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EDICIÓN | Febrero 2016

Tras la fachada

Pablo González, arquitecto.
Tras la fachada

La línea de trabajo de Pablo está dirigida a las estructuras. Con un magíster en restauración, este arquitecto marcó precedentes en la historia de dos de las construcciones patrimoniales más importantes de la región, Humberstone y Santa Laura. Su visión de restauración busca revalorizar los sistemas de construcción ancestrales, pero visualizando los riesgos asociados e incentivando la utilización de nuevos materiales. Otro aspecto relevante de su carrera, ha sido la docencia, aptitud que le otorgó la misión de dirigir la Escuela de Arquitectura de la Universidad Arturo Prat de Iquique.

Por Soraya Valdivieso V. / Fotografías Alex Díaz D.

El terremoto de 2005 no sólo movió el piso de Tarapacá, sino que también la vida de Pablo González. En Santiago trabajaba en la Universidad de Chile y asesoraba al Consejo de Monumentos Nacionales en materias de estructuras, fue trasladado hasta Iquique con suma urgencia, para que encabezara los trabajos de restauración de las ex oficinas salitreras Humberstone y Santa Laura, a quince días de ser nombradas Patrimonios de la Humanidad por la Unesco.

Con vagos recuerdos del norte, Pablo se encontró con una paisaje salvaje y lleno de sentimentalismo, entonces no sólo Humberstone y Santa Laura fueron prioridad nacional, sino que las iglesias del interior de la región fueron cobrando importancia para las entidades públicas y privadas, que vieron a las antiguas comunidades hacer los trabajos de limpieza de varias iglesias, que quedaron desmoronadas y otras que simplemente resultaron desechas.

Entre entrevistas y periplos al interior de la región, Pablo realizó su trabajo con esmero y ahínco; transcurrieron unos años que concluyeron en una exitosa restauración, no obstante, el trabajo con las ancestrales iglesias, demandó más tiempo.

Así fue que, en 2007, este santiaguino de corazón dividido entre el sur y el norte, decidió embarcarse al extremo desierto de Atacama.

¿Cuáles son los criterios de restauración desde la mirada estructural de un bien patrimonial?
Son dos los factores de equilibrio, y no tienen una regla clara o rotunda para todos los edificios. Principalmente se intenta mantener lo que era original, conservando vestigios que hablen de la espacialidad y originalidad del edificio, diferenciando elementos que son de verdad antiguos, para no engañar a nadie. Por otra parte, edificios que son de uso público ceremoniales, por ejemplo, deben tener la seguridad adecuada.

Restaurar desde la seguridad y parámetros actualizados, ¿son los lineamientos de trabajo en Europa?
En general, sí. En lo personal, debo agregar que los magísteres en restauración se dictan, en un noventa por ciento, desde la historia de la arquitectura. En mi caso, en la Politécnica de Madrid se dictaba el Magíster en Restauración desde el departamento de construcción, entonces tenía un sesgo muy especial que profundizaba en los conocimientos que yo tenía. Me tocó ver intervenciones en algunas catedrales en que el sentido estructural mejora la condición original. Ahora bien, lo que se hace en Europa atiende a un sentido común.

¿Qué tenemos como ejemplo en la región?
En Matilla, se utilizó madera de pino de Oregón y relleno, tipo de estructura -que es más propio de la época del salitre- cuando se reconstruyó y no la iglesia de costrón o masa que se había caído. Y eso es lo razonable. Porque ninguna mala experiencia se debe repetir, menos si arriesgamos la vida de cientos de personas.

El trabajo de Pablo se extendió a varias intervenciones y observaciones, como en la iglesia de Tarapacá, Parca, Iquiuca, Macaya y Camiña. De esta última fue muy poco lo que quedó en pie. “En algún momento la comunidad limpió el terreno, pero quedó como una mesa de billar, prácticamente se debía realizar la iglesia desde sus cimientos. Ese trabajo duró cinco años. En las otras comunidades los pobladores se organizaron de forma independiente reunieron sus propios recursos y realizaron los trabajos”, explica.

¿Desde el punto de vista ritual, qué simbolizan
las iglesias?

La preocupación atendió a un factor de identidad, me tocó escuchar a personas que decían “partan por la iglesia, después mi casa”, pues entendían que en el poblado el principal elemento identitario es la iglesia, incluso superior al bien privado y eso es una cosa muy especial, muy romántica.

Misión circular

Cuando Pablo pisó tierras iquiqueñas, lo primero que hizo fue recorrer el interior de la región, su experiencia en años anteriores al sur de Chile, en Chiloé, lo hicieron dar cuenta de varias similitudes que reviven la historia de la arquitectura.

Hace una analogía con Chiloé: “si tú miras esta ciudad al sur del mundo, el verde prima por sobre el agua que separa todo el resto de las cosas, aquí es el desierto el que separa todos los enclaves chiquititos (pueblos), entonces la arena se vuelve el mar, que da una condición como de islitas, donde se debe transitar varios kilómetros para llegar de un pueblo a otro”. Otro fenómeno que explica Pablo —y agrega que son motivo de la declaratoria de la Humanidad de las iglesias de Chiloé— ocurrió cuando los jesuitas llegaron y se encontraron con una realidad muy diferente a la que habían visto en Paraguay y Bolivia, donde juntaron a los indígenas en sectores para enseñarles a leer o tocar instrumentos. Cuando se dieron cuenta de que no podían sacar a la gente de las islas porque este era el terruño propio, hicieron una misión circular; en bote fueron bautizando, confesando, impartiendo sacramento, casando y registrando las defunciones, daban la vuelta por todo el archipiélago. Por eso las iglesias de Chiloé están cerca de los lugares de desembarco y por eso son tan grandes. En las quebradas, las iglesias tienen un tamaño que evidentemente excede la población local, pues son para fiestas, para recibir gente, también tienen esto en común”.

¿Qué crítica constructiva le harías al resguardo del patrimonio nacional?
La falta oportuna de planificación y una propuesta hace que lo que tenemos de patrimonio se ponga en riesgo e, incluso, se pierda. En Sipiza, por ejemplo, hoy encuentras metalcon, vulcanita, tejas de zinc, materiales que en lugar de contribuir a mantener la identidad, empiezan a ponerla en riesgo, cambian la fisonomía, la expresión del poblado y se pierde la identidad. Algunas intervenciones del Estado minimizan las intromisiones y han terminado desvalorizando la fisonomía del poblado. No hay una noción clara ni unificada de patrimonio, falta educación.

¿Hay algún sistema de construcción longevo que haya llamado tu atención?
El adobe si bien es inseguro en movimientos telúricos, es un sistema de construcción recuperativo; se han hecho una serie de estudios en la zona central, que permiten mejorar su comportamiento cuando no queda otra alternativa. La quincha es otro tipo de construcción compuesta por ramas amarradas entre sí, a veces sujetas entre dos elementos de madera, bambú o de caña, que llevan barro encima, es lo más primitivo, pero tiene una resistencia apreciable. Como no es tan pesada, sufre menos con terremotos y lo que hace, igual que los perros mojados, es sacudirse y botar el barro. Entonces, tú recoges el barro lo mezclas con agua y vuelves a reparar la estructura. A parte de esos, hay una serie de otros sistemas vernáculos.

¿Qué rescatarías de estos sistemas para el futuro?
En la época del salitre se manejaba el confort térmico de manera natural, y esto puede, incluso, colaborar contra el cambio climático. En las viviendas se utilizaba la tabiquería de madera y el “concreto pampino”, este último no cumplía función estructural, sino térmica, se demoraban en calentarse durante el día y tardaba en enfriarse durante la noche, propicio para las temperaturas de este norte extremo. En tanto, en la industria —y esto es algo evidente cuando visitas Santa Laura o Humberstone—, en la zona de máquinas, se experimenta una sensación reconfortante, excelente para laborar; sombra y ventilación conformados por un cubo de aire y ventilación cruzada, sencillo y eficiente, que hacen innecesario el aire acondicionado.

¿Qué orientación le darías al desarrollo urbano de Iquique?
Lo principal es saber cuál es la ciudad que tú quieres. Recuerdo a un profesor de la Universidad de Chile, Alberto Santori, que decía “el error que cometen las personas es que hacen reglamentos para hacer la ciudad, lo que hay que hacer es diseñar la ciudad y con el diseño consensuado, elaborar un reglamento para que los privados y los distintos entes construyan esa ciudad”. Tiene sentido, no se puede pretender que un reglamento de tipo legal sea los parámetros para construir una ciudad, es improbable que así obtengamos una ciudad satisfactoria.

Y por último, ¿qué espíritu tiene la Escuela de Arquitectura de la UNAP?
Esta es una escuela pequeña con características de laboratorio, es ágil y eso es una fortaleza. En cuanto a los profesores, son un tipo de legión extranjera, pues hay de la UCN, de la Chile, de Valparaíso, de la Santa María, de la Central de Santiago y nuestra comunicación es horizontal; se ha producido algo muy especial con enfoque en un modelo pedagógico territorial. Me siento muy honrado y feliz de dirigir esta escuela.

 

"Son dos los factores de equilibrio, y no tienen una regla clara o rotunda para todos los edificios. Principalmente se intenta mantener lo que era original, conservando vestigios que hablen de la espacialidad y originalidad del edificio, diferenciando elementos que son de verdad antiguos, para no engañar a nadie".

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