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EDICIÓN | Febrero 2016

Sabella y el centenario de Osvaldo Ventura

María Canihuante Vergara
Sabella y el centenario de Osvaldo Ventura

Andrés Sabella era de grandes amigos. Uno de ellos fue Osvaldo Ventura López, nacido en Antofagasta, el 10 de febrero de 1916. En honor al centenario de su nacimiento, escribimos esta crónica.

Osvaldo Ventura fue pintor, escultor, grabador y formador de artistas. En el antejardín de su casa, en la Coviefi, había una escultura de Gabriela Mistral. Su obra pictórica es vastísima. Sus óleos y acuarelas son notables. Entre sus obras más conocidas, destacamos:
• Óleo de Juan López, retrato del primer habitante de Antofagasta. Este óleo presidió la sesión solemne en 1948, cuando se oficializó el 14 de febrero como Día de Antofagasta.
• Escultura del Chango López, ubicado en los jardines del Hotel Antofagasta. Por desgracia, fue destruida irresponsablemente.
• Escultura de Gabriela Mistral, ubicada en la esquina de las calles Carrera y Antonino Toro.
• Mural del Colegio San José, realizado en la década del sesenta.
• Escudo de Antofagasta, seleccionado el 22 de febrero de 1979.

Sabella pidió a Ventura que le hiciera una escultura, pequeña, en madera. Osvaldo era callado y se concentraba en su trabajo. En cambio Andrés, conversador impenitente, le contaba mil historias mientras el maestro trabajaba. Las sesiones duraron seis meses. Cuando la obra estaba en los retoques finales, Andrés empezó a contar una historia muy divertida. –Andrés, por favor, deja de hacerme reír, que ya estamos al final-. Y el poeta seguía, entre risa y risa, contando sus historias. –¡Ay, Andrés, mira, te volé el ojo! ¡Te dije que no me hicieras reír! ¡Tenemos que empezar de nuevo! -¡No, no, no! ¡Déjalo así nomás!-, contestó Andrés. Después de discutirlo un rato, Ventura aceptó. Pasaron cincuenta años… El poeta se enfermó y perdió el mismo ojo. Andrés, con una sonrisa pícara, siempre le decía: -Me hiciste “mal de ojo”. Por tu culpa, Osvaldo, ahora tengo sólo uno.

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Don Osvaldo fue un hombre dedicado a su arte. Las tareas domésticas eran, para él, un misterio. Al quedar sólo tomó una gran decisión: con sus pinturas y pinceles, se fue a vivir, como pensionista, al Asilo de Ancianos. En tal calidad, podía salir cuando quisiera. Un día fue a cobrar su sueldo. Al cruzar desde la Plaza Colón, vio un bus que decía IQUIQUE. Sin pensarlo dos veces, subió. Su sobrino, residente en el histórico puerto, tuvo la gran sorpresa de ver llegar a su tío Osvaldo. Al preguntarle la razón, Osvaldo contestó que consideraba innecesario vivir en el asilo, teniendo familiares en Iquique. Allí volvió a sentirse regaloneado y querido. Retomó sus pinceles. Esto me fue relatado por el propio sobrino del maestro.

Y, tal vez por una travesura del Duende, conocí en Iquique a una señora quien, al saberme oriunda de Antofagasta, me contó que ella había cuidado, hasta el último día, a un caballero de Antofagasta, que era pintor, asistiéndolo hasta su final. No podía creer lo que escuchaba: ¡había cuidado al maestro Ventura!

Ventura falleció el 14 de mayo de 1998, en Iquique. Hoy, al conmemorar el centenario del nacimiento de Osvaldo Ventura López, me sorprende la analogía: al igual que Andrés Sabella, otro artista, antofagastino, sanluisino, nacido a comienzos del siglo XX, va a morir, al puerto de Iquique, lejos de su amada Antofagasta.

Antofagasta le rinde homenaje en la “Plaza de la Cultura Osvaldo Ventura".

 

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