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EDICIÓN | Abril 2016

Pintando a Andrés Sabella

María Canihuante Vergara
Pintando a Andrés Sabella

“¿Y si hacemos un mural de Sabella? Así, los bienes del espíritu sabelliano estarán a la entrada, en los pasillos, en las salas. Y el pasajero comprenderá visualmente el gran legado del poeta que debemos difundir”. La idea queda flotando… Antofagasta podría tener un gran mural en su Aeropuerto Andrés Sabella.

Un llamado telefónico atrae mi atención. Un pintor amigo me pide revisar imágenes de Andrés Sabella, a lo cual accedo, y fijamos reunirnos por la tarde. En mi escritorio exponemos varias fotos de nuestro poeta. De ellas, el pintor elige tres. Las fotografía y me dice que en algunos días más tendré sus noticias. Este anuncio despierta mi curiosidad. Aprovechando su presencia, le comento que tenemos un gran proyecto para dar un espacio al arte y la cultura en el “Aeropuerto Andrés Sabella”: la creación de una escultura de bronce, de tamaño natural, con un Andrés sentado en un escaño, que permita la interacción con el público, ubicado de tal manera que el vate permanezca mirando hacia el desierto que tanto amó, cantó y encantó, ese “desierto que lleva en sus espaldas la lejanía de unas tierras poderosas y tercas”. Esta obra está encargada a un reconocido escultor quien, por estas fechas, trabaja en los bocetos. Al escuchar esta noticia, el artista se manifiesta encantado, porque esa obra escultórica va a permitir, a quienes no conocieron al poeta, tener una ideade su materialidad, cómo era, conocer sus rasgos. A la vez, esta obra va a permitir fotografiarse con el poeta.

Alguna vez, Andrés dijo: “Cuando se reúne el escultor y el escritor, afrontando un tema, la suma de esta unidad proporcionará obras donde será posible hallar sensibilidad y médula”. Y esa es la idea; unir la obra poética de Andrés con los buriles del escultor. Indudablemente, el resultado será magnífico.

El amigo nuevamente alaba la idea y se despide.

Pasan algunos días, tal vez una semana. El artista llega a mi casa con una gran tela. La descubre y… allí está Andrés Sabella, su figura, su mirada inquisidora. Son sus rasgos, indudablemente. La línea de su nariz es inconfundible: es la misma de su padre Andrés Sabella Signora y de su tío Simón, rasgo indiscutible de su origen palestino. Es un Andrés más joven, más delgado, lo cual considero un gran acierto, rescatar a un Sabella joven. El Andrés de nuestra adultez, el Andrés viviendo en Uribe 666, paseando por nuestras calles, conversando con tantos y tantos amigos que encontraba en su paso por las calles, es la imagen que más se ha difundido del poeta: un Sabella ya de edad madura. Era hora de difundir otras imágenes de nuestro vate.

Al mirar esa pintura, vuelvo a ver al querido maestro, en el Liceo de Niñas de Antofagasta, sus clases entretenidísimas, siempre con la anécdota, la vivencia, el relato de aquella vez en que conversó, compartió, con el autor que estábamos estudiando. Es el Andrés incansable, el profesor cuyas clases eran una fuente inagotable de conocimientos literarios, en que desfilaban autores nortinos, nacionales, mundiales. En sus años de estudiante de Derecho, su mayor dedicación y preocupación fue la Literatura. Y, tras esos lentes, observamos sus ojos risueños, un tanto irónicos, como preguntándonos cómo era posible que no nos recordáramos de tal obra, de tal fecha o de tal escritor.

El autor ha recordado la conversación sobre las obras de arte en el Aeropuerto Andrés Sabella. Y, de repente, surge de él la fantástica idea: “-¿Y si hacemos un mural de Sabella? Así, los bienes del espíritu sabelliano estarán a la entrada, en los pasillos, en las salas. Y el pasajero comprenderá visualmente el gran legado del poeta que debemos difundir”. La idea queda flotando… Antofagasta podría tener un gran mural en su “Aeropuerto Andrés Sabella”.

Miro de nuevo el cuadro que me presentan y Andrés parece sonreír. Ha escuchado nuestra conversación. Y, como buen Duende, “Duende Mágico que todo lo entiende, entre un sí de amor y un no de poesía”, nos guiará para que esta obra resulte un éxito. Pero… y este cuadro ¿para dónde va? Y esa sí que es sorpresa: estará instalado en un importante salón de la Intendencia Regional. Y el pintor es el destacado muralista, nacido en Chuquicamata, pero antofagastino por devoción y adopción: nuestro amigo Luis Núñez San Martín.

 

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