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EDICIÓN | Marzo 2016

EN LIMA DESCUBRIR

EN LIMA DESCUBRIR

Texto y Fotografía: Sacha Sinkovich, Arquitecto ( www.sachasinkovich.cl )

Al sur de la capital peruana, con la proximidad del mar y el desierto en lo inmediato, se emplaza un nuevo museo de sitio y lugar de recepción del santuario arqueológico de Pachacamac, el más importante de la costa de Perú (Siglos III al XV d.C).

Es un proyecto que nace del territorio, de la pendiente del suelo. Dos trazos ordenan los cuerpos: uno que recoge la diagonal interna del conjunto para dominar el total del complejo desde el acceso (que discurre de oriente a poniente), y el otro es un eje rotado respecto del anterior que apunta al templo del sol (el lugar más alto) y se convierte en una procesión a la distancia. Del encuentro de las dos direcciones se crea una quilla que diverge para encausar a la visita del santuario o adentrarse en el preámbulo explicativo del museo. En ambos casos, la idea del peregrinaje y lo sagrado está presente, ya que al complejo llegaban devotos de todos los rincones para ofrendar y consultar al oráculo, y hoy lo visitan para descubrir.

Acá hay una manera de repensar el concepto de museo. Por ser de sitio, asume la condición de plataforma desde la cual partir o llegar luego de una visita a los restos arqueológicos. Cumple la doble función de exhibición, y además de conservación y presentación “in situ” de un patrimonio cultural. Está íntimamente ligado al lugar, apuntando a ser un proyecto arquitectónico de contexto por excelencia y logrando integrarse al circuito sin perder la continuidad. Así este museo recibe y ordena el desplazamiento vehicular, y le da sentido al peatonal. El museo también se convierte en un filtro, porque se trabaja con un modo sagrado: nos prepara y nos señala que el suelo que estamos pisando es distinto, y por ende nos alecciona en el respeto y entrega el ritmo pausado antes de iniciar el recorrido por las vetustas construcciones.

Es un museo para vivir experiencias, que en este caso se convierte en el acercamiento al peregrinaje original, pero también al descubrimiento arqueológico y el desentrañar desde la tierra, donde lo descubierto se muestran por retazos o capas superpuestas.

En ese descubrir reconocemos los elementos del centro ceremonial (rampas, zócalos, muros, escaleras plazas, pozos, canales y caminos), esta vez reformulados en la figura del conjunto del museo. Su modo por ocasiones queda incierto. Así, por ejemplo, las bancas exteriores de la plaza penetran la cafetería, y trazos diagonales se cruzan sobre la cuadrícula previa. Es la manera de declamar que la historia funciona por capas testimoniales.

Pero por sobre todo, ésta es una arquitectura de muros que emergen del suelo. Muros que crean recintos con la inspiración y lógica del pasado, que soportan el recorrido siempre ceremonial de las rampas. A diferencia del muro originario, éstos también se desapegan para mostrar el suelo, quizás como respeto o para dejar en evidencia el caminar de las personas que acudían al oráculo y hoy acuden por desentrañar su pasado. Los muros siempre están presentes, tanto cuando los enfrentamos, como cuando los miramos desde arriba, donde los techos se comportan como suelos elevados entre dichos muros, probables señales para un futuro descubridor. Son paredes que se manifiestan discretas a través del hormigón visto, que no compite y deja en evidencia el suelo del desierto. Es una arquitectura con materiales e impronta contemporánea, pero respetuosa del lugar, sin excesos, y con vocablos del pasado. Por otro lado, la muestra interior, también se presenta como una sucesión de muros, que al zigzaguear separan las habitaciones que se conectan a través de ventanas (vitrinas) de objetos, donde su espesor es el soporte de lo expuesto.

Cuando descubrimos algo, lo estamos destapando, hacemos un retiro y lo dejamos en evidencia, y dentro de lo posible apuntamos a encontrar aquello que estaba ignorado u oculto. Este museo no sólo trata sobre ese alumbramiento, sino que además al no competir con lo que hay, refuerza lo ya existente, enseñándonos a cómo se debe descubrir el pasado, en este caso del pueblo peruano, y difundirlo al mundo.

 

FICHA TÉCNICA: Proyecto arquitectónico y museográfico: Llosa & Cortegana Arquitectos, Patricia Llosa & Rodolfo Cortegana (www.llosacortegana.com) / Colaboradores: Angelia Piazza, Daniela Chong, Llona-Zamora, Braulio Miki, Jorge Avendaño, Adela Zavala, Jose Ortiz, Solange Ávila / Construcción: Consorcio Cultural Pachacamac / Mandante: Ministerio de Cultura (www.cultura.gob.pe) / Año de concurso: 2005 / Año de construcción: 2014-2015 / Inauguración: 15 febrero de 2016 / Superficie construida: 7.518 m2 (3.028 m2 cubiertos, 4.490 m2 exteriores) / Ubicación: Santuario de Pachacamac, Antigua Carretera Panamericana Sur Km. 31,5, distrito de Lurín, Lima, Perú. / Materialidad principal: hormigón armado, acero, piedra, y madera / Programa de recintos: Museo arqueológico de Pachacamac: salas de exposición (permanente y temporal), cafetería, tienda, boletería y área de guías, servicios anexos, salas de conservación y administración, laboratorios de restauración, depósito, plazas, rampas y estacionamientos (http://pachacamac.cultura.pe).

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