Brian Johnson, el cantante de AC/DC, se ha quedado prácticamente sin capacidad auditiva, con particular daño en su oído izquierdo. En la última gira del álbum Rock or bust (2014) le costaba muchísimo escuchar las guitarras. Y si no puedes escuchar los monumentales riffs de Angus Young, el asunto pinta grave.
Lógico imaginar que los años de carretera y presentaciones a todo volumen le pasaron la cuenta. Pero eso es relativo. Desde hace décadas que los músicos profesionales manejan sistemas de retorno más sofisticados. La muralla de amplificadores Marshall tan típica del rock clásico, funciona más como escenografía. Lo que al cantante con look de camionero lo dejó casi sordo fue su afición como piloto de carreras de autos. Johnson fue irresponsable, por decirlo de manera amable. “Se me olvidó ponerme tapones bajo mi casco”, confesó en marzo. Luego en abril, cuando confirmó su alejamiento de los escenarios por urgente instrucción médica, el duro cantante mostró su vulnerabilidad. “Nunca me había sentido peor en mi vida”.
Si a AC/DC no lo detuvo, en 1980, la muerte del legendario vocalista Bon Scott, tampoco la salida por demencia del fundador Malcolm Young en 2014, menos el obligado alejamiento del pendenciero baterista Phil Rudd el año pasado, no debiera causar tanto autoflagelamiento entre los fans que el líder Angus Young decida continuarcon el volátil Axl Rose cubriendo el resto del tour, que debiera llegar a Chile antes de fin de año.
¿Sigue siendo AC/DC? Por supuesto. En el rock cambiar integrantes claves está en la génesis. Grandes instituciones como The Rolling Stones, The Who y Pink Floyd lo hicieron. Y si existe una banda que ha hecho oídos sordos a la rotación de personal, esa es AC/DC.