La reina ha marcado un estilo sin estridencia, así como lo ha hecho también en el desarrollo histórico de los últimos sesenta años. He seguido e investigado su historia desde siempre por curiosidad personal. Ha pasado muchos gobiernos, otras tantas guerras, problemas políticos, económicos y personales, pero ella ha permanecido impertérrita, haciendo honor a esa flema inglesa tan característica.
El lente de los fotógrafos la ha mostrado en todos los ámbitos posibles: desde ceremonias reales, cargada de joyas y una corona que pesa, a estar en el campo paseando a sus queridos perros o disfrutando en familia con los nietos y bisnietos, que la han acercado tanto al pueblo inglés como al mundo entero.
Me imagino sus clósets, llenos de vestidos, tapados, sombreros, guantes y zapatos, siempre en el mismo modelo y altura de taco, para que la acompañe con comodidad en las distintas ceremonias.
Llama la atención que use cartera, generalmente el mismo modelo tipo rectangular con asa corta, que ella cuelga de su brazo. Reparo en esto porque si ponen atención la mayor parte de los personajes públicos femeninos no la llevan; fíjense en reinas, princesas y presidentas.
Ella es una persona mayor que no le teme en absoluto al color, tanto es así que amarillos, rojos, blancos, los azules y verdes en toda su gama, son parte de su vestuario público, en el cual ningún detalle queda al azar.
Una gran figura del siglo XXI, que mantiene la tradición y el protocolo, pero que, además, nos da una imagen de mujer vigente, fuerte, clara y decidida en donde los años no importan.
¡Hasta la próxima!