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EDICIÓN | Abril 2016

Buenos para el pituto y malos para el networking

Buenos para el pituto y malos para el networking

En nuestra sociedad, la colaboración aún no logra instalarse como paradigma. No dimensionamos el potencial que encierra el networking. Nuestra actitud y disposición ante personas desconocidas generalmente es cerrada y distante. Por eso esto del networking no se nos da con facilidad, no somos tan buenos como para el pituto. Estamos acostumbrados a mantenernos en nuestra zona de comodidad, limitando las redes a quienes tenemos afectos, y prejuzgando a desconocidos sin siquiera darnos la oportunidad de conocerlos.

En este mundo cambiante e interrelacionado, no se puede pretender saberlo todo ni tampoco hacer todo solos. Cada vez cobra más importancia contar con una buena red de soporte que facilite el dificultoso camino para alcanzar los objetivos planteados, ya sea para hacer negocios, encontrar o cambiar de trabajo, o simplemente ayudar a otras personas. Si un emprendedor es muy capaz pero su red es débil, las posibilidades de sacar adelante un proyecto disminuyen drásticamente.

La red que hemos cultivado a lo largo del tiempo, o que en parte heredamos, es un recurso que está a nuestra disposición y le podemos dar distintos usos. Por lo general somos buenos para ocupar los contactos como pitutos. Es decir, para resolver inconvenientes consiguiendo lo que se quiere sin tanto trámite y bastante más rápido. Así es como muchas personas consiguen trabajo y varios emprendedores sus primeras ventas.

Pero el poder de las redes también se puede aprovechar como fuente de oportunidades y colaboración, algo distinto al pituto. Tiene que ver con su activación proactiva buscando acceder a información y generar sinergias. El beneficio que finalmente se pueda obtener de las relaciones va a depender de lo valiosas que sean, acorde a los objetivos que se persiguen. Y para que sean valiosas hacemos networking: para crear, mantener y aprovechar los contactos desde la perspectiva de la colaboración.

La capacidad que tengamos de generar capital social es una de las claves que puede decidir el éxito o fracaso de un emprendimiento. El networking es una especie de arte que algunos manejan mejor que otros. Los que lo hacen bien son habitualmente personas solidarias. Comparten su conocimiento y sus redes personales sin pedir nada a cambio, fortaleciendo así el vínculo relacional y ganando credibilidad, lo que en definitiva los sitúa en una mejor posición para continuar trabajando sus redes y activarlas cuando lo necesiten. En nuestra sociedad, la colaboración aún no logra instalarse como paradigma. No dimensionamos el potencial que encierra el networking. Nuestra actitud y disposición ante personas desconocidas generalmente es cerrada y distante. Por eso esto del networking no se nos da con facilidad, no somos tan buenos como para el pituto. Estamos acostumbrados a mantenernos en nuestra zona de comodidad, limitando las redes a quienes tenemos afectos, y prejuzgando a desconocidos sin siquiera darnos la oportunidad de conocerlos.

Para ampliar las redes de manera efectiva, hay que salir de la zona de confort, y dejar a un lado el tradicional círculo de contactos y amistades. Y salir a conocer personas, ampliando, por ejemplo, alguna red social como Linkedin o Facebook. En esta última existe un grupo que se llama “Lean Startup Chile”, donde casi diez mil personas ya están día a día colaborando. Pero el mejor networking se hace cara a cara: asistiendo a eventos, charlas, seminarios y exposiciones. Está lleno de actividades que son abiertas a todos. Pero ojo, que no es suficiente con asistir; hay que participar, dejar a un lado el celular, y de interactuar sólo con los amigos y conocidos. Lo más probable es que la mayoría de los asistentes sean desconocidos con historias y oportunidades insospechadas.

 

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