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EDICIÓN | Abril 2016

Una buena dupla

Juan Pablo Torres y María de los Ángeles Mozó, golfistas.
Una buena dupla

El golf fue un gran descubrimiento para ambos. La perseverancia y el fanatismo de ella, la llevaron al PGA en Atlanta, hasta ahora, su máximo premio y donde conoció a los mejores golfistas rankeados del mundo. Él, con su habilidad natural, tiene a su haber más de treinta trofeos y varios campeonatos en el cuerpo. Con treinta y un años de matrimonio, afirman que este deporte les cambió la vida, en especial a ella.

Por Verónica Ramos B. Fotografía: Patricio Salfate T.

María de los Ángeles cumplía los dieciséis años cuando, de pronto, apareció en su fiesta Juan Pablo. La conexión fue inmediata y a los quince días comenzaron un romance. Pololearon cinco años y, en diciembre de 1984, se casaron. Al regresar de la luna de miel, dejaron la capital para trasladarse a La Serena. Juan Pablo trabajaba en una empresa trasnacional y había sido nombrado jefe zonal de la Tercera y Cuarta Región. Más tarde se independizó y formó su propia empresa de distribución de insumos agrícolas. En forma paralela se dedicó a la agricultura en Rapel y en esto lleva más de diez años.

Ella es profesora de educación básica de la Universidad Católica. Trabajó en algunos colegios de La Serena, pero los continuos viajes a Rapel, la llevaron a retirarse y a dar clases particulares por un tiempo. “Llevamos cerca de veintitrés años viajando y cada vez vamos más al campo. Todavía no tenemos claro que decidiremos, pero así matizado está perfecto”, recalca María de los Ángeles.

Entre esos interminables viajes, comenzó a forjarse una historia que los uniría aún más. Juan Pablo siempre fue deportista. Comenzó a jugar tenis en el Club de Golf Pan de Azúcar y sus amigos lo invitaban a practicar golf. “Tuve una lesión jugando tenis y eso me llevó por primera vez a tomar un palo de golf. Sin ninguna técnica, tiré la pelotita y salió fuerte y derecha. Dije ¡esto es fácil! Volví a intentar y casi me caí del impulso… después de esto ¡nunca más tomé una raqueta de tenis! Hoy me arrepiento de no haber empezado antes con este deporte”.

¿Qué fue lo que te sedujo?
JP: Es un desafío porque juegas contra la cancha ¡El golf es un deporte muy jodido! Un día te trata bien y al siguiente; pésimo, pero eso es lo que te hace volver, sobre todo cuando empiezas a jugar de manera más regular y disminuye el margen de error.

¿Contagiaste tu afición a María de los Ángeles?
MA: ¡No! Mi historia de vida es que hasta los treinta y nueve años que comencé a jugar golf, nunca tuve apego al deporte, la verdad ¡cero! JP: Era matea en el colegio y en la universidad, pero el único ramo que negociaba era la clase de educación física (risas)… MA: Siempre busqué justificaciones para no hacer deporte. Cuando me invitaron al club para aprender golf, me demoré más de un mes en tomar la decisión. Partí con mi hermana y tres amigas más ¡todas novatas! Tomé diez clases y luego, el caddie, Marcelo Collado, me invitó a participar en un campeonato de socias. Jugué en total veintisiete hoyos y cuando terminé fui donde mis amigas que estaban jugando póker y les dije ¡me perdieron!

El golf cambió tu vida…
MA: Hace trece años yo tengo un antes y un después, gracias a este deporte. Aquí encontré lo que siempre había buscado. Como no tuvimos hijos, yo era la que organizaba los tecitos, los juegos de póker, pintaba, bordaba y le dije a mis amigas “si me quieren ver, nos juntamos en el Club de Golf”. La verdad es que ha sido mi mejor terapia y me puse fanática. Jugaba toda la mañana, de martes a domingo, porque el lunes el club estaba cerrado. Marcelo Collado fue mi profesor durante muchos años y hasta el día de hoy es mi caddie. Todo lo que he hecho y he ganado ha sido gracias a su asesoría.
JP: El hecho de que ella comenzara a jugar golf solucionó el problema de su falta de deporte y el de hacer cosas por separado. Este deporte nos unió aún más y ha sido estupendo.

¿Y en tu caso nunca tomaste clases?
JP: ¡No!, yo lo único que quería era pegarle a la pelota y recorrer la cancha. Me acostumbré a jugar con mi propio estilo, incluso hasta el día de hoy, tengo el título de ser el swing más malo del club (risas). Cuando comencé a practicar, empecé a ganar campeonatos y a obtener trofeos.

PGA ATLANTA

María de los Ángeles recalca que este deporte requiere de mucha práctica, concentración, mesura y cabeza. Características que debió aprender con el tiempo, pues afirma con orgullo que a diferencia de su marido, a él le resulta absolutamente natural. “Juan Pablo tiene un hándicap bajo y es que como siempre fue deportista es dueño de un talento innato”.

¿Y en tu caso, la perseverancia ha jugado a tu favor?
JP: Ella es un poco tímida y modesta… pero debo decir que ha ganado más de ochenta trofeos y los campeonatos más importantes de la región…

MA: Gané la Copa Coquimbo y fue noticia porque era la primera vez que una mujer ganaba este campeonato. Cuando gané la Copa Caleuche, el  titular de un diario decía “Perfume de Mujer en el Pan de Azúcar”… yo creo que a esa altura los hombres no me estaban queriendo tanto (risas). Gané en tres oportunidades la Copa Peugeot y la final se disputaba en Santiago para ir a Francia. En una ocasión, estuve a un palo de ir ¡sentí que el corazón se me salía! También ganamos un campeonato en pareja con Isabel Zuaznabar y fuimos a Paraguay. El Canadá Dry lo gané tres veces. La primera vez fui a Bariloche y en el más importante obtuve primer lugar en la final regional, esto me permitió participar en el nacional en Marbella y ¡gané! El premio fue viajar a Atlanta con Juan Pablo, para ver el PGA.

¿Una experiencia inolvidable?
MA: ¡Es mi premio más importante! Fue maravilloso conocer a mis ídolos golfistas, entre ellos, Phil Mickelson, Choi… Aquí jugamos como equipo y obtuvimos una copa.

¿Y cómo les ha ido jugando en pareja?
MA: Con Juan Pablo nos complementamos muy bien y participamos juntos en varios campeonatos. Uno de los premios ha sido la Copa Matrimonio.

¿Y tu historial de triunfos, Juan Pablo?
JP: Debo tener unos treinta trofeos. En una primera etapa los premios eran al primer neto, es decir, cuando un jugador bueno te da ventaja en relación a tu juego, de manera que juegas a la par. Tengo otros de primer neto, en especial, cuando estaba en la categoría de diecinueve a treinta seis. Hoy, mi hándicap es trece y juego en la primera categoría. Aquí se nota mucho la diferencia, porque el juego debe ser regular y para mí esto se hace mucho más complejo.

¿Para ti no es un deporte competitivo?
JP: No estoy en ese cuento de querer ser el mejor. Mi idea es pasarlo bien y jugar con los amigos. Ahora, cuando se trata de un campeonato me enfoco en ganar… pero ser un súper golfista ¡ya no podría!

¿Pero en tu familia si hay súper golfistas?
JP: Tengo dos sobrinos que viven en Estados Unidos y han participado en el PGA. Hugo y Horacio León Torres partieron a los cinco años, en el Sport Francés, y juegan a nivel profesional, por eso han llegado donde están.

CLUB DE CLUBES

Juan Pablo y María de los Ángeles participan activamente colaborando con el Club de Campo Pan de Azúcar y son socios hace más de veinte años. Él ha formado parte de la directiva y ella ha sido capitana del comité de mujeres, en dos ocasiones.

“El club cumplirá cincuenta años y siempre hemos luchado por sacarlo adelante, ya sea por efectos de la sequía o por expropiaciones de la cancha”, recalca María de los Ángeles, y agrega Juan Pablo: “en los clubes chicos siempre hay personas que dedican gran parte de su tiempo para que estos funcionen, de lo contrario mueren. Los socios y la directiva nos hemos ocupado de que no sea así. Ha sido un gran trabajo y a pulso”.

Sin duda, el mundo del golf ocupa gran parte de su tiempo
MA: ¡Absolutamente! Al principio me ocasionó algunos problemas familiares producto de mi fanatismo. Mi madre y hermana no lo entendieron hasta que les dije “nosotros no tenemos hijos y el golf me llena la vida”. Desde entonces, siempre me han apoyado y disfrutan de mis triunfos. JP: Para nosotros, el golf fue un gran descubrimiento y hemos sido muy felices en torno a este deporte. Seguiremos en esto hasta que la salud lo permita.

 

"¡El golf es un deporte muy jodido! Un día te trata bien y al siguiente; pésimo, pero eso es lo que te hace volver…”, Juan Pablo.

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