Cafés, blancas, negras, peludas, manchadas, pequeñas o grandes, así de diversas son las llamas, protagonistas de este inusual recorrido que nos sitúa en Chulluncane, un territorio en excelente estado de conservación y que aporta valiosa información sobre como era la vida en el altiplano hace unos cientos millones de años. Esta vez viviremos la experiencia no como visitantes, sino como los protagonistas de la historia, porque la familia Challapa amorosamente nos abrió sus puertas y nos mostró cómo es la vida en las alturas
Fotografía y texto Soraya Valdivieso V.
“El cerro de Cariquima mira de frente el pueblo de Chulluncane. Es hembra y fue condenada por la madre naturaleza a vivir sin nieve en su cumbre por engañar a su eterno amor y marido, el cerro Sibaya con la joven montaña Sillajhuay”. Así empieza esta experiencia que nos conecta con una indescriptible belleza.
Nos preparamos para salir a terreno por dos días y una noche. Es necesario considerar la lejanía y la altura para preparar el equipaje. Junto a la agencia de turismo Místico Outdoor partimos cerca de las diez de la mañana. Se recomienda un desayuno liviano y tomar té de coca, para evitar los mareos, aunque nuestro guía nos asegura que el camino está bien pensado y que los tiempos nos darán la posibilidad de adaptarnos paulatinamente a la altura.
La primera parada y una de mis favoritas, es la quebrada de Tarapacá. Vestida en múltiples tonos de café y formas únicas, son la mejor postal del desierto y sus mil caras. Desde esta vista superior se aprecia Pachica, un pequeño poblado alfarero, vida en pleno desierto, algo asombroso.
Seguimos la Ruta del Desierto, donde existe señalética que indica las quebradas y poblados de este ascendente sector, donde se van evidenciando los diversos ecosistemas que viven en el desierto más árido del mundo, la familia cactácea y nuestro destino, el altiplano.
Esta, para mi gusto es la ruta más linda de la región, a cualquier hora del día el paisaje te mantiene en una meditación constante. A medida que se van alcanzando los dosmil o tres mil metros de altura, comienzan abruptamente a aparecer los cactus, que dan color a un sector marcado por acantilados, como es Chusmiza, aquí realizamos una pausa para tomar mate de coca y comer pan amasado hecho por las lugareñas. Hacer una pausa no es casualidad, debido que pronto alcanzaremos los 4.800 msnm.
AIRES DE ALTURA
La paja brava es lo que convierte el paisaje en un territorio de color amarillo intenso. Ponemos más atención al camino y aparece ante nuestros ojos una planicie multicolor que nos da la bienvenida a un nuevo piso ecológico, el altiplano.
Suris caminan despistados a un costado de la carretera. Estos primos de la avestruz al percibir los autos toman gran velocidad para alejarse. Tienen una contextura especial, parecieran tener un gran pañal que balancean de un lado a otro, sus tonalidades son pardo y grisáceas, sus patas largas, solo tienen tres dedos y sus cabezas son comparativamente pequeñas a su cuerpo. Sin embargo, nunca pierden la gracia. Nuestro guía destaca que Conaf ha realizado una tarea de resguardo a la especie y que gracias a ello la población de suris ha aumentado notablemente.
El ambiente se va tornando frío y en este momento se comienzan a divisar las cumbres nevadas de los ancestrales volcanes que dan vida a innumerables cuentos y tradiciones locales.
Hacemos una pausa y nos preparamos para el tramo final del camino en auto. Nos ponemos los zapatos de trekking, mientras nuestra vista recorre grandes cerros, lagunas y pequeños bofedales. Fotografiamos patos de picos azul, taguas y chujlujitas. Las taguas poseen un hermoso manchón amarillo en su pico y se encuentran en sus nidos, construidos por ellas mismas ramita por ramita, en el medio del lago, que cobra vida gracias a la presencia de tantas aves. En tanto, la chujlujita vuela en bandada con movimientos enérgicos a ras del pajeral.
En este mismo sector, está ubicada una cadena de rocas en forma vertical de color rosa, denominada Tajgrapata. En ese lugar, Místico Outdoors ofrece una caminata laberíntica y exploración donde además se puede escalar. Pero eso lo dejaremos para una próxima ocasión.
CHULLUNCANE
Este pequeño pueblito, que en muchos mapas ni siquiera aparece, será el centro de nuestra visita. Frente al imponente cerro de Cariquima viven don Eugenio y la señora Gertrudis Challapa, quienes nos recibirán en su casa, la que actualmente está adaptada para turistas con intereses especiales.
La casita construida de adobe es especialmente fría durante el día y en la noche, cuando las temperaturas bajan abruptamente, guarda el calor y resguardo para sobrevivir a tan agresivo clima. Una especial bienvenida nos tenía Gertrudis quien al llegar nos invita una exquisita sopa de quínoa con carne de llamo y papas.
En una misma habitación está la cocina que funciona a leña y nos entrega calor para capear el penetrante frío. Con una amena conversación disfrutamos del pan amasado, el maíz tostado y el charqui de llamo. Así don Eugenio nos va contando los acontecimientos del pueblo y relata las leyendas más misteriosas de la localidad, como la historia del “condenado”, que nos cuenta que los muertos vuelven a la vida para castigar a los malos. Entre risas y algo de misterio, continuamos nuestra travesía.
A las nueve de la noche ya estamos preparados para dormir. Gertrudis nos comenta que una vez que el sol cae, ellos van a descansar, porque al otro día se levantan al alba para seguir con su rutina que gira en torno a los animales.
ANIMALES FUERTES
Históricamente la sociedad Aymara se desenvuelve en el mundo agroganadero, por lo que el animal insigne de esta importante y milenaria cultura es la llama, aunque hay otras especies como las vicuñas que comparten estos honores.
A las 7:30 de la mañana la pastora se prepara para salir con sus animales. Si bien el pastoreo requiere de la presencia humana, existe una relación colaborativa compleja entre los pueblos pastores y el ganado. Los animales se desenvuelven libremente, sin embargo respetan los límites territoriales, gracias a una constante organización con el pastor o la pastora.
Las llamas pastorean sectores específicos por lo que la pastora las mueve conforme a la necesidad. Nosotros “los turistas” vamos detrás, subiendo cerros a más de cuatro mil metros sobre el nivel del mar y observando el magno altiplano, una postal cargada de colores verdes y amarillos, que se asemeja a las locaciones de la película El Señor de los Anillos, pero con flora y fauna local.
Las llamas son muy diversas en colores y pelaje. Son sumisos pero fuertes. Hoy en día están completamente domesticados y es curioso, pero sus rasgos parecen ser similares a los del hombre, porque tienden a mirar a los ojos y fijamente. Sus rostros peludos tienen una expresión que podríamos describir como alegre y los juveniles tienen una ternura imposible de no captar. Los más adultos, se comportan amigables con sus pares. Tienden a caminar de forma ordenada y sin interrumpirse, rara vez pelean, aunque si alguno de ellos se siente sobrecargado simplemente no se mueve, escupe o incluso lanza patadas.
En este sector donde predomina el pastoreo, según el libro Conocimientos tradicionales de ecología de las comunidades indígenas de la provincia del Tamarugal, Región de Tarapacá, editado por la Conadi, “los ritos también se orientan a la reciprocidad entre el ganado y la comunidad, a manera de agradecimiento, y además para procurar un buen pasar al ganado”.
UNIVERSO INDÍGENA
Las formas de vida en este sector de bofedales, se ha ido transformando conforme pasa el tiempo. Antiguamente, en el periodo agroalfarero temprano, los habitantes de este sector vivían en cuevas naturales que se daban en sectores rocosos. Pudimos apreciar dos de ellas donde aún están los vestigios de habitantes que sembraban la papa y dormían en camitas de paja y tierra. En el sector previo a la cueva se pueden encontrar residuos arqueológicos que hablan de la cerámica utilizada, al parecer con fines domésticos.
La flora se da salvajemente, donde la meseta andina se formó gracias a material volcánico moldeado por la acción aluvial. En ella se pueden localizar numerosas vertientes de aguas termales, pequeñas lagunas con plantas acuáticas y un pastizal grueso que al pisar da la sensación de ser un almohadón verde y que pareciera ser falso al ojo inexperto.
Existen sectores donde los Challapas pueden cocinar papas subterráneas y asar la cotizada carne de llamo. Este es un viaje al pasado remoto, un lugar de fascinación e inspiración. A lo lejos son visibles las construcciones en base a piedras y en formato de aldeas, las que según Billy, nuestro guía, fueron organizadas por los jesuitas que llegaron al lugar.
Las imágenes que completan este reportaje, son sin duda un documento de alto valor patrimonial y el recorrido turístico que realizamos esta supeditado a una acción sustentable y sostenible de Místico Outdoor empresa que está efectivamente interesada en resguardar y poner en valor el patrimonio natural y cultural de la zona.
Nuestro dato:
Místico Outdoors, Desierto de Atacama, Chile Web:
www.chileresponsibleadventure.com
www.facebook.com/atacama.desert.mistico.outdoors
Contacto: Billy Morales P.
Mail: billy@chileresponsibleadventure.com
Históricamente la sociedad Aymara se desenvuelve en el mundo agroganadero, por lo que el animal insigne de esta importante y milenaria cultura es la llama, aunque hay otras especies como las vicuñas que comparten estos honores