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EDICIÓN | Abril 2016

SABIDURÍA milenaria

Saponaria
SABIDURÍA milenaria

Inspiradas en la madre naturaleza, y lo que nos brinda el reino vegetal y animal, es que las amigas Carolina Cevasco y Alejandra Salinas se entusiasmaron para crear delicados productos de cuidado e higiene personal. Una apuesta a la que han aplicado diseño y mucha dedicación.

Por María Inés Manzo C. / fotografía Teresa Lamas G.

Carolina Cevasco y Alejandra Salinas se conocen hace más de quince años, cuando ambas estudiaban diseño industrial en la antigua Universidad Marítima de Viña del Mar. Desde entonces son mejores amigas —lo cual se nota de inmediato en su complicidad— y hoy socias en Saponaria, una empresa enfocada a productos de cuidado e higiene personal, basados principalmente en jabones y desodorantes de tipo artesanal.

Mientras eran compañeras, Alejandra se cambió a diseño gráfico y al egresar realizó clases en la misma universidad, pero cuando esta se trasformó en la Universidad Andrés Bello. Paralelamente, Carolina tomó rumbo hacia Santiago para trabajar en una empresa, pero al poco tiempo de ser mamá decidió incursionar con la fabricación de jabones esenciales basados en la aromaterapia. Aprendió la técnica y a fabricar desde su casa y a medida que crecía el taller y la cantidad de pedidos, llamaba a su amiga Alejandra para que la ayudara.

“Además de llevarnos tan bien nos dimos cuenta de que funcionaba perfecto trabajar juntas. Regresé a Viña e instalamos nuestro taller en Recreo. Nos ganamos un Capital Semilla, agregamos maquinaria e insumos y nos motivamos a crear más productos. Así nació Saponaria. El nombre viene de una planta que se da en el sur de Chile de manera salvaje y silvestre en los bordes de los ríos. La puedes detectar cuando hay espuma, porque tiene saponina que es el principio activo que también posee, por ejemplo, la quínoa. De ahí viene también la saponificación que es el proceso para hacer jabón”, nos cuenta Carolina.

“Para nosotras, Saponaria era una palabra que englobaba bastante lo que tiene que ver con el concepto de limpieza, con el jabón que es nuestro producto estrella. Pero además nos gustó que fuera una palabra potente, extraña, que no es indiferente para el que la escucha. Nos encanta que provoque algo en las personas”, agrega Alejandra.

¿Qué las diferencia?
A: El diseño, porque nosotras trabajamos desde la producción general al detalle del producto final. Cada uno tiene un cuento, una línea gráfica, terminaciones manuales muy cuidadas que incluso algunas personas la han usado solo para decoración.

C: Todo es un detalle, incluso la bajada de nuestra marca que dice de manera más poética: “del reyno vegetal y mineral”, en castellano antiguo. Tratamos de rescatar las recetas ancestrales y materias primas, sin modificarlas mucho, porque ninguna de las dos somos químicas. Por ejemplo, el jabón de nácar que las abuelas usaban para las manchas o el de carbón para el acné.

INSPIRACIÓN NATURAL

Los jabones de Saponaria son elaborados a partir de cuatro aceites vegetales (oliva, coco, palma y maíz). Enriquecidos con cereales, arcillas, hierbas, semillas, frutas deshidratadas, minerales, etc. y con más de dieciséis exquisitas combinaciones como almendra-canela, zanahoria-naranja, rudaromero, café-coco, mandarina-jengibre, rosamiel, cacao-frambuesa, entre otras. “Nuestros jabones no contienen sustancias químicas tóxicas para la piel ni el medio ambiente y no resecan. Nos preocupamos mucho de la calidad, de tener proveedores locales, y por ello pueden durar un año y medio sin problemas”.

¿Cómo es el proceso de los jabones?
C: Trabajamos con moldes especiales, nos mandamos a hacer unas máquinas para cortar a medida. Es una cortadora que nos permite hacer lotes grandes y se pueden sacar setenta y cinco jabones de una vez.

A: Después pasan al área de secado, a las bandejas, como si fueran queques, y al día siguiente ya hay que cortarlos. Se dejan separados y se secan en tres semanas.

¿Cuál es la producción mensual?
C: Depende de la época del año, para diciembre tratamos de prepararnos desde octubre porque hay pedidos al por mayor y clientes nuevos. En Navidad participamos en ferias ecológicas o de productores. Luego, en enero y febrero nos presentamos en la feria de la Quinta Vergara. En tres horas podemos hacer ciento setenta jabones. Tratamos de saponificar al menos una vez a la semana. Pero, generalmente, intentamos no mantener tanto stock, es rico que el jabón esté recién hecho, aromático, porque tienden a disminuir su volumen.

¿De qué se trata la línea botánica?
C: Son dos barritas de jabón con las cuales buscamos rescatar la materia chilena, como la castaña, el piñón y la arcilla. La presentación viene con citas de Pablo Neruda que traen un mensaje secreto al interior. Las ilustraciones las sacamos de un libro de los años cincuenta e hicimos todo un trabajo gráfico en el papel. Esto ha llamado mucho la atención de los turistas.

¿Cuáles son los más vendidos?
A: El de carbón y los de frutos rojos. Ahora sacamos las líneas de cáñamo y nácar, a las que les ha ido muy bien.

¿Qué otros productos desarrollan?
C: Desodorantes con recarga, que son nuestro fuerte con los jabones; labiales, aceites de masajes, aceites sólidos, mascarillas, spray ambiental, aceite capilar a base de coco puro. Pero no hacemos cremas, preferimos los aceites puros como la rosa mosqueta para cicatrices; la almendra, el cáñamo (con cuatro por ciento de canavinol), que sin bien no lo producimos nosotras, lo conseguimos con productores regionales. También tenemos jojoba, que realmente no es aceite, sino que cera líquida, ideal para la elasticidad y el cabello.

¿Cómo combinan sus líneas?
A: El jabón siempre va bien con un aceite para el rostro, agua de rosas para la limpieza o una mascarilla facial como el barro termal a base de tierra volcánica pura. Es una arcilla, a la que se le aplican gotitas de agua para activarla. Te exfolia, te llena de minerales, pero se recomienda solo una o dos veces a la semana. En general todo se complementa muy bien.

¿Tienen planeado algún producto nuevo?
C: Sí, tenemos la idea de mezclar el jabón con la comida tradicional chilena, por ejemplo, con papas chilotas, brotes morados o ingredientes que parezcan un coctel. Pero queremos que sean jabones enfocados a la exportación o que se puedan vender en los aeropuertos.

A: Estamos en una constante búsqueda para innovar y poner en valor el producto nacional. Mi hermana tiene un campo en Chiloé con papas, ajos, animales… mucha materia prima para investigar y llevar al jabón.

EMPRENDEDORAS

Carolina tuvo la oportunidad de viajar a Venezuela —gracias a ProChile y con otras diez empresas chilenas— para participar de un encuentro de cosmética e insumos médicos, donde llevó una muestra de jabones y desodorantes y pudo comprobar la buena aceptación de sus productos en el extranjero. “El mercado ha comenzado a expandirse y la cosmética natural sigue creciendo.

Hay más competidores y es importante ir unos pasos más adelante para poder subsistir. Por ejemplo, nuestros desodorantes son ciento por ciento ecológicos y están creados a base de piedra lumbre. Antiguamente, los barberos untaban su cuchilla en ella porque es bactericida. Es muy difícil de encontrar y a muchas personas mayores les llama la atención que la usemos, porque les trae recuerdos de su infancia”.

¿Qué ha sido lo más complicado de emprender?
A: Captar más clientes. Confiamos y estamos seguras de lo que fabricamos, pero como somos cuatro manos las que hacemos todo, desde el diseño a la contabilidad, tenemos que potenciar más la parte comercial.

¿Cuáles son sus puntos de venta?
C: Nuestro taller de Recreo (Diego Portales 1070, local 2) y en el Cerro Concepción en la tienda Pachamía (Pasaje Gálvez 223), donde nos agrupamos con tres emprendedoras más. Este es un espacio muy turístico, estamos desde junio y nos han visitado de muchos cruceros. También tenemos algunos clientes en Santiago a los que les mandamos regalos institucionales. Vendemos al por mayor a tiendas naturales y spas del sur de Chile, principalmente Chiloé, Punta Arenas, Puerto Natales, Concepción y Coihaique.

¿Este año vienen ferias nuevas?
A: La próxima es el 30 de abril en Recreo, donde se está potenciando la feria Haciendo mi Barrio en el Mirador Pedro Montt. Es muy entretenida, con vista al mar, música y actividades. Como somos productoras, estamos ligadas al comercio justo y podemos vender nuestros productos directamente.

Paralelamente hacen talleres…
C: Sí, enseñamos la técnica para hacer jabones en nuestro taller, máximo para dos personas, porque para elaborarlos el tiempo es muy reducido y rápidamente se comienzan a endurecer. Son dos horas teóricas y dos prácticas donde la persona se va con un kilo de jabón propio.
A: Nos gusta que elijan sus mezclas. Lo importante es que cada uno encuentre su camino, porque la idea es que no hagan jabones iguales a los de nosotras.

 

"Tratamos de rescatar las recetas ancestrales y materias primas, sin modificarlas mucho, porque ninguna de las dos somos químicas. Por ejemplo, el jabón de nácar que las abuelas usaban para las manchas o el de carbón para el acné”, Carolina Cevasco.

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