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EDICIÓN | Marzo 2016

La batalla decisiva para salvar a la Tierra

Por Sergio Melitón Carrasco Álvarez Ph.D. Profesor en la Universidad de Chile Director China & India Intelligence Reports smcarrasco@vtr.net
La batalla decisiva para salvar a la Tierra

La naturaleza nos está llamando de manera angustiante. Ruega terminar con la destrucción de la vida y su perfecta diversidad. Acabar con la contaminación de las aguas; sobre todo, preservar el mar, riñón planetario. ¿Qué más se puede añadir si ya está todo dicho? El problema es gravísimo y no es propiedad de este o aquel grupo u organización. Es la dificultad mayúscula que enfrenta la comunidad humana completa.

Y la solución no es volver atrás, sino que seguir adelante. Afrontamos el mayor desafío de la historia para la ciencia y la tecnología; además, un reto a la bondad y a la grandeza del espíritu. Por eso, permítanme insertar un relato sorprendente.

Koko es un gorila hembra; tal vez el animal–no humano, que ha dado muestra de la mayor inteligencia. Tras un entrenamiento que tomó años, el gorila Koko logró aprender el significado de unos mil signos y llegó a entender perfectamente el significado de más de dos mil palabras inglesas. Se podría decir que posee más instrumental lingüístico que muchas personas comunes. En el año 2015, ya tras varios años de convivencia con científicos e incluso con el actor Robert Williams, a quien quería mucho, un día usando con precisión los signos aprendidos, el gorila Koko dio un mensaje increíble. Ante la presencia de todos sus amigos humanos, dijo: “Yo soy gorila; y sé bien qué es ser gorila. Yo soy también prados, flores, aves, animales. Yo soy naturaleza; yo Koko, amo la naturaleza. Pero, Koko también ama a los seres humanos. Sin embargo Koko se da cuenta que los seres humanos son estúpidos. Muy estúpidos. Koko lamenta decir eso, llora, y está muy triste. Koko sabe que el tiempo se acaba. Y Koko dice a sus amigos que se apuren y salven la Tierra. Protejan, ayuden a la Tierra. Koko sabe que la naturaleza está observando a los seres humanos. Los observa”.

Hoy, la mayoría percibe ese peligro. Sabemos que la biósfera está amenazada. Pero sólo una minoría nota que la humanidad ya está en proceso de suicidio y autoextinción. Hay sociedades que creemos avanzadas, como los europeos, que han llegado a no producir basura. La procesan; la transforman y se han propuesto llegar a la meta de “huella de carbono igual a cero”. Producen electricidad usando medios renovables. Pero, por otro lado, muestran una frialdad espeluznante. ¿De qué sirve llorar la muerte de una ballena, si nadie llora por un diminuto ser humano abortado?

Esta es la columna Asia dónde vamos. Por eso digo aquí que en Asia, donde se concentran casi las tres cuartas partes de la población, será el lugar donde se ha de dar la batalla decisiva para salvar a la Tierra. En primer lugar, porque aún tiene gruesas capas sociales que reclaman con justicia querer vivir mejor. Sin embargo, si toda el Asia alcanzara el nivel de vida europeo, o más dramático, vivieran a la manera que lo hacen los norteamericanos, todo lo que tiene el planeta no daría abasto. Necesitaríamos tres planetas Tierra, para asaltarlos y destruirlos sin ni un remordimiento. Entonces, ¿deben quedarse como están? Ciertamente que no. De hecho, ellos mismos tienen la solución: progresar, pero en el sentido de su propia civilización.

En la esencia de la cultura persa, india, china, o japonesa, el más alto ideal es lograr la unidad con la naturaleza; lo recomienda el hinduismo con todas sus variantes, el daoismo, el shintoísmo, el budismo, el jainismo, el sijismo, etc. ¿Unidad, qué es eso? Śankara, filósofo indio del siglo VIII, lo define así: “Yo soy naturaleza (Tattvam asi)”, esto es, yo soy Uno con el Todo, soy parte viva del Todo. Es tener compasión por toda criatura. Si daño algo, a alguien, es como dañarse a sí mismo.

Se acabó el relajo y llegó marzo. Con ello, los reclamos que piden más de esto o de lo otro. El filosófico gorila Koko diría: “en vez de tanto pedir y exigir, por qué no proponer cumplir el deber y buscar la unidad”. Máxima educacional debiera ser alcanzar la comunión con la naturaleza humana, la real, esa que regala de paso la extrema serenidad y el máximo conocimiento. Vivir abrazado a la dulce y pacífica naturaleza; todo el año de vacaciones. El proceso educativo debería tener como eje conducir a un joven hacia la realización del estado de unidad. Graduarse, debiera ser alcanzar la plena categoría de hijo de la Creación, y decir: “Ahora, yo soy naturaleza. Ella, o Él, que nos observa, nos abrazaría con todo su amor”.

Para más información, escribir a smcarrasco@vtr.net

 

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