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EDICIÓN | Marzo 2016

CONTRA viento y marea

Gabriela Zegers, presidenta Fundación Cultural Lumbre.
CONTRA viento y marea

Así ha sido el primer año de esta bióloga como presidenta de Lumbre, un espacio de encuentro que quiso insertar la cultura y el arte en el cotidiano limachino. Como todo emprendimiento, no ha sido fácil, pero las ganas de salir adelante, de construir puentes con la comunidad a través de talleres, charlas y cursos han generado una suerte de simbiosis, convocando a figuras tan diversas como Gastón Soublette, Patricia May y Chinoy. “Seguimos siendo circo de pobre, pero la disposición de la gente y la ayuda de los amigos ha sido increíble”.

Por Macarena Ríos R. / fotografía Teresa Lamas G.

Gabriela dice que todo ha sido espontáneo, como su llegada a Limache, como la creación de esta fundación, como la palabra lumbre: “que significa el fuego inicial, necesario para poder convocar. Tiene que existir ese calor, esa luz que acoge y que permite la fluidez de las ideas y las obras”.

La casualidad la trajo a este lugar luego de un largo periplo por Chiloé y Concepción. Lo primero que hizo fue conseguir un espacio y armar su taller textil. Luego comenzó a hacer clases de telar y biología, lo que ayudó a conocer gente y abrir un espacio en Limache. Compró una casa preciosa para vivir con sus hijos Gracia (16), Auna (10) y Simón (8), con un patio amplio y un altillo en el tercer piso que regala una visión panorámica de la ciudad. Y se dedicó a echar raíces.

Se le dan bien las manualidades. La decoración de su casa está impregnada de su personalidad. Artesanal, alegre, colorida. Sobre el living de doble altura, una singular lámpara hecha con retazos de su vestido de novia. De las paredes de adobe cuelgan varios de sus telares que le dan onda al lugar. “Siempre me gustó el arte, en Chiloé y Concepción aprendí mucho de textilería mapuche”.

¿Cuándo nace Lumbre?
Siempre estuvo la inquietud por tener un lugar que pudiera aportar al desarrollo del arte y la cultura en su máxima expresión. Un lugar que invitara a reflexionar, expresar y crear. Al llegar a Limache conocí a la artista Carolina González y a través de ella, a Alejandra Meza, también artista visual. Nos hicimos amigas y nos dimos cuenta de que teníamos los mismos intereses y compartíamos los mismos sueños en torno a generar ese lugar. Invitamos a Catalina Rengifo y más tarde se nos sumó Belén Goya. Armamos el directorio y comenzamos a tirar líneas. Ninguna tenía experiencia en fundaciones, salvo Catalina, pero sí las ganas y el corazón. Fue todo espontáneo.

Y tan impulsivo fue, que antes de materializar la fundación, ya tenían el espacio para que funcionara. Arrendaron una casona antigua en la esquina de la calle República. Pero no una casa cualquiera, sino una dueña de un gran valor patrimonial ya que fue la primera municipalidad de Limache. Contrataron arreglarla y adaptarla. Durante tres meses la pintaron, decoraron y restauraron el mobiliario que se fueron consiguiendo de a poco. “Literalmente nos lanzamos a la piscina”, cuenta, con una sonrisa.

¿Y cuál es el balance a un año de vida?
Hemos logrado sobrevivir, el proceso ha sido lindo y ha implicado pasar de la ilusión a la realidad. Ha sido una suerte de desafío personal el entender que la fuerza de este proyecto no puede estar en el otro, sino que el otro se suma en la medida que le haga sentido, en la medida que tenga la necesidad.

¿Quiénes las apoyan?
Económicamente nadie nos apoya, somos independientes y funcionamos a través de la autogestión. Pero están los amigos y los limachinos que de a poco se han ido acercando e involucrando con el proyecto. Por el momento, los fondos a los que podemos postular son limitados, la mayoría de ellos te exige antigüedad y nosotras recién llevamos un año. Este año queremos postular a los Fondart para fundaciones, que exigen un año de antigüedad.

LIBRERÍA Y COWORKING

Antes de la inauguración, las directoras comenzaron a reclutar artistas y artesanos que quisieran enseñar su oficio. No podía faltar el conocido filósofo, escritor y músico Gastón Soublette, quien fue el encargado de dictar los talleres de I Ching y Sabiduría Popular. A este se sumaron otros de cerámica, textilería, guitarra, cocina para niños, teatro, xerigrafía y costura.

“Hemos tenido otros cursos, como un ciclo de astronomía y un seminario sobre el Parque Nacional La Campana, donde vinieron distintos científicos a hablar de su importancia biológica. Y aunque era un tema más específico, tuvo una gran convocatoria. Lamentablemente no siempre es así”.

¿Te has desalentado en el proceso?
En el trabajo cultural tienes que ser bien plástico, porque puedes proponer algo y resulta otra cosa totalmente distinta. No siempre lo que uno visualiza como la necesidad del lugar es realmente una necesidad, por eso tienes que volver al eje, al objetivo principal que es el de convocar y reencontrarnos.

¿Qué se viene para este año?
Este 2016 parte con varios cambios: Gastón hará un seminario mensual de distintos temas, abriremos una librería, una cafetería y generaremos un espacio de coworking para la gente que quiera ir a trabajar en sus proyectos personales.

También queremos tener un programa más estable, con actividades extra programáticas permanentes de música, teatro, cine y workshops.

“Los lugares, para que la energía fluya, tienen que estar habitados y disponibles y el año pasado no teníamos plata para que hubiera alguien en forma permanente, entonces abríamos solo en las tardes, cuando se impartían los talleres.

Este año intentaremos una fórmula diferente que nos permita mantener el espacio siempre abierto y en movimiento. En este sentido, coincidió que un amigo se ganó un proyecto Fondart para armar una librería en la fundación. Un gran aporte si pensamos que la ciudad no cuenta con ninguna librería”.

Actualmente hay cuatro salas: una para la librería, otra está considerada para un taller permanente de artistas y las otras dos para los talleres de la fundación.

¿El proyecto más ambicioso?
Poder incorporar la plaza que colinda con la fundación y transformarla en un verdadero espacio público. Está muy abandonada, no hay basureros, no tiene riego, pero es un espacio increíble para poder sumarlo y hacer talleres abiertos por ejemplo. Actualmente lo que hacemos en ese lugar es la Feria Lumbre, los últimos sábados de cada mes, donde convocamos a productores y artesanos locales.

¿El mayor desafío?
Poder generar entre todos, un movimiento individual y colectivo en torno a lo poético en una sociedad que se cristaliza en lo material y el apuro.

¿Por qué es tan difícil hacer cultura en este país?
La gente hoy día no tiene tiempo, hay un nivel de cansancio increíble y muchas veces prefiere quedarse en la casa. Esa inercia y comodidad juega  en contra de cualquier espacio creativo necesario para el desarrollo cultural y espiritual.

¿Qué significa esta fundación?
Más que un sueño, es lo que yo siento que puedo aportar a la comunidad. A esta sociedad le faltan espaciosde arte, de reflexión, de expresión. Es fácil criticar, pero mi apuesta va por el lado de “hacer cosas” y estoy feliz de poder contribuir con un grano de arena

 

"Este 2016 parte con varios cambios: Gastón Soublette hará un seminario mensual de distintos temas, abriremos una librería, una cafetería y generaremos un espacio de coworking para la gente que quiera ir a trabajar en sus proyectos personales”.

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