Defensora de los cielos chilenos —considera que estos sitios astronómicos deberían ser Patrimonio de la Humanidad— esta científica argentina radicada en nuestro país alucina observando el universo. Ve lo que los ojos comunes no ven. Lo suyo son las regiones extragalácticas donde estudia las formaciones estelares. Y lo hace feliz desde la capital mundial de la astronomía.
Por Iván Fredes G / Fotografía: Patricio Salfate T.
Literalmente, fue un amor a primera vista. Tenía apenas seis años cuando quedó encandilada con el cielo estrellado. Entonces, cada noche, desde la terraza de su casa, en los suburbios de Buenos Aires, germinaban las primeras interrogantes en su mente curiosa e inquisidora. Hija de un tipógrafo, una madre dueña de casa y la menor de tres hermanos, creció con la vista clavada fuera de la estratósfera. En esos años soñaba con convertirse en astronauta para estar más cerca de las estrellas, pero la fascinación por la popular serie Cosmos de Carl Sagan, la guiaron hacia el camino de la astronomía.
Es la primera astrónoma de una familia rodeada de tíos y primos interesada en las ciencias, la historia, la política. Más de documentales que de telenovelas. “Me gustaban las muñecas, pero también me fascinaba la ciencia. Jugaba a ser científica con plantas e insectos. Y también me gustaba mucho mirar al cielo. A los seis años ya me apasionaban las estrellas”, recuerda Verónica Firpo, quien, hoy, estudia la vida, pasión y muerte de las estrellas desde el Observatorio Gemini Sur, enclavado en la cumbre de las montañas altas del Valle de Elqui.
No tuvo telescopio cuando pequeña, pero con sus padres y su prima concurrían al observatorio de aficionados de la Asociación Argentina Amigos de la Astronomía, en el Parque Centenario, en Buenos Aires. “Eran telescopios grandes, antiguos, traídos por el presidente Sarmiento. La primera vez que miré por uno de esos telescopios vi a Júpiter con sus lunas. Era fabuloso tenerlo ahí, casi en la palma de la mano. Siempre había querido conocerlo”.
¿Surgían las primeras preguntas a esa edad?
Sí. Miraba el cielo y me preguntaba: ¿Qué hay allá arriba? ¿De qué están hechas las estrellas? Me atraía mirarlas, era raro. Me sentaba en la terraza y me ponía con una sillita a mirarlas. Después, cuando tenía ocho años, apareció la serie de televisión Cosmos, de Carl Sagan. No entendía mucho, pero la miraba igual. Me encantaba aprender sobre los planetas y las estrellas. Mis padres intentaban explicarme lo que no entendía. Luego salió el libro de la serie. Mi tío lo compró y me leía. Soy de la generación de Cosmos. Me imaginaba flotando en el espacio porque entonces quería ser astronauta.
¿Y por qué astronauta?
Quería estar en el espacio, volar, salir de la atmósfera terrestre y llegar a otros planetas. Jugaba a Cosmos. Apagaba todas las luces de la habitación. Quedaba a oscuras y con una linterna jugaba a que estaba en el espacio y en una nave espacial llegaba a los planetas. Mi prima me dijo que para serlo debía seguir una carrera militar y que era complejo, que había que estudiar en Estados Unidos. Entonces me contó que en Argentina se podía estudiar astronomía, en Córdoba o La Plata. A los ocho años sabía que me iría a vivir a La Plata para estudiar astronomía.
¿La carrera de astronomía era un universo masculino?
No. Era mitad y mitad. Fue el año que entramos más alumnos. Era 1990 e ingresamos ciento treinta y seis. Muchos pensaban que estaríamos todo el día mirando las estrellas. Pero no. Era mucha matemática y física. A mitad de año, quedamos cerca de veinticinco en astronomía y geofísica. Al final, nos recibimos no más de diez astrónomos. Nunca he sentido sexismo. En Argentina estamos nivelados y a nivel global cada vez hay más mujeres y con roles más importantes. Hoy, tenemos una presidenta en la Unión Internacional de Astronomía.
FORMACIONES ESTELARES
¿Se cumplieron tus expectativas?
Sí, la carrera en la Universidad Nacional de la Plata es muy buena. De ahí salen muy buenos astrónomos. Todos los que salimos hemos hecho doctorados y viajado al extranjero. Yo lo hice en la Universidad Nacional de la Plata. Seguí ahí y y una vez que lo terminé hice un posdoctorado. Soy Licenciada en Astronomía y Doctora en Astronomía. Trabajo en Astronomía Extragaláctica, formación estelar, en las regiones donde se están formando estrellas en otras galaxias.
¿Cómo fue el comienzo?
Siempre me gustó la difusión de la astronomía y al comienzo hice de todo. Mi tesis de licenciatura fue sobre las regiones de formación estelar, guiada por el astrónomo Guillermo Bosch. Él venía de hacer el doctorado en la Universidad de Cambridge. Los primeros datos con los que aprendí a trabajar fueron obtenidos por la astrónoma argentina radicada en La Serena, Nidia Morrell, del Observatorio Las Campanas.
¿Y cómo llegas a Chile, la capital mundial de la astronomía?
En Argentina la comunidad astronómica es muy grande y siempre han venido a observar a Chile, a Tololo o Las Campanas. Con la crisis científica de los años noventa, varios astrónomos de mi grupo se vinieron a vivir a Chile. En el 2013, el astrónomo argentino Rodolfo Barbá, de la Universidad de La Serena (ULS), estaba buscando un astrónomo posdoctorado para un puesto en el Grupo de Astronomía de la ULS. Así fue como postulé al puesto posdoctoral del Comité Mixto ESO-Gobierno de Chile y asociado al proyecto “Vista Variables in the Vía Láctea – VVV”, el primer Survey Público ESO-Chile, y desde junio del 2013 formo parte del Grupo de Astronomía de la ULS, que hoy ya es Área de Astronomía. Estuve trabajando dos años en el área galáctica. Fue una buena oportunidad para poder venir a Chile.
¿También participa de una investigación en el Observatorio Gemini Sur?
A partir de octubre del año pasado obtuve un postdoctorado del Fondo Conicyt-Gemini otorgado por el Gobierno de Chile y el Observatorio Gemini Sur, con el cual desarrollo investigación en la ULS y participo en el grupo de astrónomos soporte científico del Observatorio Gemini Sur. La investigación que estoy llevando adelante con este nuevo posdoctorado está orientada a estudiar regiones en formación estelar en otras galaxias, comparando el comportamiento de estas regiones en diferentes entornos (galaxias espirales, galaxias jóvenes como las enanas azules, y galaxias en interacción). Estudio esas regiones para ver cómo están compuestas. Y están compuestas por varios cúmulos estelares de estrellas jóvenes. Con la espectroscopía uno puede estudiar esas regiones, analizando la composición química y la cinemática del gas.
CIELOS CLAROS, NOCHES MÁS OSCURAS
A fines del 2014 fue invitada a un ciclo de conferencias de mujeres astrónomas, donde expuso sobre la calidad de los cielos chilenos, afirmando que estos son de los mejores cielos del mundo junto a Hawaii. “Chile tiene la ventaja que al ser angosto, los vientos del mar ayudan a “empujar” la turbulencia hacia la cordillera, lo cual permite que la atmósfera sea menos turbulenta en los sitios observación. Además, la altura de los cerros, que son zonas más secas, hacen que sean sitios óptimos para la observación astronómica”, recalca.
¿Hay conciencia del patrimonio celestial que tenemos?
Creo que falta tomar más conciencia de la calidad del cielo en estas regiones, porque es algo fabuloso. Lamentablemente, el avance de las ciudades trae consigo la contaminación lumínica, que es lo que impide que uno pueda ver el cielo, las estrellas, los planetas, la Vía Láctea. Desde la misma terraza de mis padres, en Buenos Aires, hoy me siento a observar y se ven apenas las Tres Marías y algunos planetas brillantes.
Para un astrónomo debe ser un privilegio estar bajos estos cielos australes Ahora, en este este momento, Chile está en la vanguardia de la astronomía mundial con una cantidad impresionante de telescopios e instrumentos. Para mí es fabuloso estar acá y poder disfrutar todas las ventajas que tiene el país a nivel astronómico. Como hay mucho movimiento astronómico, hay mucha interacción con la astronomía nacional e internacional. Grandes avances de la astronomía están saliendo de acá.
¿También surge el turismo astronómico?
Es importante que los observatorios y las universidades tengan su área de difusión para que la gente se acerque a conocer, no solo para informarse de la astronomía, sino también para conocer los sitios. A mi entender, falta un poco más de difusión. Hay que salir a dar charlas a las escuelas y que estas se integren con las universidades. Hoy en día se ve un poco más el astroturismo desde el lado de los aficionados. Sería interesante que los astrónomos nos pudiéramos acercar más a esta área para aportar más conocimiento tanto al aficionado como al turista.
"Chile está en la vanguardia de la astronomía mundial con una cantidad impresionante de telescopios e instrumentos. Para mí es fabuloso estar acá y poder disfrutar todas las ventajas que tiene el país a nivel astronómico”.