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EDICIÓN | Febrero 2016

Talento OCULTO

Lorena Prado, paisajista.
Talento OCULTO

Sin pretenderlo, el diseño y la decoración de jardines llegaron a la vida de Lorena, a través de señales evidentes que terminaron por convencerla que el paisajismo era lo suyo. Hoy, su labor se centra en dar vida a espacios sin sentido, evocando recuerdos a pedido de sus clientes y transformándolos en lugares mágicos.

Por Pamela Tapia S. / fotografía Patricio Salfate T.

La entrevista la realizamos en su casa. Un lugar apacible, acogedor y donde la artista ha volcado gran parte de su experiencia y pasión. Desde su espacio más íntimo nos cuenta cómo se convirtió en paisajista, cómo se fueron presentando las oportunidades y cómo supo aprovecharlas.

En su familia nadie se había dedicado a este oficio. Ella fue pionera y no porque así se lo plantease. Su gusto y pasión por la naturaleza la fueron adentrando en este mundo, lo que finalmente terminó por cautivarla.

Antes de convertirse en paisajista, Lorena estudió otras carreras. Primero Pedagogía en Historia y luego Gastronomía. Se casó, formó su familia y ejerció en el arte de la cocina. Sin embargo, otra historia le tenía deparado el destino, el cual, hoy, la mantiene feliz y motivada.

¿Por qué carreras tan distintas?
Cuando salí del colegio ingresé a la universidad, quería estudiar Historia, postulé a la Católica de Valparaíso, pero después, por cosas de inmadurez, dejé la carrera e ingresé a Gastronomía, la cual sí finalicé y ejercí. Tomé muchos cursos, pero sentía que algo me faltaba. Quería hacer algo relacionado con el arte, sentía la necesidad de explorar esa área. De repente se fue dando todo. Por eso yo digo que el paisajismo llegó a mí.

¿Cómo así?
Siempre me han gustado las plantas. Cada vez que visitaba una librería me iba directo hacia esos textos. Un día llegó a mis manos un libro del paisajista chileno Juan Grimm. Quedé deslumbrada, empecé a ver sus jardines, fui probando y explorando. Sentía que tenía talento y así me lo hacían saber. De hecho, desde aquel tiempo no he parado de crear e innovar. En la medida que iba conociendo más de Juan Grimm, me empecé a dar cuenta que lo mío iba por este lado. Hice unos cursos con un agrónomo y otros online. Finalmente tomé la decisión de estudiar esta carrera. Lo primero que hice fue el Diplomado en Diseño de Paisajismo Sustentable en la Universidad Católica.

¿Cómo hiciste el diplomado si no contabas con un título afín?
Fue pura perseverancia de mi parte. Me acerqué a la universidad, expuse mi situación, plantée mis ganas de estudiar y me dijeron ¡ningún problema! Tomé el desafío y alcancé mi primera meta: tener el certificado del diplomado en mano.

ARTE DINÁMICO

A medida que avanza la conversación, Lorena no se cansa de reiterar que las oportunidades se presentaban y ella tan solo las aprovechaba. Sin embargo, nada de ello hubiese sido posible de no haber contado con el respaldo económico y el apoyo incondicional de su familia, que se las arregló para que todo funcionara a la perfección durante su ausencia.

Lorena sabía que trabajar en paisajismo sin un título, tarde o temprano le pasaría la cuenta. Decidió seguir avanzando en sus metas para abrirse camino en el rubro. Su segundo paso: titularse como paisajista.

¿Cómo te sentías mientras estudiabas?
Este mundo que se me abrió me pareció fascinante porque tenía compañeros y profesores de muy buen nivel, yo estaba en la gloria. Imagínate, la mayoría de mis compañeros eran arquitectos, ingenieros, agrónomos, diseñadores y yo era dueña de casa.

¿Qué rescatas de dicha experiencia?
La inmensa red de apoyo que conocí y formé. Tengo contacto con diseñadores, arquitectos y paisajistas de renombre mundial. De hecho, en la Escuela de Diseño de Jardines Pampa Infinita, que fue donde hice el diplomado en Buenos Aires, fue el mismo paisajista inglés, John Brookes, quien me entregó mi título. Una vez más me di cuenta de que uno tiene que escuchar el corazón cuando hay una señal.

¿Siempre a la vanguardia?
Sí, de hecho una vez titulada hice el curso de Jardines Verticales impartido por Paisajismo Urbano, también en Buenos Aires. Esta tendencia aún no se potencia en la región, así que ahí hay un nicho a explorar. Creo que el paisajismo es dinámico, lo que me obliga a estar constantemente aprendiendo y estudiando. Me retroalimento mucho de textos y revistas de paisajistas internacionales, de la experiencia de mis pares, de material de Internet y de mis propios clientes. Actualmente, estoy perfeccionando mi inglés, porque mi próximo desafío será ir a Europa a estudiar.

ETAPAS DEL PROYECTO

Para la artista, el paisajismo es sinónimo de creación y de arte, donde se conjugan la botánica, el diseño, la arquitectura, el cálculo, el clima y un sinfín de disciplinas y conocimientos que convergen en un solo proyecto o producto final.

Sus estudios iniciales estuvieron orientados a los espacios públicos, a los cuales, opina, no se les ha dado mucha importancia. Desde su mirada, son pocas las plazas y parques que invitan a visitarlos. Es un tema que le gusta, pero que no ha incursionado del todo. Por el contrario, en las casas particulares es donde ha volcado su máxima experiencia.

De la mano con sus estudios, se inicia la trayectoria profesional de Lorena. Mientras cursaba su diplomado se hace cargo del diseño, ejecución, paisajismo y forestación del proyecto de ampliación de la Aduana Terrestre en Los Andes, ciudad que la vio nacer.

¿Cuál fue el sello en ese proyecto?
Fue un trabajo maravilloso, en el que desarrollé todas las etapas, en el que se intervino una superficie del orden de los veinte mil metros cuadrados. Se forestó con árboles nativos, hicimos contención de taludes con cubre suelos. Para mí fue muy importante.

¿Una vez titulada hay más oportunidades?
Después de mis estudios en Argentina, se me presentó la oportunidad de hacer varios trabajos en casas particulares y en constructoras. Realicé la ejecución de riego y paisajismo en el proyecto Costa Laguna en Antofagasta y un trabajo similar en el proyecto Altos del Limarí, en Ovalle.

¿Cómo realizas tu trabajo?
El paisajismo es un proceso, son varias etapas. Yo hago diseño y ejecución. Primero me reúno con el cliente, lo entrevisto y veo qué es lo que desea, en base a eso voy haciendo el diseño. Después voy a terreno, realizo el levantamiento, saco fotos, mido y cuando ya tengo algo más concreto entrego un anteproyecto al cliente. Siempre hay una retroalimentación, porque finalmente es él quien va a disfrutar del jardín. Enseguida, como no es llegar y plantar, se realiza a escala, un plano de plantación. Todo se hace en proporción al tamaño de la casa, por ejemplo, trabajar los macizos, la zona de juegos, zona de pastos, el quincho, etc.

¿Cuál es el valor agregado de tu trabajo?
Por una parte, el contar con estudios de calidad, y el estar a la vanguardia y, por otro lado, siempre ofrezco la alternativa de que el cliente vea de antemano cómo quedará su proyecto.

 

"Todo se hace en proporción al tamaño de la casa, por ejemplo, trabajar los macizos, la zona de juegos, zona de pastos, el quincho, etc.”.

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