Pasear en cabrita, avistar aves en el humedal, comer cordero sali nero o preparaciones en base a qu ínoa, papayas y ot ros ingredientes t radicionales de estas loca lidades costeras, son a lg unos de los atractivos de esta zona, donde los sali neros de Cáhu il, Bar rancas y Lo Valdivia fueron declarados Tesoros Hu manos Vivos, por su maravi llosa labor cosechando sal de mar.
Texto y fotografía por Maureen Berger H. y gentileza de Comunica Turismo
La Región de O´Higgins es muy conocida por sus vinos y museos en Colchagua, el surf en Pichilemu, la fuerte agricultura y otros atractivos, no obstante también es cuna de la Ruta de la Sal, centrada en Cáhuil, Lo Valdivia y Barrancas, lugares únicos del país donde aún se cosecha la sal de mar. Este Recorriendo nos lleva por parajes hermosos, que incluyen humedales, artesanía, buena hotelería, paseos y cocina tradicional con pleno rescate de los productos y sabores locales.
La travesía, coordinada por Comunica Turismo, se inicia en Pichilemu, donde se encuentran las cabañas Waiwén, cuyo nombre viene del vocablo Mapuche “Waiwén Kuruef” que significa viento del sur, “en la cultura mapuche es el viento que trae el buen tiempo, la buenas noticias y señales para el tiempo futuro”, comentan los dueños Ximena Leiva y su hija Lorena Martínez, junto a su marido César Serrano.
Pese a ser solo tres cabañas resaltan por su línea arquitectónica, la alta presencia de madera en su exterior e interior, que ha marcado un estilo en la zona. Ubicadas en el sector denominado Catrianca, a menos de dos kilómetros de Punta de Lobos, ofrecen comodidad en sus habitaciones y la opción de cocinar en la kitchenette. Para los niños, hay juegos infantiles cancha de voleibol y para los grupos o familias existe un quincho para asados. A cada pasajero se le recibe con espumante y un pequeño cóctel, lo que hace más grato el arribo.
Los dueños indican que en sus proyectos está instalar hot tubs y construir más habitaciones matrimoniales, sin perder la línea de diseño que les caracteriza.
GAVIOTA DE CÁHUIL
La primera actividad es la visita a los humedales de Barrancas para el avistamiento de aves. María Pavés y su marido Luis Carvajal, nacidos y criados en la zona, son los guías y van comentando sobre las especies presentes que totalizan sesenta distintas. Es el caso del cisne de cuello negro, el pato colorado, el pato pico delgado, el pato negro, la garza, perrito, el pimpollo, que se ven avanzando por un sendero, donde existe un puente y un mirador. “La gaviota Cáhuil (palabra que significa precisamente gaviota) es una de las más presentes y la que le da nombre al sector”. También se ofrece la opción de hacer en paseos en kayak, bote, stand up paddle, entre otros.
El tour continúa para conocer las técnicas de extracción de la sal en voz de las Mujeres de la Sal, como se llaman las señoras de los salineros que todavía trabajan y mantienen este oficio, y que por esta razón han sido considerados Tesoros Humanos Vivos, por el Consejo Nacional de la Cultura. “En este lugar se ha trabajado durante siglos la extracción artesanal de sal de costa. El proceso surge de la mezcla del agua dulce proveniente del estero, con el agua marina que se interna durante los meses de invierno, cuando las condiciones climáticas abren los bancos de arena que separan la costa de la laguna, lo que da como resultado un agua salobre. Luego en verano y primavera, cuando los bancos de arena se han restituido, se llenan las piscinas que conforman las salinas, lo que junto a la acción de los vientos y decantación por el sol, permite la extracción de la sal a través de la evaporación del agua”, explican.
Natalia Toledano, coordinadora del proyecto del Instituto de Patrimonio Turístico de la Universidad Central, entidad que obtuvo el financiamiento gracias a un fondo del Gobierno Regional, menciona que “la sal en la Conquista y Colonia era indispensable para la preservación de los alimentos y carnes. La permanencia de las salinas representa la importancia de la antigua demanda por la sal, la cual era lo suficientemente rentable para las familias de la zona, reuniendo a alrededor de doscientos trabajadores en torno a la actividad, número que contrasta con las ahora decenas de personas que todavía se dedican a este oficio ancestral”.
Geraldine Fuentealba, encargada de la Unidad de Gestión de Políticas e Innovación del Gobierno Regional de O´Higgins, opina: “las familias que viven acá han mejorado su calidad de vida y los turistas encuentran atractivos fantásticos en esta localidad, que además posee la D.O, Denominación de Origen, por su sal de mar, baja en sodio y alta en minerales”.
SALINEROS
Jorge Pavés, salinero auténtico, explica que antiguamente —en el 1900— sus padres y abuelos partían al puerto de Valparaíso a vender o permutar la sal de mar, por otros productos, en mulas y carretas, y se tardaban un mes en volver. Solían llevar una tropa de quince mulares, con ciento sesenta kilos cada animal. “Era tan apreciada nuestra sal que se le llegó a llamar oro blanco”, puntualiza.
En otro sector salinero, Lo Valdivia, Jorge Maldonado añade: “la extracción se hace con la ayuda de algunas herramientas (pala, rastrillo, carretilla, cubetas de agua), y necesita de fuerza humana, por lo que esta actividad ha sido ejercida, tradicionalmente, por nosotros los hombres. Se lo hemos enseñado a nuestros familiares, lo que permite que en estos lugares trabajen los abuelos, padres e hijos”.
Esta sal es conocida bajo la marca Sal de Cáhuil, no obstante las salineras que la extraen provienen de otros sectores además de Cáhuil, como Barrancas y Lo Valdivia. Muchos integran la Cooperativa Ancestros del Pacífico que, gracias a fondos que obtuvieron de CORFO, hoy posee una moderna y equipada planta procesadora de sal de mar, que agiliza varios procesos.
El almuerzo típico es en el Restaurant Las Salinas, de propiedad de Viviana Menares, donde se pueden probar recetas auténticas con los ingredientes locales como reineta cocinada al horno, acompañada de puré y porotos burros pelados; pejerreyes apanados en harina de quínoa, con ensalada de cochayuyo a la chilena, y quínoa con mariscos, con choritos, camarones, almejas, jibia, caldillo de congrio, queso gauda, cochayuyo, leche y crema. De postre, papayas con merengue y quínoa en suflé tostada o huesillos con mote de quínoa.
Antes de la puesta de sol, resulta perfecto un paseo en cabrita, unos carruajes arrastrados por caballos que trasladan pasajeros, acompañando la travesía con alegre música ranchera y recorriendo el paisaje salinero. Por este medio, nos llevan a disfrutar de una degustación de platos locales en Lo Valdivia y a adquirir suvenires en una pequeña muestra de artesanía local, en la sede comunitaria Rincón de Boyeruca. Las señoras nos reciben con un mesón repleto de sus especialidades: empanadas de cochayuyo, el queque y los galletones de harina de quínoa y miel, las tortillas de rescoldo con queso local, y los licores de maqui, frutilla o arándanos con vino y el café de trigo o quínoa y el mate.
De regreso al sector de Barranca, un grupo de hombres de la zona preparan otra de sus recetas insignes: el cordero salinero. “Primero matan al animal un día antes. Luego de dejarlo colgado, cubren su carne con sal de mar, después lo atan a un fierro para ubicarlo sobre las brazas entero o lo trozan para asarlo en la parrilla. Para adobarlo emplean un chimichurri y se acompaña con papas con mote, ensalada de cochayuyo al limón, lechugas de la huerta y pan amasado con pebre picante”, nos detallan, mientras degustamos el cordero y damos por culminado este Recorriendo.
NUESTRO DATO:
WAIWÉN CABAÑAS
Punta de Lobos Región de O´Higgins
F: 66468376
contacto@waiwen.cl
www.waiwen.cl
ANCESTROS DEL PACÍFICO
www.ancestrosdelpacifico.cl
RESTAURANT LAS SALINAS DE BARRANCAS
Barrancas s/n frente a las salinas
Horario: Lunes a domingo 9:00 a 20:00 horas
Pichilemu Región de O´Higgins
F: 77146235