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EDICIÓN | Marzo 2016

Premios propios

Por Carolina Arias Salgado @carolaarias Ilustración: María de los Ángeles Pradenas M.
Premios propios

Historia de un oso, que ya cargaba trece premios, trae a Chile el primer Oscar. Hemos de esperar que no empiecen los colados a subirse al carro de la victoria, porque este tremendo logro es fruto del trabajo en equipo, de puertas cerradas, de elaboración de proyectos, se trata de personas disciplinadas, que no aflojaron, que no quedaron a medio camino como tantos otros.

Hace muchos años, Gabriela Mistral obtuvo el Premio Nacional de Literatura, el mayor galardón otorgado por este país. La poetisa recibía el respeto y la admiración merecida. Esta distinción hubiera sido bastante oportuna sino fuera porque seis años antes la Academia Sueca reconoció en esta mujer una contribución sobresaliente para el mundo otorgándole el Nobel de Literatura.

Probablemente, si escarbamos más atrás, encontraremos varios chilenos brillantes que han sido reconocidos y distinguidos por círculos y academias extranjeras mucho antes que en su propia tierra. ¿Cuántos creadores han decidido marcharse en busca de mejores oportunidades para demostrar su talento y conocimiento, pues aquí han sido ignorados?

No estoy diciendo que en este país no existan oportunidades, las hay en distintos ámbitos, pero lamentablemente la mayoría de los chilenos son escuchados una vez que se demostraron afuera. Cuántos son los cineastas que con cinta bajo el brazo han tocado puertas en festivales extranjeros y han salido victoriosos. Cuántas películas chilenas han esperado años para poder ser vistas, pues no contaban con recursos para post producción. Hablo del cine porque es de lo que estamos conversando por estos días.

Historia de un oso, que ya cargaba trece premios, trae a Chile el primer Oscar. Hemos de esperar que no empiecen los colados a subirse al carro de la victoria, porque este tremendo logro es fruto del trabajo en equipo, de puertas cerradas, de elaboración de proyectos, se trata de personas disciplinadas, que no aflojaron, que no quedaron a medio camino como tantos otros. En fin, este Oscar viene a coronar el trabajo de años, es un premio merecido para un grupo de emprendedores, no es un logro para una clase política que se siente con derechos de colgarse de historias que no le pertenecen.

Este guion que está inspirado en un abuelo exiliado, una historia íntima que bien podría contarse en cualquier lugar del mundo, sin voces de por medio, logra, a medida que gira la manivela, llenarnos el corazón con la melancolía más delicada, y eso solo lo puede hacer un grupo de personas que no sucumbió a los desaires del tiempo y de su tierra.

 

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