción: ALTESA / Mandante: Comisión de Alto Nivel para la Gestión e Implementación del Museo de la Memoria, Ministerio de cultura de Perú / Año de concurso: 2010 / Inauguración: 17 de diciembre de 2015 / Superficie construida: 4.896 m2 / Superficie terreno: 7.573 m2 / Ubicación: Bajada San Martín 151, Miraflores, Lima, Perú / Materialidad principal: hormigón armado, acero, piedra canto rodado / Programa de recintos: Salas de exposición, auditorio, centro de investigación, plazas exteriores, áreas verdes, servicios y estacionamientos (LUM: Lugar de la memoria, la tolerancia y la inclusión social. http://lum.cultura.pe).

Texto y Fotografía: Sacha Sinkovich, Arquitecto ( www.sachasinkovich.cl )

En la zona costera de Lima, en el frente de los acantilados verdes y dominando el Océano Pacífico, se “abalcona” un nuevo museo y Lugar de la Memoria que nos trae a enfrentarnos al dolor surgido por los movimientos Sendero Luminoso y el MRTA (Movimiento Revolucionario Tupac Amaru) entre los años 1980 y 2000.

El conjunto emerge como un cuerpo de contexto, enraizado en el paisaje agreste y rescatando el cielo y el mar. Es también un encuentro con un suelo particular (piedra de canto rodado), donde el entorno se rasga, para producir un semi-entierro donde se busca la intimidad, pero siempre con la latencia de la luz. Así el volumen se contrasta con el cerro por su costado sur (con ventanales verticales), mientras que por el lado norte, se conecta a una plaza pública (“Explanada de la Reconciliación”).

Podemos acceder en vehículo o como peatón, y es la segunda manera las que nos entregará un mejor diálogo con el edificio como memorial en una instancia de introspección. De este modo, por fuera, la fachada sur es la de la sombra, la del sendero individual, mientras que la del costado norte, la iluminada, es la que nos trae al día a día, con la cuota de esperanza y teñida de verde.

Entonces ingresamos por la herida del suelo, en un surco entre el edificio y lo natural, donde somos conducidos desde fuera al circuito interior ordenado por una rampa que recorremos en una suerte de procesión forzada hacia lo alto y el mundo exterior ausente o parcializado. Junto a la rampa, algunas salas se van sucediendo en niveles, recordando el sistema constructivo andino de terrazas, y donde el conflicto acaeció de modo más oculto. Hay un recorrido de significado pero también se convierte en una vivencia. Nos salimos de la ciudad, nos sumergimos en esta realidad, y luego retornamos a nuestro habitual quehacer, pero ya con una perspectiva distinta.

El vacío interior es un todo (de múltiples alturas), interconectado por dos fachadas (norte y sur), mientras que la oriente se ausenta y se entierra, la poniente se proyecta y se asoma hacia el mar. La luz sur se trasmite al interior, quieta, mientras que la norte se filtra, evitando el sol. Es la creación de una condición fría (no sólo climática) sino que buscando la intimidad como en un mausoleo.

Así como entramos introspectivos, cerramos nuestro recorrido y comenzamos nuestra partida emergiendo por la cubierta del edificio (“el lugar del congojo”), donde el cielo lo domina todo y sólo al final nos reencontramos con el horizonte, su calma y su extensa memoria. Si bien no estamos ante un mausoleo, la historia contada en su interior nos hizo navegar por una instancia casi sagrada, en un modo eclesiástico de quietud y respeto, con distintas escalas de silencio, y desde donde sentimos que nos podemos retirar con una extraña sensación de paz.

Distintas son las motivaciones políticas que producen una instancia de dolor y ausencia como la que podemos ver en nuestros museos de la memoria de latinoamericana, pero el resultado de ruptura del vivir es similar. Los dolores no se emparentan, pero son expresiones de nuestra débil humanidad, un recuerdo a la fragilidad y a la torpeza.

La propuesta de este lugar es la de generar reconciliación, y para ello pone en conflicto la realidad de la violencia y la memoria política (que es lo expuesto) en oposición al paisaje que es lo natural y la marca de la calma.

“Cada país siente y rememora a sus desaparecidos de una manera distinta. El dolor inconmensurable e inimaginable de la pérdida es lo transversal”.

 

NOTA: En febrero y marzo de 2014 (Tell 140 y 141-Viña) escribí dos artículos homónimos, porque la ausencia es aquello que nos cruza a muchos países de Latinoamérica, y es prudente colocar los tres casos en contexto, siendo parte de una misma realidad (no política), que no se debe olvidar. Antes estuvimos en Montevideo y Buenos Aires, ahora es el turno de Lima.

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