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Entrevistas

EDICIÓN | Abril 2016

Vivir el arte

Elisa Ibáñez Fundación Antenna
Vivir el arte

Romper estigmas, generar audiencias, vivir el arte desde distintos ángulos y formatos. Conectar. Eso es lo que busca la plataforma Antenna a través de sus sesiones: ofrecer experiencias de aprendizaje y profesionalizar el desarrollo de las artes visuales chilenas a través de exclusivas visitas guiadas a museos, galerías, talleres de artistas y colecciones privadas. Siempre a puertas cerradas. Un lujo que Elisa, junto a Constanza Güell y Alfonso Díaz, hacen posible.

Por Macarena Ríos R. / fotografía Andrea Barceló A.

No todos los días se tiene la posibilidad de hablar con un artista acerca de su última exposición, de su proceso creativo o sus nuevas apuestas. Salvo que uno sea periodista. Eso es justamente lo que persigue Elisa Ibáñez con el grupo Antenna: acercar y humanizar al artista detrás de obra. Y el resultado está a la vista. Ya son setenta los socios que cada semana participan e interactúan con creativos, curadores y galeristas. Historia, cultura y patrimonio a la vena.

La mecánica es simple. A través de un sistema de membresías, invitan a la comunidad a participar de un programa anual de actividades en torno al arte. Cada semana, los socios tienen una experiencia diferente con exposiciones, instalaciones y performance de diversos artistas. ¿La idea? Incentivar la filantropía y la participación con el mundo del arte.

“Queríamos involucrar a las personas con el arte, porque una vez que eso ocurriera, ya no habría vuelta atrás”, asegura Elisa.

¿Y no hay vuelta atrás?
No hay vuelta atrás.

UN PASEO CON PRATS

Es jueves por la noche en la Galería Patricia Ready. Aunque las puertas ya están cerradas, un grupo recorre la exhibición Carnaza de la poesía, guiados por su propio gestor, el artista visual radicado en Barcelona Fernando Prats. Son los llamados “Amigos Antenna”, una de las dos líneas de trabajo que tiene esta fundación. Hay abogados, médicos, empresarios, arquitectos e ingenieros. También hay curiosidad e interés. Se saludan, conversan, aunque hace unos meses eran unos perfectos desconocidos. Ahora se juntan en museos, en galerías, incluso en talleres de artistas como Samy Benmayor o Josefina Guilisasti, para hablar de arte.

También hay viajes a bienales y ferias de arte reservadas para las membresías de mayor valor llamadas “Círculo Antenna”.

Es jueves por la noche. Todos escuchan hablar a Prats. Son testigos de la evolución de su obra, de sus procesos internos, de su propia búsqueda. Preguntan, comentan, participan. Y se genera una conexión. Un círculo virtuoso que más tarde se traducirá en posibles compradores, inversionistas y promotores. Ese es el motor de Antenna y lo que quieren lograr con este proyecto. “En el arte, como en cualquier otro tema, necesitas que alguien te explique los procesos creativos de los artistas para poder entenderlo. Y cuando te involucras, el desarrollo intelectual es tan heavy, que te conviertes en una persona más profunda, más empática, más creativa e inteligente. Yo hoy día soy mucho más inteligente que hace cinco años”.

¿Cómo ha cambiado tu percepción?
Para mí antes el arte era mucho más estético y hoy en día es mucho más intelectual.

Me enamoro del discurso del artista y su investigación. La obra al final me gusta por eso, por lo que representa.

SIN PUDOR

“Tenemos que poner el arte de moda, tenemos que generar instancias para mirar más despacio, para observar los detalles, para abrir nuestras mentes y descubrir, a través del artista y su proceso evolutivo, nuestras propias capacidades creativas. Cuando eso pase en trescientas personas, ya cambiaste el país”, comenta Elisa, mientras tras bambalinas su equipo prepara una nueva sesión de arte.

¿El mayor desafío?
Probar la hipótesis de que era posible que la gente se pudiera conectar con el arte sin saber de arte. Que perdieran el pudor a preguntar.

¿Estas sesiones, a la larga, los transforman en líderes de opinión?
Ya está pasando. Hay una socia, Francisca Cruzat, una mujer muy conectada con el mundo político y empresarial, que pasó a ser miembro del directorio de Antenna. Se embaló tanto con el tema y lo entendió tan bien que vio el impacto que podíamos generar a nivel de sociedad.

Se ha transformado en una gran vocera, ha traído muchos socios y generado cruces con empresarios. Lo mismo pasa con Lucas Dibán (26), (hijo del coleccionista Cristián Dibán y el socio más joven), que quiere liderar una nueva área orientada a los más jóvenes.

¿De qué se trata esta nueva membresía?
Es un formato más liviano y más económico dirigido a la gente que no está tan ligada al arte para que se entusiasme y pueda entrar a este circuito de forma más fácil. Lo comenzamos a probar en marzo y consiste en un par de visitas guiadas al mes. Lo interesante es que vamos educando a los artistas y a los galeristas a cómo interactuar con un grupo, a cómo cautivarlos.

¿Cuál ha sido en enfoque?
Gran parte de los buenos artistas chilenos no se conocen en Chile, o porque se fueron en la década de los ochenta o porque simplemente se recluyeron. Esta primera etapa está orientada en mostrar y darle visibilidad a ese grupo de artistas que en nuestro país no se conocen ni se coleccionan.

¿Qué pasa con el artista emergente?
Estamos trabajando en ello. Queremos armar un sistema para que tres veces al año dos curadores elijan a diez artistas para que hagan su muestra de portafolio, que acá en Chile no se hace. Queremos que tengan acceso a un cierto nivel de redes, de la que hoy en día carecen.

¿La sesión más potente?
La de la Paz Errázuriz y sus fotografías del mundo más oscuro y underground de Chile, y del galerista Sergio Parra, un intelectual que se construyó a sí mismo, porque son personajes súper poéticos, con mucha historia, que en su minuto participaron y estuvieron muy involucrados en los primeros movimientos artístico-políticos del país.

¿Qué le falta al circuito artístico nacional?
Validadores. No hay un ente validador de artistas. Según el análisis internacional, tenemos los segundos peores museos de Latinoamérica, después de Cuba. Son museos poco amables con el público, que no tienen los recursos y carecen de visión.

¿Dónde están las mujeres?
Esa es otra debilidad. Nosotros buscamos ser un catalizador de las artistas femeninas y darle tribuna, como una María Ignacia Edwards o Catalina Swinburn. En eso estamos al debe.

“SOMOS UN FONDO DE ARTE”

Elisa y sus socios la tienen clara. Desde su cuartel general, ubicado en Providencia, planean, gestionan y articulan estrategias, redes y apoyo económico para generar patrimonio artístico y una imagen país potente. En eso consiste la segunda línea de trabajo: ser una incubadora de artistas.

¿Cómo trabajan?
Ayudamos a que ciertos artistas se vayan instalando en el circuito internacional adecuadamente, a que tengan visibilidad. Ayudamos a mejorar sus proyectos, a conectarlos con el gobierno, con ProChile, con un curador que los valide, con coleccionistas y galerías. Paralelamente invitamos a nuestros socios a que conozcan su obra.

Para lograrlo, cuentan con una sólida red de contactos y se hacen asesorar por amigos curadores de la talla de Pablo León de la Barra (curador de arte latinoamericano del Guggenheim), Julia Converti, (directora de ArteBa) y Alexia Tala (curadora chilena de trayectoria internacional).

“Si no hay internacionalización, no hay coleccionismo. Si un artista se queda en Chile no va a subir su valor de mercado y probablemente se termine perdiendo. Un artista que no sale, no se conecta con la red global”.

¿Cómo se financian?
Operamos gracias a que tenemos socios en Antenna. Las membresías son clave para hacer gestión y levantar fondos que permitan a una Isabel García continuar con la maravillosa investigación sobre la colección del Museo de la Solidaridad o a que Alexia Tala pueda llevar adelante su ambicioso proyecto o el habernos sentado con el rupturista Dan Cameron (curador americano) para tirar líneas sobre lo que quiere hacer en nuestro país.

¿Cuál es el beneficio para quienes financian estos proyectos?
Por ejemplo, Alexia Tala quiere hacer un libro sobre los diez nuevos talentos chilenos, y para eso su idea es traer a un grupo de diez curadores internacionales, que vengan, investiguen y elijan. A posteriori la tarea de Antenna será internacionalizar a esos artistas; conseguirles una residencia, una beca, una publicación, una exhibición y darle la posibilidad a quienes financien el proyecto de adquirir sus obras en verde.

¿A qué aspiras?
Voy a atacar la punta de la pirámide, a los futuros líderes del país, quiero que se enamoren del arte, que se apropien de él y que en diez años más estén haciendo museos, apoyando artistas, coleccionando y haciendo educación en arte.

 

"Voy a atacar la punta de la pirámide, a los futuros líderes del país, enamorarlos del arte para que se apropien de él y que en diez años más estén haciendo museos, estén apoyando artistas,estén coleccionando, estén haciendo educación en arte”.

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