Este joven decidió venir a Chile por curiosidad, para trabajar en una ONG por cinco meses, pero conoció el amor y se terminó quedando por más tiempo del estipulado. Posee un trabajo como profesor y desea retomar su carrera de cineasta en el hemisferio sur.
Por Constanza Valenzuela M. / fotografía Francisco Cárcamo P.
Nació en Argelia, África, tiene sólo veinticuatro años. Su padre, Francis, es un griego que trabaja para el gobierno galo, y se encontraba en dicha nación por funciones propias de su oficio y fue en ese país donde conoció a su gran amor, Brigitte. Se enamoraron, iniciaron una relación y fruto de ello nació este joven patiperro y amante del cine documental.
Su vida se desarrolló en Francia, pero sin una ciudad que fuese su residencia, pues por el trabajo de su papá no podían estar más de dos años en el mismo lugar. Lo bueno es que conoció gran parte de su país y pasó por ocho colegios. Cuando tenía cerca de siete años empezó a seguir la educación Freinet, basada en las enseñanzas del pedagogo francés Célestin Freinet, que habla de la renovación del ambiente escolar, y de las funciones de los maestros, teniendo como objetivo principal que los niños aprendan haciendo y hagan pensando. Esta experiencia lo marcó positivamente, sobre todo en la vinculación social. Hoy se distingue por ser un tipo conversador, que disfruta de las experiencias y se adapta fácilmente a las diferentes situaciones.
RADIO&TEATRO&CINE
Sami salió a los diecisiete años del colegio y se independizó. Su destino fue París, con la finalidad de estudiar Realización Audiovisual en el ESRA, la mayor institución de formación de oficios cine y audiovisual en Francia. Luego de dos intensos años de estudios, utilizó un tercero para especializarse en sonido, lo que le permitió, entre otras cosas, trabajar durante un año en “France Culture”, la radio nacional de cultura más su país.
Allí, estuvo haciendo un reemplazo de un año en un departamento dedicado a fomentar la literatura a través de este medio masivo. Se dedicada a poner el sonido ambiente o el contexto de las diferentes situaciones que se iban narrando en una especie de radio teatro. Sami recuerda con gran cariño este trabajo, y lo califica de “perfecto”, pues es algo que le apasiona y podría haberse dedicado a él toda la vida.
Pero su pasión por el cine y su formación de realizador, lo llevó a desarrollar dos cortometrajes y una película. Su primera incursión fue: La Maison des Passages, que en breves minutos cuenta la vida de tres hombres de una zona rural, en la que uno de ellos lucha por ganarse un espacio. Este personaje poseía el don de manejar el tiempo, y un día llega una mujer, con la que él usa este poder para crear un mundo paralelo, enamorarla y quedarse con ella, en este espacio irreal.
El segundo proyecto fue La Mêlancolie du dimanche aprês-midi, que primero se desarrolló como un corto y fue finalmente transformado en un largometraje. La cinta, financiada en parte por un fondo cultural de la región de Borgoña, se centra en la crisis de la vida y la búsqueda de sentido, que como explica Cloris, son situaciones transversales, pues es lo mismo que pueden estar atravesando un chileno o un europeo.
El proyecto finalmente concluyó en junio de 2015 y la cinta fue estrenada en dos funciones, gracias a los contactos del mismo Cloris. Lamentablemente no han podido hacerla circular porque no cuentan con una distribuidora asociada, lo que hace que sea difícil su comercialización, pero no descarta estrenarla en Chile, pues le interesa hacer él mismo la traducción cuando tenga mejor manejo del idioma.
EL VIAJE A LO DESCONOCIDO
Tres semanas después de terminar su primer largometraje, Sami tomó sus maletas y se vino a Chile, pues el Consejo Regional de Borgoña estaba promoviendo un intercambio con una ONG social, que estaba en Talca: Surmaule.
Se vino sin saber nada del idioma para hacer una película documental sobre el programa Acciona, del Consejo de la Cultura y las Artes, que se preocupa de la educación artística y el fomento de la creatividad de los estudiantes. Su estadía era sólo por cinco meses, pero al mes y medio conoció a Katherine Jara, una chilena que le robó el corazón. La vio en la calle, comenzaron a conversar, luego a salir y están juntos hace varios meses.
¿Ahí decidiste que te quedabas en Chile?
Aún no, dependía de si encontraba un trabajo que me permitiera desarrollar mis capacidades. Y finalmente lo encontré, trabajo en Alywen, el colegio Waldorf —pedagogía alternativa que tiene por objetivo humanizar la educación— de Katherine, pues quería tener en mi vida la experiencia de la pedagogía y sobre todo en un colegio no tradicional y estoy feliz de poder hacerlo durante al menos un año de mi vida. Mi trabajo es enseñar francés.
¿Desarrollarás proyectos cinematográficos en Chile?
En la actualidad tengo dos proyectos, uno que tiene relación con el sonido y el otro es un mediometraje.
¿Quieres concretarlos durante el 2016?
Es difícil concretarlos este año, porque en Talca hay muy pocas firmas de producción de cine. Por lo que he visto hay poco financiamiento de ficción y quizás tendría que usar mis contactos en Francia o en Santiago... Podría hacerlo sin dinero, pero de igual forma necesitaría un mínimo para buscar un distribuidor. Pese a ello, el proyecto está escrito y estoy en búsqueda de actores, no necesito que sean profesionales.
¿De qué trata el proyecto de sonido?
Escribí diez cuentos de veinte minutos cada uno. Todos tienen una historia definida, pero relacionados con la temática central de la amistad y del amor, una materia muy universal, que es lo que me interesa. La idea es hacer una serie para la radio o un canal de internet. Algo muy parecido a lo que hacía en Francia, pero con cuentos de mi autoría.
LA VIDA EN CHILE
¿Qué es lo que más te gusta de Chile?
Encontré en Chile las razones por las que me fui de Francia: aquí existe un sentimiento de solidaridad más fuerte que en Europa; la gente es más de piel. En Europa las personas hablan, pero no profundamente, acá me siento más cercano a la gente y eso me gusta.
¿Qué es lo que no te gusta?
El sistema social. Aquí todo se paga, todo tiene un precio. Otra cosa que no me agrada es que la gente dice, “vamos a hacer esto o aquello” y al final no lo concretan, sólo prometen… eso me molesta mucho, aunque no sé si es típicamente chileno.
¿Cuál es según tu experiencia el potencial de Chile?
Soy muy positivo y creo que hay muchas ONG y un desarrollo social muy fuerte. Las personas quieren hacer proyectos emergentes y crear una nueva vida para la gente. Hay que empezar de a poco y continuar adelante. Tengo una confianza muy grande en las nuevas generaciones, porque hay muchas cosas por hacer.
¿Qué cosas te llaman la atención?
Me fui de casa a los diecisiete años, porque allá hay muchos beneficios, por ejemplo, la universidad es gratis. Yo entiendo que acá los jóvenes se queden en la casa de sus padres hasta grandes, porque hay muchos gastos. Además, allá podemos tener un pequeño trabajo que nos ayuda con los gastos de la casa, pero aquí es muy caro ir a la universidad, incluso hay que recurrir a los bancos.
¿Cuánto tiempo quieres quedarte en Chile?
Por lo menos dos años, quizás más, mi plan último es ir con mi novia y su hijo a Brasil, porque tengo una posibilidad de hacer un documental cerca de Recife, pero veremos cómo se dan las cosas, porque nada es seguro.
"En la actualidad tengo dos proyectos, uno que tiene relación con el sonido y el otro es un mediometraje. Es difícil concretarlos este año, porque en Talca hay muy pocas firmas de producción de cine. Por lo que he visto hay poco financiamiento de ficción y quizás tendría que usar mis contactos en Francia o en Santiago”.