Hablar de emprendimiento en nuestro país se ha convertido, desde hace algún tiempo, en una tendencia. ¡Enhorabuena! Al fin nos familiarizamos con una actividad que logra dinamizar nuestra economía, aportando a los mercados diferentes bienes y servicios con algún valor agregado. Esto ha llevado a que incluso ser “emprendedor” sea una especie de moda.
Antes de que Cristóbal Colón saliera rumbo a las Indias, hace más de quinientos años, tuvo que ir hasta el Convento de Santa Cruz la Real para presentarse ante los Reyes Católicos. Aquel lugar —donde Isabel la Católica le entregó su apoyo— es hoy el aula magna de una importante universidad que conocí hace algunas semanas al iniciar un postgrado que me tendrá un año viviendo en España.
Con esa simbólica historia real, el decano del IE Business School nos daba la bienvenida a lo que está siendo una experiencia inolvidable, cargada de aprendizajes. Estudiar y vivir en otro país no es una decisión sencilla ni una oportunidad que se tenga todos los días. Por eso, y para mantenerme un poco conectado con mi región, iré compartiendo algunas historias, conocimientos y reflexiones a través de estas columnas. Escribiré, principalmente, sobre los temas que más me interesan y por los cuales decidí venir a esta escuela y no a otra de Europa: la innovación y el emprendimiento.
Hablar de emprendimiento en nuestro país se ha convertido desde hace algún tiempo en una tendencia. ¡Enhorabuena! Al fin nos familiarizamos con una actividad que logra dinamizar nuestra economía, aportando a los mercados diferentes bienes y servicios con algún valor agregado. Esto ha llevado a que incluso ser “emprendedor” sea una especie de moda.
Lo anterior me ha invitado a reflexionar muchas veces sobre lo que significa realmente ser un emprendedor. Para muchos, Cristóbal Colón fue el primero de la historia. Si estudiamos la etimología de la palabra emprendedor, llegamos al vocablo francés entrepreneur, que aparece a principios del siglo XVI haciendo referencia a los aventureros que viajaban al nuevo mundo en búsqueda de oportunidades, aunque sin certezas de los resultados que encontrarían. Es por esto que podríamos definir emprendimiento como un esfuerzo dirigido al logro de un objetivo determinado, que es llevado a cabo por una persona o un equipo en forma persistente, y haciendo frente a los obstáculos que se van presentando. En otras palabras, emprendimiento es llevar ideas a proyectos, es buscar constantemente oportunidades, es desarrollar un conjunto de competencias, es, en definitiva, una forma distinta de enfrentar la vida.
El descubridor de América demostró su perseverancia al conseguir el financiamiento para su proyecto con los Reyes Católicos, tras intentarlo durante siete años con la Banca Genovesa. Lideró un equipo de marineros en escenarios adversos, donde se acabaron las provisiones y los planes subestimaron la realidad. Confió en su visión, asumió riesgos con una cuota de locura, lanzándose a la aventura hacia lo desconocido. No cabe duda de que Colón fue un gran emprendedor pero no me atrevería a decir que fue el primero.
Sinceramente, creo que los primeros emprendedores de la historia fueron los primeros hombres y mujeres en la tierra. Probablemente se tuvieron que sobreponer ante adversidades que superan nuestra imaginación; ingeniárselas buscando oportunidades para sobrevivir del hambre, el clima y los depredadores; complementarse con otras personas y conformar equipos para así alcanzar distintos objetivos.
Tengo plena convicción de que todas las personas podemos desarrollar nuestra actitud y espíritu emprendedor. Todos podemos cambiar nuestra forma de enfrentar la vida empezando por ver más oportunidades que problemas sin solución, y definiendo objetivos por los cuales estaríamos dispuestos a salir de nuestra zona de comodidad. Después de todo, y tal como lo hizo Cristóbal Colón, quizás sólo así nos atreveremos a hacer de nuestros sueños una realidad.