La alimentación como fenómeno y la desigualdad de género en la sociedad son dos de los temas centrales desarrollados por esta destacada investigadora, que busca develar la identidad nacional a través de la conducta y así, invitar a la reflexión sobre cómo construir una sociedad mejor y más equitativa.
Por Soledad Meléndez R. / Fotografía Andrea Barceló A.
Antropóloga, académica, Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales 2013 y Premio Elena Caffarena 2015, son algunos de los galardones de esta investigadora chilena, reconocida a nivel nacional e internacional, que fue parte de la nueva versión de Puerto de Ideas Antofagasta 2016. En este contexto abordó una de las temáticas que más le apasiona: la gastronomía y la alimentación como fenómeno social, que además son los ejes de su libro La olla deleitosa. Cocinas mestizas de Chile, premiado como mejor libro de Cocina por el Círculo de Cronistas Gastronómicos, y Mejor Libro de Historia Culinaria de Latinoamérica por “Gourmand World Cookbook”.
¿Cómo describe este viaje por la geografía culinaria nacional, qué dice la cocina popular sobre la idiosincrasia chilena?
En La olla deleitosa. Cocinas mestizas de Chile trato de poner en evidencia cómo ciertos rasgos culturales se pueden leer en nuestros gustos; por ejemplo, lo tapado de las empanadas y del pastel de choclo es una metáfora de nuestra tendencia a ocultar, a esconder; cómo en el lenguaje de lo culinario se expresan las diferencias sociales: lo picante como sinónimo del mundo popular, y también las de género: las mujeres están más asociadas a lo dulce y los hombres a lo salado.
Su libro está dedicado a la olla deleitosa de su abuela, ¿la cocina es un punto de encuentro y la evocación de bellos recuerdos familiares? Las cocinas tienen que ver con los gustos aprendidos desde la infancia y por ello son una memoria de lo que somos y de nuestros antepasados. Cuando en una receta se transmite la evocación de los momentos en que se comió, quién lo cocinaba, es como que el pasado se engarzara en el presente.¬ Las cocinas familiares operan en todos nosotros —ya sea positiva o negativamente— como un archivo de recuerdos, donde la presencia de las mujeres es fundamental en tanto han sido y son las artífices de la alimentación festiva y cotidiana.
¿Cuál es su plato favorito y su receta estrella en la cocina?
Tengo especial preferencia por las algas, las papas con luche, el fricassé de cochayuyo, el ulte con queso de cabra, me parecen platos muy sabrosos y llenos de evocaciones antropológicas y personales. La mejor receta es la cazuela de pava con chuchoca de mi abuela talquina.
ESTUDIOS DE GÉNERO
Junto al fenómeno de la alimentación, el estudio de género es otro de los temas de interés de esta destacada antropóloga, quien en la década del noventa reflexionó sobre el mestizaje chileno en el ensayo Madres y huachos y que luego pasó a ser una importante publicación, que sigue revelando la vigencia de la ausencia paterna en la sociedad actual.
Sonia realizó sus estudios en la Universidad de Leiden, Holanda, es doctora y profesora de antropología, y en esta línea de investigación se desempeña como Subdirectora del Centro Interdisciplinario de Estudios de Género; coordinadora del Plan Transversal de Pueblos Originarios y Nuevas Etnicidades en Chile, es titular de la Cátedra UNESCO en Estudios de Género de la Universidad de Chile.
¿A qué edad surge su interés por la ciencia y la comprensión del ser humano?
Los momentos en que las personas definen sus intereses vocacionales son variados al interior del ciclo biográfico, generalmente hay marcas familiares, del medio educativo y de los contextos de época. Esos tres elementos estuvieron presentes en mi camino hacia la antropología como vocación y estilo de vida: un espacio familiar reflexivo y crítico, estimulante a la curiosidad por el mundo; un liceo experimental que abría las puertas hacia el desarrollo intelectual; una época —la del sesenta y setenta del siglo pasado— que promovió miradas amplias hacia el desarrollo humano con una perspectiva de cambio social y político de las desigualdades.
¿Qué fue lo que más le atrajo del estudio de género?
Descubrí la antropología del género fuera de la universidad, en el trabajo en terreno con mujeres indígenas y campesinas. La antropología que se dictaba en la universidad —estudié en plena dictadura militar— no incluyó jamás al sujeto mujer en su enseñanza; el descubrimiento de este enfoque antropológico fue de enorme relevancia pues me ayudó a pensar en las “otras”, pero también en “nosotras”, es decir, hizo posible comprender que un análisis de las sociedades pasadas y presentes no podía dejar de lado a la mitad de la humanidad y que la visión de la disciplina antropológica desde las mujeres cambiaba la perspectiva y mostraba los prejuicios masculinos para valorar su papel en la construcción de la cultura.
Su publicación Madres y huachos analiza el fenómeno de los padres ausentes, ¿cómo visualiza hoy esta dinámica?
Hoy día hay una resignificación del padre ausente y de las “madres con sus huachos(as)”, ello porque se han elaborado leyes y políticas públicas al respecto. Por un lado, la noción de hijos(as) ilegítimos ya no existe, todos(as) los(as) hijos(as) son iguales ante la ley, eso es un avance notable dentro de una sociedad como la nuestra que fue muy discriminadora con aquellos(as) nacidos(as) fuera del matrimonio o no reconocidos por su progenitor. Por otro lado, se ha reconocido la jefatura de hogar femenina y a las madres solteras, por un lado, dándoles existencia estadística, y al ser reconocidas por los censos, crear políticas que las favorecen.
¿Cuál ha sido el impacto de este reconocimiento?
Esto ha tenido como consecuencia el saber que las jefas de hogares uniparentales son más pobres que las que tienen una pareja y otros familiares, y que las madres solteras se distribuyen transversalmente por las clases sociales. También se ha producido un aumento de los(as) hijos(as) nacidos(as) fuera del matrimonio, lo que revela que casarse es una opción para las mujeres y no un destino, así como que el engendrar no está ligado a la conyugalidad. Todo ello habla de una sociedad más liberal y de que la maternidad es un valor que no pasa por tener una pareja o un cónyuge. Podríamos decir que el modelo “madres y huachos(as)” sigue operando, pero bajo otras connotaciones sociales y que el padre ausente se mantiene: las demandas por pensiones alimenticias ha aumentado y el no pago de las mismas también.
¿Cuáles son los avances y temas pendientes?
Los temas pendientes dicen relación con el papel de los hombres en la crianza, en la responsabilidad filial, y toda vez que hay pareja y matrimonio el problema de la repartición equitativa de la vida doméstica y de sus trabajos asociados es acuciante. Las dobles y triples jornadas de las mujeres deben ser encaradas, así como las brechas salariales que hacen más difícil para ellas mantener sus hogares.
DESIGUALDAD
¿Cómo analiza el problema del femicidio en la sociedad actual, un término que antiguamente no estaba acuñado y que hoy define la violencia contra la mujer?
Los femicidios se conceptualizaron de ese modo para dar cuenta que se trata de una violencia específica contra las mujeres que termina en su muerte, y que da cuenta de su vulnerabilidad, así como de los sistemas de dominación que sobre ellas ejercen muchos hombres. En esto, las estructuras machistas son las que hacen posible que ello suceda, pero dentro de una violencia estructural de la sociedad. Hay que llamar la atención que en Chile el femicidio es de la pareja, en casos como México son bandas de hombres que asesinan a las mujeres.
¿Cuál es la explicación ante tal violencia, hay algún efecto mediático?
Se trata de una “pedagogía” de la violencia de género que se aprende en la casa y en el medio social y que tiene como origen el hecho de que la masculinidad se conciba como un dominio sobre las mujeres y la violencia como un modo de verificar esa masculinidad.
¿Cómo aporta la crianza y la presencia de ambos padres a un modelo más inclusivo e igualitario?
Toda vez que hay una relación de cooperación, solidaridad y afecto mutuo es posible que se den modelos de pareja igualitarios y que ellos tengan como consecuencia que niños y niñas se socialicen en esos nuevos modelos. La corresponsabilidad, la valoración mutua y el compartir la reproducción de la vida doméstica podrían tener como efecto niños y niñas que en su desarrollo vital no reproduzcan las desigualdades de género.
"Los temas pendientes dicen relación con el papel de los hombres en la crianza, en la responsabilidad filial, y toda vez que hay pareja y matrimonio el problema de la repartición equitativa de la vida doméstica y de sus trabajos asociados es acuciante”.