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EDICIÓN | Marzo 2016

Genuina rebeldía

Giova Baeza, artista visual.
Genuina rebeldía

De su pintura surrealista, brota pasión, honestidad, poesía y salvajismo. Todo un potencial que este arquitecto dejó fluir cuando se encontró con el silencio inspirador de La Herradura, hace más de siete años. Reflexivo con su arte, Giova habla de manchas, de pixeles, de libertad, de desenfoques, de mosquitos inmortalizados en sus telas… de la profundidad de sus composiciones.

Por Verónica Ramos B. / Fotografía: Patricio Salfate T.

Por cosas del destino, en 2007 volvió a su tierra natal, Coquimbo, y se instaló en La Herradura. Aquí comenzó a dedicar gran parte de su tiempo a la pintura, marcando un antes y un después en la vida de Giova Baeza (41), pues el camino recorrido hasta entonces, lo había encauzado en sus estudios y en la música.

Cuando cursaba cuarto año de arquitectura en la Universidad Católica de Valparaíso, la conocida banda viñamarina Canal Magdalena, lo invitó a formar parte de su grupo, sin embargo, Giova decidió terminar la carrera. Al cumplir su objetivo, optó por integrarse a la banda, como guitarrista. “Me dediqué a la música por más de seis años y, la verdad, viví de ella a duras penas. En tanto, con la arquitectura mantuve una relación muy bonita, porque nunca la usé con fines monetarios y los proyectos que hacía llegaban solos, nunca los busqué. Finalmente, me retiré del grupo y fue doloroso para mí… ellos siguen siendo mis hermanos, mis amigos”, recuerda Giova.

¿Dejas la música para dedicarte a tu profesión?
Una tía que vive en Estados Unidos, me pidió que me hiciera cargo de la construcción de su casa en La Herradura y con mi novia decidimos dejar Santiago y vivir acá. Cuando estaba haciendo la instalación de faena, mi tía me llama y me dice “¡esto se termina”! Producto de la crisis subprime ya había perdido dos casas y eso significaba que no podíamos seguir construyendo. Es aquí donde se produce mi punto de encuentro con la pintura, gracias al silencio y la tranquilidad de La Herradura. Compré unos bastidores y comencé a pintar. Mi sueño era hacer cuadros en formatos grandes.

¿Y cuál fue tu enfoque?
Cuando estaba en el colegio, visité una exposición de Roberto Matta. Cuando me acerqué a uno de sus cuadros vi la huella de un zapato y pensé que él había caminado sobre la tela. Pensé ¡”este artista usa el error a su favor”! Lo que yo vi en sus pinturas fue la libertad absoluta y dije: “¡esto es lo que quiero hacer”!

El surrealismo te cautivó…
Yo no niego la influencia de Matta en mis cuadros, pero lo que sí he notado en estos siete años dedicado de corazón a la pintura, es que llegué a la puerta de mi lenguaje y para interpretarlo, lo identifico como el pixel de una foto. Eso siento hoy, porque aún me falta mucho por aprender y entiendo que es una carrera larguísima. Creo en la energía de Picasso cuando decía “yo no busco, encuentro” y tiene que ver en cómo la vida te va enseñando las cosas y te va mostrando los caminos.

¿Y cuánto de eso, hay en tu pintura?
¡Todo! Al igual que los surrealistas no pienso cuando hago un cuadro. Es automático y empiezo a pintar. Me pasa algo extraño, porque desenfoco los ojos y hago una mancha que no sé lo que es. Lo fundamental del cuadro es que es genuino y con una honestidad brutal de mi parte. En definitiva, para mí no existen ni malos, ni buenos cuadros, simplemente los hago.

SALVAJISMO

El año pasado, Giova fue invitado a exponer en doce sucursales del DUOC, en Santiago. Su idea, además de dar a conocer su arte, era interactuar con los estudiantes. “Tuve conversaciones con los alumnos y a todos les pasaba algo distinto con mis pinturas. La recepción fue muy enriquecedora porque permitió abrir espacios de la imaginación y eso significó la conclusión de este trabajo denominado La oportuna costura de los ojos”, enfatiza Giova.

¿Es importante para ti lo que piensa la gente de tu pintura?
Me interesa y es más; lo necesito. Mi máximo premio es cuando personas de diferentes lugares del mundo me contactan y se interesan por mis cuadros. Mi blog es visitado mayoritariamente por norteamericanos y rusos, eso me llama mucho la atención. El cómo todo conspira para que algo ocurra es mi mayor recompensa. Hace poco envié una pintura a Italia y fue muy bonito, porque se trataba de una persona que vio uno de mis cuadros en la casa de una amiga.

¿Has presentado alguna muestra en esta zona?
Varias. Mi primera exposición fue en la Galería Elqui y se llamaba Molécula Enamorada. Le puse así porque yo siempre trabajo en el patio de mi casa y los bichitos chocaban con las telas. Quedaban ahí, en la pintura, como una atracción y yo sentía que eso también me pasaba a mí con el arte. La molécula del mosquito quedaba pegada en la molécula del acrílico… hay mucho de poesía en mis pinturas y también, irracionalidad. El cuerpo de mis cuadros tiene bastante de salvajismo, es muy visceral…

Y también, espiritual
¡Absolutamente! Busco encontrarme con pensamientos nobles y construir una espiritualidad en mí.

¿Tienes proyectos de exposición para este año?
Estoy gestionando, para el primer semestre, una exposición en Viña del Mar. Si todo resulta bien, continuaré la muestra en Valparaíso. El Centro Cultural Palace de Coquimbo siempre me invita a exponer, pero por ahora estoy concentrado en pintar.

 

"… hay mucho de poesía en mis pinturas y también, irracionalidad. El cuerpo de mis cuadros tiene bastante de salvajismo, es muy visceral”.

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