Es reconocida en el mundo cultural por su intenso trabajo en gestión, marcado siempre por un espíritu fuerte y apasionado. Sus luchas nacen desde una mirada social, donde cada uno debiera elegir su destino, con herramientas como la libertad, la igualdad de oportunidades y el respeto por el otro como únicos condicionantes. Siguiendo estos principios instauró junto a su hermana el sello de Café Pendiente, en la Cafetería Literaria Letra & Música al interior de la Biblioteca Regional. Este símbolo de confianza es lo que la retrata de cuerpo entero.
Por Claudia Zazzali C. / fotografía Andrés Gutiérrez V. / Asistente de Fotografía Alejandra Villablanca
“¿Azúcar o endulzante?” esa es la única pregunta que se le hace a quien pida un “café pendiente” en la Cafetería Literaria Letra & Música al interior de la Biblioteca Regional. Quienes lo pagan tampoco preguntan a quién se lo entregarán ni ponen condiciones para hacerlo. Todo porque la base de este intercambio es la confianza.
Carla Corrales, quien junto a su hermana Vivian lidera este agradable espacio, es la impulsora de sumarse a este movimiento que en Chile congrega a cerca de cincuenta locales. Inspirados en la idea de “Caffè Sospeso”, nacida en Nápoles, el simbolismo del café representa también la entrega de dignidad y respeto a quien por diversas circuntancias no puede pagar su consumo.
Al enterarse de esta iniciativa, no dudaron en hacerse parte. “De hecho fuimos los primeros del norte. Hoy existe uno en Iquique, pero nosotros somos los únicos de Valparaíso hacia acá. Es cierto que el invierno es distinto, quizás menos crudo, pero no por eso desparecen las necesidades”.
Pero detrás de ese café gratis hay otras cosas… Exactamente. Esto es cariño y confianza, no tiene que ver con otra cosa. El que lo dona realiza un acto de confianza. Y el que recibe el beneficio sabe que va a venir a un lugar donde nadie le hará preguntas.
¿Existe algún tipo de control?
A veces les damos un vale al que lo compra. Con ese vale puedes salir a la calle y entregárselo a alguien que consideres que lo necesita. La finalidad es entregar un símbolo físico del aporte, porque hay personas que no se atreven a ir a un lugar a pedir sin dar algo a cambio. Pueden traer el vale, pero da lo mismo. Con el solo hecho de que tú me digas yo me quiero tomar un café, aquí se te sirve.
Claro, es que en estos tiempos nadie parece creer en nadie… menos si te ofrece algo gratis Lo que pasa es que la confianza no es algo que se construya instantáneamente, es muy de a poco. Nosotros cobramos solo el costo del café a quien quiera contribuir. También pueden dejar pagado un sándwich o un almuerzo. El valor monetario no es relevante porque el objetivo es otro. Un par de veces han cerrado la biblioteca por las lluvias o arreglos y antes de llevarnos las cosas a la casa, mi hermana y mi cuñado prefieren salir a repartir café y chocolate.
¿Quiénes vienen más seguido por sus cafés pendientes?
Muchos son quienes viven en el centro, que son casi invisibles para la mayoría, pero que están ahí y no podemos hacernos los ciegos ante esta realidad. Es como los campamentos, los sacan de un lado bien, pero ¿dónde quedan esas familias? Ahora nosotros no pretendemos solucionar el problema social, no tenemos la capacidad, pero como dijo Galeano alguna vez, cuando tú haces un acto por muy pequeño que sea, te demuestra que la realidad es transformable, y eso es tremendo.
¿Cómo reaccionan la primera vez que vienen?
Uno nota que ese simple gesto le cambia el día a alguien que muchas veces ya no tiene esperanza. Entiendo que hay personas que pueden no creer, nos ha pasado que hemos sentido que nos ponen a prueba, pero eso no nos desanima. Es triste cuando una buena acción es cuestionada sin fundamento, a mí me da mucha pena, pero seguimos adelante.
MUJER Y MAMÁ
Hoy la vida de Carla se divide entre la cafetería, el impulso de proyectos culturales y sus hijos, los “cabezones”, aunque la presencia de su primogénita, María Victoria, siempre la acompaña.
La pequeña recién nacida no pudo sobrevivir luego de una enfermedad cardiaca que la afectó en sus primeros días, siendo la única alternativa una cirugía en la capital y para lo cual se necesitaba una droga que debía suministrarle antes del traslado. Carla movió cielo, mar y tierra y consiguió que desde Santiago enviaran lo que salvaría a su niña, pero no alcanzó a llegar. La pena inmensa y la frustración la sumieron en una profunda tristeza. Casi sin pensarlo dejó la dosis que haría el milagro en el hospital. Semanas después llegó hasta su casa un señor a darle las gracias. Lo que no sirvió para María Victoria le había salvado la vida a otro pequeño. “Su breve paso por este mundo tuvo un propósito”, nos dice.
Años después, unos gemelos vinieron a revolucionar la vida de Carla quien se asume como una madre muy sui generis. No es de poner muchas reglas “porque sí” y a los catorce años de sus niños muchas veces ha debido creer en su instinto, pues sus decisiones son poco convencionales.
“No es que todo sea un caos, pero es cierto que en mi casa todo es más conversado y menos impositivo”, señala. “Quizás ha tenido que ser así considerando que tenemos un núcleo bastante especial”.
Uno de sus cabezones nació con un trastorno del espectro autista. Fue detectado en el colegio cuando, producto de su hiperacusia,
“escuchaba todo muy fuerte y por eso en el recreo él se tapaba los oídos y se paseaba en esa posición por todo el patio, le molestaban los gritos de los otros niños. Eso lo convertía en un niño diferente y por lo tanto, estigmatizado e incomprendido. Cuando vino el diagnóstico todo mejoró. Si bien comenzó un periodo de muchas consultas y dudas, son situaciones a las que nos hemos ido adaptando todos juntos. Hoy es distinto, incluso nos tomamos con humor esas eventuales diferencias”, recuerda Carla.
¿Cómo se asume una condición como la de tu hijo?
Al principio con muchos tratamientos, hartos especialistas y buscando apoyo en otras personas con más experiencia. Pero después de un tiempo, hemos dejado que todo fluya nomás. Finalmente ser asperger es como ser flaco, diabético, hipertenso o qué se yo. Es una condición de vida, una forma de mirar el mundo, una cosmosvisión, y si es que llega a ser un problema, lo es para el resto, no para nosotros. Nos gusta escuchar trova, jazz, música clásica. Nuestras conversaciones son filosofía pura.
¿Y tu otro hijo?
Siempre les digo que los amo a los dos en la misma cantidad pero de distinta manera. Se provoca un tema en la familia porque inevitablemente existe una preocupación mayor por quien uno cree, equivocadamente como más débil y dejas un poco de lado a los demás. En mi caso, porque creo que todos somos diferentes y por ende, tenemos historias distintas, fue complicado. Por suerte me di cuenta a tiempo y hoy estamos fortaleciendo nuestra relación. Somos muy compañeros, escuchamos música, tocamos guitarra –tiene mucho talento–, buscamos espacios que sean solo nuestros. Nos conecta nuestra faceta rockera.
VIDA PÚBLICA
Más allá de las etiquetas, Carla es una mujer política. Desde su época escolar sentía el compromiso por trabajar por los demás.
¿Cómo surge esta faceta?
Mi origen es humilde, mi papá profesor normalista y músico comienza su carrera a los diecinueve años en Mejillones donde conoce a mi mamá, su alumna, ella una niña hermosa, brillante, hija de obreros ferroviarios. Son gente de trabajo, de esfuerzo, con la esperanza de mejorar nuestra calidad de vida. Eso hace que tanto a mí como a mi hermana nos matriculen en los entonces mejores colegios de Antofagasta (no los más caros). Al principio viajábamos todos los días, como muchos niños y niñas hoy aún lo hacen. Fue su mejor decisión. La conciencia de que pertenezco a la clase de los trabajadores es fundamental para trazar lo que iba a ser el sello de mi vida de ahí en adelante.
"Nosotros no pretendemos solucionar el problema social, no tenemos la capacidad, pero como dijo Galeano alguna vez, cuando tú haces un acto por muy pequeño que sea, te demuestra que la realidad es transformable, y eso es tremendo”.