Desde su visión de artista y directivo de este importante espacio cultural, revela uno de los grandes desafíos de generar un cambio de actitud en la comunidad, dirigido a crear audiencias críticas e informadas, que saben lo que quiere en materia artística. Una labor que ya muestra avances gracias a lugares abiertos y dispuestos al público y sus necesidades culturales.
Por Soledad Meléndez R. / Fotografías Andrés Gutiérrez V.
Su destacada trayectoria como artista visual y sus increíbles ganas de aportar al desarrollo cultural de su ciudad natal, son parte del impulso que Jorge Wittwer tiene para guiar con pasión las riendas de Balmaceda Arte Joven, un espacio cultural que ya es parte del circuito local.
Presente en Antofagasta desde 2010, gracias a un convenio de colaboración con Minera Escondida, Balmaceda Arte Joven ha estado al servicio de la comunidad entregando una infraestructura de primer nivel para el desarrollo de talleres artísticos en disciplinas como fotografía, teatro y danza. En este lugar también se busca proponer un atractivo programa de extensión capaz de generar la promoción constante del desarrollo del talento local.
A seis años de su apertura a nivel local, Jorge Wittwer analiza el aporte de esta propuesta dirigida principalmente a un sector juvenil y toma la temperatura de la escena cultural en Antofagasta y cómo la comunidad ha manifestado su demanda latente como público. El artista plantea que no basta con entregar talleres y un lugar de exhibición, sino que debe haber un trabajo anexo que es la formación de nuevas audiencias que se empoderen de los espacios públicos disponibles en la ciudad. Advierte que hay grandes avances, pero que es una tarea aún en desarrollo.
¿Cuál ha sido la propuesta de Balmaceda Arte Joven para generar un espacio para la cultura en Antofagasta?
Ya han pasado seis años desde que nos instalamos acá, en 2010, y la propuesta desde ese minuto hasta ahora ha variado por varios factores, porque los mismos usuarios van indicándote dónde tienes que ir, dependiendo de las necesidades que ellos mismos manifiestan a través de las encuestas o lo que uno percibe en sus visitas. Básicamente, la propuesta de Balmaceda tiene dos ejes que son docencia y extensión, dentro de estos dos, nuestra labor es la entrega de talleres para jóvenes entre catorce y veinticinco años.
¿Cuáles son los principales cambios?
Nos fuimos dando cuenta de que también era necesario salir del espacio que tenemos; salir de nuestra zona de confort. Los chicos vienen y les ofrecemos este lugar para generar talleres, pero también nos dimos cuenta de que no estábamos llegando a todos los públicos objetivos. Entonces eso nos motivó a buscar otras alianzas para entregar nuestro programa, sin dejar de lado nuestra propuesta tradicional y sin tener que salir a buscar nuevos públicos.
¿Cómo ha respondido la ciudad ante la falta de espacios culturales en los últimos años?
Todavía falta y siempre será una necesidad, siempre se hacen poco los espacios. Balmaceda, a través de esta alianza con Fundación Minera Escondida y sus instalaciones, con las salas de arte y todos los espacios que pueden entregar a la comunidad, ha sido un aporte. Pero paralelo a esto, en los últimos años han aparecido nuevos espacios que han brindado una nueva propuesta a la ciudad como Las
Ruinas de Huanchaca, la Biblioteca Viva y la Biblioteca Regional. Un conjunto de lugares que han permitido que el público se empiece a empoderar y manifestar sus nuevas demandas, como que haya más actividades en cartelera que tengan contenido.
¿Crees que hay alguna tarea pendiente?
Creo que nuestra tarea pendiente es educar nuevas audiencias y en esa línea es importante trabajar con niños y jóvenes. Nuestro público son jóvenes de catorce a veinticinco años, pero me atrevo a decir que hay que mirar más allá, hacia los chicos más pequeños que a la larga van a ser nuestros futuros usuarios. Necesitamos un público que venga empoderado, que sepan qué es lo que quieren, que tengan un nivel de crítica, que puedan exigirnos y poder lograr un feedback de ese punto de vista, porque es terrible caer en un tipo de intervencionismo, donde solo se les entrega un taller y luego se van, esa no es nuestra tarea.
¿Tiene que haber un seguimiento del proceso?
Claro, es como cuando se entrega una plaza a la comunidad, pero sus encargados no consideran el mantenimiento, quién la va a regar, quién la va a limpiar; si no te ocupas de eso al mes va estar todo seco y sucio. En este caso es lo mismo, tiene que haber un seguimiento, preocuparte de qué necesita la comunidad y tu público. No puedes pretender creer que no debes preocuparte de levantar la información necesaria para entregar un producto que sea apreciado y que, en realidad, lo puedan usar o disfrutar la mayor cantidad de usuarios.
DESAFÍO
Crear una nueva conciencia frente a la cultura, aportar al desarrollo social y posicionarse como un espacio de excelencia para quienes cuentan con un interés artístico o que buscan consolidarse en alguna rama del arte no es una tarea simple. Sin embargo, los logros son evidentes y para seguir avanzando es necesario, para esta agrupación, seguir proponiendo un programa dirigido a la comunidad y atento a sus principales requerimientos.
¿Cuál es el enfoque de trabajo de Balmaceda Joven a la hora de proponer un programa a sus públicos objetivos?
Tenemos una programación específica que realizamos en conjunto con Fundación Minera Escondida, que contempla el uso de nuestros espacios en Antofagasta y San Pedro, donde presentamos al año entre quince y veinte exposiciones de fotografía, artes visuales y, desde este año, patrimonio.
“Estamos tratando de abrir espacios a artistas que no son consagrados, pero que tienen algo interesante que mostrar. En los años que llevamos en Antofagasta hemos logrado posicionar un espacio de primera línea con una programación excelente”.
¿Cómo se logra este objetivo?
Por ejemplo, nos hemos preocupado de hacer la mayor cantidad de talleres y capacitaciones para fotógrafos, eso nos llevó a crear una especie de plataforma que es el Festival de Fotografía Foto Antofagasta, que este año tendrá su tercera versión. Eso nos ha permitido generar exposiciones, talleres, capacitaciones y hacer actividades en otras comunas. Esto es un claro ejemplo de la importancia de que un espacio sea capaz de empezar a tomar vida propia, pero en función de los usuarios, no de quien los administra.
¿En esa línea qué consideras que se debe cambiar o aportar?
Con mucha paciencia hay que empezar a generar espacios de discusión y creación, y no me refiero sólo a espacios físicos. Creo que hay que salir a la calle, enseñarle a los chicos a utilizar el espacio público. Eso falta.
¿Cómo se puede lograr ese empoderamiento?
Nuestra misión no sólo está en un aula o en un sitio cerrado para entregar un tríptico con información, sino que, principalmente, enseñarles a aplicar la información entregada para usar de otra forma el espacio público y así empoderarse de la ciudad. En la medida que sea gente o personas con una sensibilidad, con un conocimiento de arte y cultura, creo que siempre van a ser mejores ciudadanos, por los menos van a ser más conscientes del medio ambiente y su entorno. Hay un gran grupo de jóvenes que ya se está tomando las calles, que se están apropiando de ellas y nuestra opción es apoyar esas instancias y motivar a que todo eso pase, porque, a la larga, es el espacio ciudadano el que importa.
"Creo que nuestra tarea pendiente es educar nuevas audiencias y en esa línea es importante trabajar con niños y jóvenes”.