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Entrevistas

EDICIÓN | Marzo 2016

SOBREVIVIENTE

Ramón “Moncho” Sabella
SOBREVIVIENTE

No tenía nada que hacer en ese vuelo, solo acompañaba a sus amigos, jugadores del equipo uruguayo de rugby Old Christians, que viajaba a Chile para jugar con Old Boys, de Santiago; pero Ramón Sabella estuvo allí y se convirtió en uno de los dieciséis sobrevivientes del llamado Milagro de los Andes, hace cuarenta y tres años. Hoy habla sin amargura ni rencor por lo que la vida le hizo pasar, solo saca lecciones positivas que transmite a las nuevas generaciones.

Por Soledad Posada M. / fotografía Sonja San Martín D.

Ramón Sabella es uno de esos hombres que no tienen edad. Detrás de las marcas del paso del tiempo, hay una persona que conserva la pasión, la alegría y toda la prestancia de quien ha pasado por la más dura de las experiencias, rescatando lo mejor, y a la vez, rindiendo homenaje a quienes quedaron atrás, con orgullo y sin olvidarse de ninguno. Una muestra viviente de que los problemas no se superan tapándolos, guardándolos, quejándose o victimizándose, sino con valentía, ingenio y un profundo amor por la vida.

La muestra que más se acerca a lo que tuvo que vivir luego de la caída del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya, el viernes 13 de octubre de 1972 en plena Cordillera de Los Andes chilena, es un documental titulado La sociedad de la nieve, relatado por los propios protagonistas, quienes no dejan nada en el tintero, ni siquiera el hecho que se vieron obligados a alimentarse de sus compañeros muertos, porque la otra opción era morir, y para estos luchadores jóvenes uruguayos, esa no era opción.

Fueron setenta y dos días soportando temperaturas de hasta treinta grados bajo cero, sin comida ni agua, porque la nieve les quemaba los labios al tratar de comerla en un intento de sentir algo de líquido en su cuerpo. Él mismo lo dice, “lo peor: el frío y la sed, una sed que duele, una hipotermia permanente”.

Sin embargo, junto a la necesidad afloró la creatividad de cada uno “se armó un grupo increíble, todos se entregaron de lleno y trabajaban para lograr el objetivo en común, sin ego, entregando lo mejor de sí, en un esfuerzo físico y mental, aportando ideas, tanto para construir objetos de primera necesidad (lentes, guantes), como para preparar las expediciones donde les dábamos los mejores implementos a nuestros expedicionarios, porque muy pronto supimos por la radio que habían suspendido la búsqueda; estábamos condenados a muerte, y cambiamos nuestra actitud de espera a ser encontrados, a un rol más activo, debíamos salir de ahí por nuestros propios medios y esto significaba ir en busca de ayuda”. Fue así como fueron rescatados, el 22 de diciembre de 1972, luego que un arriero encontrara a los expedicionarios, después de diez días de caminata por la cordillera.

SOLIDARIDAD

Hoy, Ramón Sabella viaja por el mundo ofreciendo charlas motivacionales, y es miembro honorario de la Junta Directiva de Aldeas Infantiles, en Asunción. A los estudiantes les cuenta de la tragedia y cómo la superó, dejando en ellos una enseñanza de vida sobre perseverancia ante la adversidad, de sobrevivencia y, lo principal, no rendirse, porque lo más fácil y muy tentador hubiese sido dejarse llevar por ese sueño y tranquilidad que sintió cuando estuvo a punto de morir en la avalancha que tapó el avión durante su permanencia en la montaña, y donde murieron ocho compañeros. Quedó enterrado bajo la nieve, y en ese momento se produjo su punto de inflexión, cuando al sentir un poco de aire, logró darse cuenta de que lo único que quería era vivir.

¿Qué siente cuando ve la Cordillera de Los Andes desde el avión?
La cordillera la visualizo como un lugar en el que crecí como ser humano, en donde sufrí y en donde me encontré de la forma más profunda conmigo mismo y donde salí fortalecido y donde tuve que encontrar en la flaqueza más absoluta la fuerza para seguir adelante. La cordillera es un lugar donde viví una experiencia de vida en equipo y siento que debo canalizarla y transmitirla para apoyar a quienes, por diversas circunstancias, no logran atravesar sus propias cordilleras.

¿Cómo lograron superar la tragedia sin sicólogos ni terapeutas?
Tal vez era un tema de la época, el psicólogo era tu familia, tus amigos y el trabajo. Para nosotros, tras tomar vacaciones —porque así lo mandaba el calendario (pleno verano) —, inmediatamente regresamos a nuestros trabajos, universidades y el tema se quedó ahí.

Fue guardado en el corazón de cada uno y se compartió íntimamente con los seres más queridos y cercanos. Quizás ayudó el que nunca nos convertimos en víctimas, solo sentíamos impotencia al pensar en el sufrimiento de nuestros familiares. No teníamos fuerza para quejarnos, además, la queja es contagiosa y no soluciona nada, sólo la acción soluciona. Cada cosa mala que pasaba la convertíamos en acciones buenas.

SU PROPIA HISTORIA

¿Por qué realizaron el documental La sociedad de la nieve?
Porque seguramente cuando te vas poniendo más viejo (risas), sientes la necesidad de contar la historia, por primera vez, en conjunto y ya con la visión de la madurez. Nos merecíamos contar esta historia sin ribetes tan cinéfilos en cuanto a los efectos especiales, sino de una forma más de un estilo documental.

Pero hay muchas películas…
Sí, hay muchas películas, pero ninguna logró reflejar la realidad, les faltó contenido, no expresaban nuestros sentimientos, desde la solidaridad, el afecto, el cariño de uno por el otro, la sed, el hambre y el frío. Y aunque son dieciséis personas distintas, se logró una historia muy aproximada con la realidad.

¿Cree que su vida hubiera sido distinta sin esta tragedia en su juventud?
Tal vez sí... son situaciones que te dejan una huella en la tabla rasa que se va moldeando a través de la vida. Yo era muy joven, pero pese a ello trabajaba y estudiaba y tenía mucha vinculación con las comunidades más necesitadas y siempre sentí esa pasión por apoyar y trabajar con las personas. Siempre he tenido una vida espiritual intensa y eso en la vida me ha permitido sobrevivir y salir fortalecido de otras cordilleras. Pero, sin duda, que el dolor y el sobrellevar situaciones límites te posicionan de una manera distinta una vez que vuelves a la cancha, tu mirada cambia y tus prioridades también. Ciertamente no era el estándar de un chico de veintiún años.

¿Qué espera transmitirles a los escolares con sus charlas?
Básicamente que valoren lo que tienen, que sean conscientes que son privilegiados por contar con una familia protectora, un entorno que facilita la posibilidad de estudiar, desarrollarse, de tener medios económicos y de sostén familiar para ser personas de bien y que, por esa misma razón, deben apoyar a las personas más desprotegidas y vulnerables que son sus pares y que les ha tocado un camino empedrado. Despertar el sentido de la solidaridad, el trabajo en equipo y el ser un agradecido de la vida por poder hacerlo.

 

"La cordillera es un lugar donde viví una experiencia de vida en equipo y siento que debo canalizarla y transmitirla para apoyar a quienes, por diversas circunstancias, no logran atravesar sus propias cordilleras”.

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