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EDICIÓN | Marzo 2016

La colorista

Liza Marzolo
La colorista

Lo de Liza, la pasión por el dibujo, los colores y las formas, lo tuvo desde siempre. En las clases del colegio no podía evitar dibujar en las esquinas de sus cuadernos, como tampoco pudo evitar colgar el cartón de sicología y seguir adelante con lo que venía en su ADN. “Amo lo que hago”, afirma desde el campo familiar, donde pasa las tardes pintando como cada verano. Y por estos días, “lo que hace”, sus obras, se pueden ver nada menos que en la colección permanente de la embajada de Chile en París.

Por Macarena Ríos R. / fotografía Teresa Lamas G.

Las obras de Liza son inconfundibles, como el mohín de su boca cuando mira el lente de la cámara. Apostadas por toda su casa, y de todos los formatos posibles, sus pinturas hablan por sí solas. En óleo, acrílico o acuarela, el color está siempre presente, con mucho tono sobre tono, degradaciones y collages con distintos espesores. Sobre un atril descansan sus últimas creaciones hechas en papel reciclado, cuya materialidad le da un aire artesanal de perfecta imperfección. “Vivo probando nuevas técnicas”.

Aunque su talento para el dibujo y la pintura nacieron con ella, fue cuando vivía en Santo Domingo que se aventuró a tomar su primer taller con Sergio Stitchkin. Al principio pintó bodegones, uno tras otro, luego paisajes, más tarde flores. Una y otra vez, hasta que adquirió la técnica, la estructura y el ritmo. Y de ahí no paró más.

De pintar retratos y figura humana, Liza derivó hacia lo abstracto y la búsqueda del color. Paralelamente participó en el taller de Ignacio Gana, un indiscutido maestro del color. Con él aprendió a trabajar el purismo, a generar colores limpios y vibrantes.

Amante de las exposiciones, los museos y galerías, cuando viaja destina parte importante de su tiempo en visitarlos. Dice que en ellos se nutre, aprende y se inspira. “Me encanta el arte clásico, hay obras que realmente son sobrenaturales, como los frescos del Vaticano”.

A FUEGO LENTO

No le gusta que la apuren. Matea, detallista, estructurada, en sus cuadros no hay nada al azar. Dice que el proceso de creación es “de cocción lenta”, que le encanta ver sus cuadros en lugares inesperados y que se emocionó al ver los bordados de Violeta Parra — “tan auténtica, tan ella”— en La Moneda.

¿Cuál es tu temática?
Totalmente urbana.

¿Qué tipo de formato te acomoda?
Trabajo con todos, pero me gusta mucho el círculo y el apaisado.

¿Qué te inspira?
El arte islámico.

¿Cómo definirías tu pintura?
Lúdica, entretenida.

¿Qué color te identifica?
Me gustan todos, pero en estos últimos años me he inclinado por los rojos, azules, verdes y turquesas. Es sorprenderte ver como dentro de la gama de un color sus posibilidades son infinitas. Soy totalmente colorista.

¿El mejor momento para crear?
No existe, lo mío es un proceso permanente.

TALENTO DE EXPORTACIÓN

Expo Arte Rocas de Santo Domingo, Expo Bosques, Casa COR, las Bancas Pintadas que auspició la galería capitalina La Sala. Han sido varias las instancias para mostrar su talento. De las exposiciones colectivas en museos, galerías y hoteles, el 2014 Liza dio un salto y viajó a presentarse a la prestigiosa ArtBasel de Miami con un grupo de chilenas. Era la primera vez que se aventuraba con su trabajo en el extranjero, en una ciudad que exuda arte.

¿Cómo fue la experiencia de exponer afuera?
Increíble. Es una semana dedicada al arte, donde vienen más de cuatrocientas galerías de todo el mundo a ver tu trabajo. Ahí quedé seleccionada para exponer en la Subasta de Arte Latinoamericano en Guatemala que se hizo el 2015. Meses después, quedé seleccionada en un concurso llamado Inspired By para exponer en el museo Coral Gabbles de Miami.

¿Y qué vino después?
Mónaco el 2015 y París a principios de este año. A mí me representa Silpa Art Gallery, cuyas dueñas son las chilenas Sara Malinarich y Yasna Tomasevic, que viven en Miami y París respectivamente. Ellas son las responsables de que algunas de mis obras hayan viajado a un par de galerías de Europa. En París fue tan buena la puesta en escena de la exposición y la recepción por parte de la crítica y el público, que el propio Patricio Hales nos invitó a exponer en la embajada bajo el concepto de “Colección Permanente”. Ver colgados algunos de mis trabajos en ese palacio es un honor.

¿Cuál es tu artista preferido?
Los artistas asiáticos como Jacob Hashimoto y Yayoi Kusama. Su trabajo es perfecto, armónico, creativo.

¿Qué obra de arte tendrías en tu casa?
Un Matta. Me encantan los artistas que han marcado un hito en un momento determinado. Eso es lo más importante: que un artista logre desarrollar un lenguaje propio y que la gente con sólo ver un cuadro sepa de quién es.

¿Proyectos?
Este año quiero hacer una exposición individual, y me gustaría hacerla en el Congreso. Creo que sería un buen entorno. Y ahora en septiembre expondré por segundo año consecutivo en Guatemala.

¿Qué es la pintura para ti?
Mi vida. Aparte de mi familia, nada me hace más feliz en la vida que pintar.

 

"Estos últimos años me he inclinado por los rojos, azules, verdes y turquesas. Es sorprenderte ver como dentro de la gama de un color sus posibilidades son infinitas. Soy totalmente colorista”.

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