A sus diecisiete años es la campeona nacional de equitación en la categoría debutantes y para ella la clave del éxito han sido la perseverancia, la paciencia y la determinación por superarse. Contenta con sus logros, se prepara para participar este año en su primer campeonato internacional.
Por Bernardita Watkins V. / fotografía Danny Bolívar U.
Toda una vida relacionada con los caballos, con el mundo del polo y de la equitación. Macarena Labbé, prácticamente, ha montado desde que tiene uso de razón y todos en su familia comparten la pasión por estos animales. Su papá y su hermano mayor —ambos se llaman José Tomás— juegan polo; de hecho, este último se dedica de forma profesional desde hace siete años a este deporte, por lo que está radicado en Argentina. En tanto, su mamá, Maureen Hole, es la directora del Centro Ecuestre los Quillayes de Machalí, escuela que ha obtenido importantes logros y su hermano menor, Ignacio, es seleccionado nacional de equitación y, a fines de 2015, compitió en Argentina en los panamericanos.
¿Cómo nace ese vínculo tan fuerte que tiene tu familia con los caballos?
Por el polo. Mis tíos, mis abuelos y de ahí para arriba, todos han jugado polo y todos hemos estado siempre muy ligados a los caballos. Un día mi mamá trajo un profesor de equitación a la casa y enganchamos varios primos. Al principio éramos siete, yo tenía seis años más o menos y empezamos trotando en el jardín de mi casa o dando una vuelta al campo. Después se sumó más gente y se formó el Centro Ecuestre Los Quillayes a un costado de la Carretera el Cobre, donde ya no sólo venían los primosy conocidos.
¿Qué profesores marcaron tu formación?
De todos he aprendido mucho: Jaime Rosas, Jorge Paredes. Mucho de lo que sé se lo debo a ellos y también a mis papás que desde chica me subieron a un caballo.
¿Cómo se vinculan tus recuerdos de niña a los caballos?
Desde que tengo memoria mi papá y mi hermano estaban jugando polo... siempre que había un partido en Machalí íbamos todos...Yo siempre salía con el petisero a dar una vuelta al campo, bañaba a los caballos, en fin…
¿En qué momento empiezas a entrenar como equitadora?
Empecé a participar en el club porque era algo nuevo, diferente al polo y con mucho contacto con los caballos. Era otra rutina, otro tipo de monta. Eso captó mi interés. Después, participar en campeonatos me permitió conocer personas de otros lugares, hacer nuevos amigos y eso me gustó.
¿A qué edad empezaste a participar en campeonatos?
A los nueve y me pareció todo muy entretenido, uno va aprendiendo y se va enganchando más del tema.
¿Qué filosofía hay detrás de este deporte?
Respeto por los animales, perseverancia y el aguante. Los logros llegan con paciencia, las cosas no resultan al primer intento. Uno se acostumbra a ser constante y eso se aplica en todos los ámbitos de la vida.
¿Cómo se construye la relación con un caballo?
Ganarse la confianza de un animal no es fácil, el caballo tiene que creer en ti y para eso, debes demostrarle que no le harás nada, que eres un amigo, uno más. Se necesita tiempo. Compito con mi yegua desde hace siete años y hemos hecho un trabajo increíble. Primero la tuvo mi hermano y en el polo no hubo caso, ¡no quería nada! Yo quise tomarla, a pesar de que todos se oponían porque era muy mañosa. Contra todos, me subí y me caí muchas veces, pero me pasó algo raro, la yegua me botaba todos los días y yo seguía con ella, me encantaba. De a poco empezamos a trabajar, ya no me caía tanto, comenzó a tener un mejor comportamiento, y empezamos a competir, y a ganar.
AL NACIONAL
Su primer campeonato fue a los nueve años en Curicó y luego vinieron una serie de competencias en Rancagua, San Fernando, Santa Cruz, Calera de Tango y Talca, entre otros. Poco a poco, como club, se fueron abriendo a la posibilidad de competir en Santiago y así empezó a avanzar, obteniendo en 2015 y 2016 el título de campeona nacional en la categoría debutantes.
¿Cuál es la clave del éxito?
La perseverancia y las ganas de querer superarse.
¿Qué cosas te gustaría mejorar o cambiar en el mundo de la equitación?
Me gustaría que fuese un deporte más conocido. No todo es fútbol, hay muchos deportes que también son importantes y que no son valorados, como el polo que prácticamente es considerado un pasatiempo. Recién el año pasado empezó a sonar más, porque Chile ganó el campeonato mundial; sin embargo, es una disciplina que siempre ha estado y no ha gozado de fama o de un espacio para ser difundido.
¿Para qué competencias te estás preparando este año?
Vienen hartas competencias. En abril habrá un internacional y sería primera vez que participo.La verdad estoy bien nerviosa, porque al igual que cuando fui a los nacionales, coincide con mi calendario de pruebas del colegio y tendré que ir a Santiago para prepararme. Vienen muchos jinetes de excelente nivel y tengo muchas ganas de ir. Si pude ganar los dos últimos nacionales, creo que puedo llegar un poco más allá. Y luego acudir al nacional a fin de año.
¿Cómo te ves en los próximos cinco años?
El 2017 salgo del colegio y después voy a estudiar en la universidad. No dejaré la equitación, me encanta y continuaré practicándola como deporte, me ayuda mucho para relajarme.
¿Es muy difícil dedicarse a este deporte en Chile?
Sí. Aquí en Chile es difícil dedicarse a un deporte en forma profesional. En Argentina están los mejores jugadores de polo y sí lo consideran un trabajo. En nuestro país no estamos lo suficientemente desarrollados para tomar el deporte como un trabajo. Todas las personas que conozco que están dedicadas a esta práctica, están en Europa o Estados Unidos, países que sí le dan importancia y donde son trabajos muy valorados.
¿Qué proyectos tienes?
Quisiera seguir ligada a esto, si no es la equitación, a los caballos. Me gusta el campo y estar al aire libre.
¿Cómo ves la práctica de esta disciplina en Chile?
Muy fuerte. A fines de 2015 acompañé a mi hermano Ignacio a Argentina a los panamericanos organizados por la FEI American Jumping Championship. Ahí tuve la oportunidad de ver la organización de cerca y siento que los equitadores —seleccionados nacionales— están muy comprometidos, pero falta más organización de la federación. La actitud de los jinetes es buena, están todos muy motivados y a buen nivel. ¿Si nos comparamos con Brasil o Argentina, qué nos falta? Sin desmerecer a Chile, ellos llegan mejor preparados. Se dedican sólo a esto, entonces el tiempo les sobra para entrenar. Argentina y Brasil tienen un nivel buenísimo.
¿Qué nos falta para acercarnos a ese nivel?
Más campeonatos y más exigencia en el tiempo. Además, los caballos de ellos son tremendos y están súper bien alimentados. Se ve como allá consideran el polo y la equitación de manera más profesional. Nosotros tenemos excelentes jinetes, pero nos falta más exigencia.
¿Quieres proyectar tu carrera en el extranjero?
Depende de cómo se den las cosas. Por ahora mis planes son estudiar en la universidad, pero si se da la oportunidad de viajar a otro lugar, ¿por qué no?
De nuestros jinetes, ¿a quienes destacarías?
A Américo Simonetti y a Samuel Parot, él se dedica a esto y le va increíble. Ambos han tenido muchos logros y han demostrado una capacidad tremenda.
¿Qué consejo darías a alguien que está empezando en la equitación?
Al principio, cuando recién se está aprendiendo a andar a caballo, todo es felicidad. Después hay una etapa en la que te hacen trotar, trotar y trotar... En ese minuto muchas niñitas se bajan, se aburren, deben darles tiempo. Este no es un deporte fácil, se necesita mucha perseverancia y ganas. Con mucha práctica se pueden conseguir grandes cosas. Si a uno le gusta algo debe tener paciencia y ser disciplinado. Hay que seguir insistiendo porque se puede... no porque algo no resulta en cuatro o cinco intentos, significa que no va a salir bien, al contrario, se debe practicar constantemente y eso te deja mejor parado frente a la vida.
"Los logros llegan con paciencia, las cosas no resultan al primer intento. Uno se acostumbra a ser constante y eso se aplica a todos los ambitos de la vida”.